La Gaceta Jurídica

Comportamiento ético con relación a las fuentes de información

El Señor Justicia

La Gaceta Jurídica / Carlos Conde Calle

00:00 / 13 de septiembre de 2013

Partamos de los hechos. El periodista es un ser humano, la fuente también lo es. Entre ellos se traba una relación humana (donde también existen intereses particulares). Hay sentimientos, a veces fuente y periodista llegan a ser muy  amigos; otras veces, se establecen vínculos de antipatía. En otros caso trazan la simple amistad y terminan por establecer una relación amorosa (¡llegan incluso al  matrimonio!).

Aquí se plantea un sinfín de dilemas que, desde el campo ético, debemos encarar y resolver. Últimamente, hemos observado que  periodistas enamoran con importantes autoridades políticas; otras se casan con la autoridad política. Es malo. Podemos afirmar categóricamente que cuando se presentan estos hechos se compromete la noticia, el  tratamiento objetivo e imparcial de la misma.

Eugene Goodwin, en su libro Por un periodismo  independiente, cómo defender la ética, dice: “la amistad entre un reportero y  una fuente de noticias no tiene que llegar tan lejos (...) antes de convertirse en un  riesgo problemático, especialmente, para el periodista”. Reporteros que entablan  amistades con sus fuentes, que comparten social y profesionalmente con ellos, PUEDEN CAER FÁCILMENTE EN LA SEDUCCIÓN DE FAVORITISMO.

A veces el periodista no se da cuenta; en ciertos momentos hasta se convierte en el  asesor comunicacional de la fuente. Si el periodista es muy amigo de la fuente compromete su credibilidad. Como dice Bruce Swain, nos plantea un dilema ético. ¿Qué hago si mi amigo diputado está involucrado en un escándalo? ¿Informar sin más? ¿Puedo ser leal con el amigo? La respuesta es difícil, en la medida en que la decisión es personal.

Lo recomendable sería que el periodista o la periodista cuente la verdad a su jefe de prensa. El periodista podría pedir que le cambien de fuente. Otra opción sería que continúe en la fuente (donde el amigo es diputado), pero que no informe  absolutamente nada de lo que su amigo –léase fuente– produzca.

Sucede que esa relación podría profundizarse. La  periodista podría aceptar sostener una relación de enamoramiento, con el  diputado o concejal. La periodista podría pretender favorecer a su fuente (novio o enamorado). Si los titulares de la información –televidente, lector o radioescucha– saben de esta relación, verán con mucho recelo las notas presentadas por la periodista.

Es muy fácil escribir esta columna, pero lo difícil es estar en las faldas y pantalones del periodista. ¿Qué hacer? Lo recomendable sería terminar esa relación amorosa; si a pesar de todo desea mantener el vínculo amoroso, tendría que pedir el cambio de fuente. El consejo general es que la relación con la fuente no debe ser muy intima. El perjudicado y la perjudicada de esta relación es el o la periodista. Y ¿si a pesar de todo, la periodista ha decidido casarse con la fuente? Mucho más difícil.

Si la fuente es un diputado o ministro de Estado, ¿la periodista tiene un gran dilema ético? ¿Qué hacer? Unos le dirán que está involucrada con el gobierno y que, por tanto, el tratamiento de las noticias deja de ser objetivo e imparcial.¡Qué difícil!

Algunos aconsejan que el periodista debe dejar el medio de comunicación. Otros le dirán que permanezca en la fuente. ¿Continuará siendo creíble?

Tal vez debería cambiar de fuente. Confieso que para el columnista es una respuesta muy difícil. Por fortuna, NO HAY NORMA JURÍDICA QUE OBLIGUE A DEJAR EL MEDIO. ¡Uff! Son solo normas éticas.

Lo maravilloso para periodistas, cuando advierten que tienen mucho poder; las notas que manejan son muy sesgadas. Sienten la tentación de erigirse en jueces de sus fuentes. De acuerdo a Goodwin, la fuente podría convertirse en un enemigo o persona que le genera antipatías. Esto es que el periodista, sabedor de su poder, deliberadamente busca dañar a su fuente, porque lo tiene como a  enemigo; v. gr, que la enemistad haya empezado antes de que sea periodista (¡esta es mi oportunidad!).

