La Gaceta Jurídica

La Criminalística desde el punto de vista de las biotecnologías

(Parte II)

Foto: bircland.blogspot.com

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La Gaceta Jurídica / Eduardo Vacirca

00:00 / 12 de octubre de 2012

Huesos

Seis décadas más tarde, el geólogo Alexander Avdonin y el escritor y cineasta Gely Ryabov, previo investigaciones, se pusieron a cavar en un lugar específico en las afueras de Ekaterimburgo. Después de una investigación y gracias el hallazgo de un informe secreto redactado por Yurovsky, localizaron el lugar donde se suponía que yacían los restos de los Romanov.

Habían cavado poco más de medio metro cuando encontraron los esqueletos. Los fotografiaron y volvieron a enterrar; era el 30 de mayo de 1979. Diez años más tarde, y contra los deseos de Avdonin, Ryabov hizo público el descubrimiento sin revelar el lugar exacto de la fosa.

En julio de 1991 el presidente Boris Yeltsin autorizó una investigación oficial. Cerca de mil fragmentos de huesos fueron recuperados de la fosa común. Los expertos rusos recompusieron el rompecabezas óseo y estimaron la edad y el sexo de cada individuo. Se trataba de nueve personas, tres niñas y seis adultos (dos mujeres, cuatro varones).

Los cráneos presentaban señales de violencia, agujeros de bala, marcas de armas blancas. Algunas de las dentaduras tenían arreglos de oro, platino o porcelana, indicio de que sus poseedores habían pertenecido a la aristocracia. Los rostros estaban tan destrozados que no se pudo hacer una reconstrucción facial.

Tras un cuidadoso análisis, los expertos rusos anunciaron que los restos pertenecían al zar Nicolás, la zarina Alejandra, tres de sus hijas (posiblemente Olga, Tatiana y Anastasia), el médico Eugenio Botkin, el ayudante de cámara Alejandro Trupp, el cocinero Iván Jaritonov y su hermana María (más tarde se demostró que la niña faltante era Anastasia).

Los expertos rusos habían realizado un buen trabajo, pero la evidencia reunida no era definitiva. Se necesitaba pruebas que no dejaran dudas sobre la identidad de los restos. La academia de ciencias de Rusia decidió solicitar ayuda al servicio británico de ciencias forenses.

El 15 de septiembre de 1992, el genetista ruso Pavel Ivanov voló a Inglaterra llevando consigo muestras de los restos encontrados en la fosa de Ekaterimburgo. Para recibirlos, la BBC envió al aeropuerto un coche fúnebre (el encargado de la recepción contó luego que le había parecido inadecuado transportar a la familia imperial rusa en el portaequipaje).

Bajo la supervisión de Peter Gill, el equipo inglés estudio los cromosomas sexuales para verificar los sexos de los integrantes del grupo. Los resultados confirmaron las conclusiones basadas en el examen físico. Eran cinco mujeres y cuatro varones.

El siguiente paso fue estudiar unas secuencias específicas del ADN nuclear llamadas repeticiones cortas en Tandem. El resultado fue concluyente, las tres niñas eran hijas de los adultos encontrados en la fosa y no había parentesco alguno entre estas cinco personas y los otros cuatro adultos.

Anastasia

En febrero de 1919 una muchacha fue rescatada de un canal berlinés e internada en un hospital psiquiátrico. Como se negó a identificarse, la inscribieron con el nombre de Fraulien Unbekannt (en alemán, “señora desconocida”).

Influida por la lectura de una nota periodística sobre el incierto destino de algunos miembros de la familia imperial, una de las internadas se empecinó en que la mujer rescatada de las aguas era la duquesa Tatiana Romanov, pero, un careo con una ex doncella de la zarina Alejandra bastó para descartar esa posibilidad.

Apenas vio a la internada, la ex doncella exclamó que Tatiana era más alta que esa mujer. Para sorpresa de todos, la desconocida respondió que no era Tatiana, ella era Anastasia.

En las décadas siguientes, la mujer que sería conocida como Anna Anderson (nombre que adoptó en Estados Unidos para evitar el acoso periodístico) enfrentó numerosas acusaciones de impostora. Pero así como ella no podía ofrecer ninguna prueba acerca de su identidad, nadie pudo demostrar tampoco que ella no era quien afirmaba ser.

En 1979, Anderson fue sometida a una intervención quirúrgica. En esa ocasión le extrajeron un fragmento de intestino que fue conservado en parafina. Años más tarde, ese fragmento proporcionaría el ADN que puso fin a la discusión acerca de su identidad. Pero hasta su muerte en 1984 en Estados Unidos nadie pudo demostrar en forma fehaciente si era o no Anastasia.

En 1920, un detective contratado por el gran duque de Hesse, abuelo materno de Anastasia, averiguó que el verdadero nombre de la mujer que se hacía llamar Anna Anderson era Franzisca Schanzkowska, una mujer nacida a fines del siglo xix en Pomerania (norte de Alemania).

Durante la Primera Guerra Mundial, Schanzkowsca trabajó en una fábrica de municiones en Berlín. Su rastro se pierde más o menos en la misma época en que Anna Anderson fue internada en el Hospital Psiquiátrico.

A mediados de la década de 1990 un grupo de investigadores británicos y estadounidenses comparó el adn del zar Nicolás, de su esposa, del duque de Edimburgo, de Carl Maucher (descendiente por línea materna de Franzisca Schanzkowska) y de Anna Anderson.

No quedó ninguna duda, Anderson y Schanzkowska eran la misma persona y no había ninguna relación entre ella y la familia imperial.

Nota de color

Se ha tejido románticas historias acerca del posible destino de Anastasia Romanov. Puede que alguna de ellas se aproxime a la verdad, pero no hay que olvidar el informe que señala que dos de las personas fusiladas en el sótano de la casa Ipatiev fueron incineradas fuera de la fosa común.

En 1956, el cineasta ruso Anatole Litvak dirigió la película Anastasia, donde Ingrid Bergman interpreta a una refugiada amnésica a quien Yul Brinner elige para asumir la personalidad de la duquesa desaparecida. El final es feliz, la refugiada resulta ser la verdadera Anastasia y es reconocida por su abuela paterna. Bergman ganó un Oscar por la interpretación, Anderson recibió una compensación económica por ser, de algún modo, parte de la historia.

Pregunta

Si ese documento es veraz, ni Anastasia ni su hermano Alejandro habrían podido escapar de la masacre que exterminó a los Romanov. Habrá que ver la veracidad y originalidad del documento.

El homicida serial

Este tipo de homicida serial llevará a cabo por lo menos tres acciones diferentes con intervalos fríos, pudiendo producir en cada uno de ellos más de un homicidio.

El criminal de este tipo tiene una especie de comportamiento y un ritual característicos que mantiene inalterados en la secuencia de los homicidios que perpetra; según estos comportamientos divididos en categorías y comparando características de episodios similares, “modus operandi”, se elabora un perfil psicológico que configura la base por la cual los investigadores comienzan su pesquisa.

Caso Luis Alfredo Garavito Cubillos, alias Goofy (Colombia, 1999)

“Es uno de los criminales más peligrosos del mundo”, dijo el fiscal, refiriéndose a la historia del asesino que estremeció a Colombia por casi una década. El 31 de octubre de 1999 fue acusado de la muerte de 135 niños, de entre ocho y 16 años de edad, fue detenido en abril de ese año a 90 kilómetros de Bogotá. Garavito Cubillos tenía en ese momento 45 años. La acusación fue “violación de menores, secuestro y homicidio agravado”.

Haciéndose pasar por maestro de escuela, dado que su semblante, postura y rictus y comportamiento daban para el personaje, convencía a las víctimas para ayudarlos en las tareas escolares y los sometía a sus bajos instintos, los ultimó luego de vejarlos y violarlos. Hay una particularidad, tenía debilidad por los niños con nombre Andrés, 24 de sus víctimas llevaban ese nombre.

La primera de las ciudades donde fue identificado fue Tunja, en 1996, así se elaboró un identi-kit, pero mutaba constantemente de disfraz y fisonomía para no ser descubierto.

Finalmente, a mediados de 1998 Goofy fue detectado en su pueblo natal Génova, luego de los homicidios de dos menores de nombres Andrés A. y Noé G. A dos meses de ese episodio, en una zona periférica a Villavicencio, en ocasión de generarse un problema cuando apareció la madre de un niño al cual Garavito Cubillos pretendía llevarse, fue capturado y, con las investigaciones previas, coincidencias con hechos conexos, pericias de adn (por primera utilizadas en Colombia para esclarecer un caso penal) se acorraló al criminal.