Si la fuente es mi enemigo o enemiga y soy presentador de noticias, podría ocurrir que lance amenazas contra ella. Es frecuente ver en la televisión que periodistas –¿o talvez no lo son?– se dirigen a  terceros, con tono amenazador. Aquí pueden presentarse muchos casos; v. gr, que un entrevistado no se haya presentado en el set de televisión para participar de un debate, el periodista lo insulta, coloca un asiento vacío. El periodista se deja llevar por sus emociones; lo que es incorrecto. Al final, el set de  televisión no es un tribunal ordinario ¡es solo un set!

De todo esto colegimos que no podemos tener de enemigas a nuestras fuentes. Ellas no tienen la ventaja que nosotros, la de escribir, hablar y salir en las pantallas todos los días; si la fuente quisiera aparecer diariamente tendría que comprar un espacio. La fuente merece todo el respeto que podamos brindarle; similar respeto nos merecemos también nosotros.

Si somos ofendidos, injuriados y maltratados por la fuente, debemos reportarlo a nuestro jefe de prensa. Que sea él quien presente la queja respectiva a la fuente. Pero, por nada del mundo debemos declararle la guerra a las fuentes. No debemos abusar de nuestro poder.

Si el maltrato alcanza niveles que lindan en el delito y, en segundo lugar, si la fuente ataca en lo personal, mejor será acudir a los órganos jurisdiccionales. Mientras se ventile el hecho en estrados judiciales, el periodista ofendido no debe utilizar el medio de comunicación donde trabaja y atacar a la fuente con la que sostiene el pleito.

En el tema de manejo de fuentes, si debe o no ser citada, debe o no revelarse la identidad de la fuente; a veces ocurre que las fuentes no existen, han sido inventadas. Es otro problema ético que debe abordarse con responsabilidad.

Lo primero que debemos hacer es que, por definición, siempre debe citarse la fuente, para una mayor fiabilidad de la noticia. El Código de Ética de la Asociación de Periodistas de La Paz dice: “estar al servicio de la verdad, LA JUSTICIA (...). “Establecer la veracidad de las información antes de su difusión, IDENTIFICANDO CLARAMENTE aquellas que no estuvieren confirmadas” (sic). Las Normas básicas para los servicios informativos de la Agencia EFE, sentencian: “6.1. Una información debe atribuirse SIEMPRE A LA FUENTE DE DONDE PROCEDA, IDENTIFICADA CON LA MAYOR PRECISIÓN POSIBLE. LA IDENTIFICACIÓN DE LA FUENTE CONTRIBUYE A DETERMINAR LA AUTORIDAD Y CREDIBILIDAD DE LA INFORMACIÓN”.

Lo que observamos en la presa plana, mal llamada escrita, siempre se cita a la fuente; eso es correcto, inclusive nombre y apellidos de o la periodista que consigue la nota. Pues bien, debemos subrayar que no es lo mismo REVELAR la fuente. Este caso se presenta cuando el periodista ACORDÓ con la fuente que no será citada en las noticias. Eso es correcto.

Si el periodista ha decidido mantener en secreto la identidad de su fuente, debemos cumplir escrupulosamente el compromiso y por nada revelar esa identidad. Esto se produce, cuando la nota informativa ya fue publicada. Si en información publicada, por cualquier medio, no se DEBE REVELAR la identidad de la fuente, desde el campo ético esto se llama SECRETO PROFESIONAL.

Como escribe EFE, no vale y quedan fuera de lugar “fuentes bien informadas” o “fuentes dignas de crédito”. Lo propio, si la nota que se publicará en radio, televisión o periódico proviene de una agencia de noticias, se debe citar la fuente; eso no es todo, se debe publicar tal cual, inclusive el titular que le asignó la agencia (normalmente, los medios suelen cambiar el titular y eso no es recomendable).

Como cierre, insistimos en un axioma: la ética es personal y no coercible; en cambio el Derecho es externo y coercible. Aquí nos hemos alejado completamente del Derecho para aterrizar íntegramente en la Ética.

Es experto en Derecho de la Información.

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