Como corolario del juicio, Garavito recibió una pena de 60 años de prisión, pena máxima en el Código Penal colombiano; éste admitió su culpabilidad. Llevaba un registro minucioso y detallado de los homicidios cometidos. El 27 de mayo de 2000, el diario La Nación refiere: “Bogotá (Agencia efe). El psicópata colombiano Luis Alfredo Garavito Cubillos (a) Goofy, el mayor asesino en serie del mundo, fue condenado a 835 años de prisión…”, pues en Colombia se permite, igual que en Estados Unidos y España, la suma de las condenas.

El Goofy confesó por televisión abierta colombiana que había secuestrado, vejado, violado y matado a 135 niños.

Homicidas sexuales

Son individuos que, no pudiendo lograr la satisfacción sexual por medios normales y teniendo algún tipo de alteración de las funciones psíquicas, recurren a prácticas como el incesto, violación, pedofilia, sadismo, masoquismo y homosexualidad para satisfacer impulsos desenfrenados y, para ocultar o borrar su culpa, matan a la víctima.

Jack el Destripador (Jack The Ripper), ¿caso cerrado?

Una escritora estadounidense, Patricia Cornwell, cree haber hallado la secuencia de adn de “Jack The Ripper”, quien sería un artista británico.

Cornwell, en su libro “Retrato de un Asesino: Jack el Destripador: Caso Cerrado” (Ediciones B, Barcelona, 2002) escribió que el adn de “Jack” se correspondería con el de Walter Richard Sickert, un artista impresionista del siglo xix, discípulo del estadounidense James Whistler (1834-1903).

La teoría de la escritora se sustenta en pruebas técnicas de adn, que, junto con otros elementos interesantes en relación a la vida y obra de Sickert, podrían demostrar tal afirmación; a continuación enumeraremos los indicios:

a)    Sus obras pictóricas muestran mórbidas escenas sangrientas, donde las víctimas son mujeres, especialmente los cuadros Jack Ashore, Putana a casa y El asesinato de Candem Town.

b)    Empleó prostitutas como modelos.

c)     Resultaría ser extremadamente impotente.

d) Sufría una dolencia consistente en una fístula (conducto anormal, ulcerado y estrecho que se abre en la piel) en su pene, que lo invalidaba sexualmente.

e)     La carta atribuida a “Jack The Ripper” y enviada al doctor Thomas H. Openshaw se habría escrito en Manchaster, el 22-11-1888, y tenía la misma filigrana o marca de agua comercial que la utilizada en la correspondencia personal de Sickert y su esposa Ellen después de su matrimonio, ocurrido tres días antes del envío postal.

f)     En su juventud, su nombre artístico fue “Mister Nemo”; hay cinco cartas de “Jack” firmadas como Nemo.

g)     Era atractivo, seductor y manipulador en su trato con las mujeres (personalidad psicopática).

Sickert nació en Munich en 1860, pero obtuvo la ciudadanía Británica y comenzó sus primeros trabajos en los años de 1880. Falleció en 1942, su cadáver fue cremado y no existen muestras para confrontación de adn de su cuerpo, excepto las que pudieron lograrse a partir de fluidos orgánicos presentes en algunas gomas de sus cartas y sellos postales. Estas muestras fueron comparadas con el adn atribuido a “Jack The Ripper”, obtenido igualmente de los restos de fluidos de la esquela que recibió Openshaw.

La escritora afirma que de las 55 muestras estudiadas por el Bode Technology Group, en Virginia, Estados Unidos; dos tenían la secuencia del adn de una persona, una secuencia pertenecía al pintor James Whishler y la otra a quien dejó su adn en el sello de la carta atribuida al criminal.

La secuencia de Whishler no tiene nada en común con cualquiera de las cartas de “Jack The Ripper” o con ningún objeto estudiado que no le fuera propio. Pero la otra secuencia se encuentra en cinco oportunidades, en el sello postal del sobre enviado a Openshaw; en un sobre de Ellen Sickert, que podría haber sido tocado o cerrado por su marido; en un sobre de una carta de Walter R. Sickert; en la goma del sello postal de un sobre de Sickert, y en el sobre atribuido a “Jack The Ripper”, con una mancha positiva al ser identificada como sangre.

En contraposición a la investigación de Cornwell, el especialista Stephen Ryder indica, refutando a la escritora, que la carta enviada a Openshaw proporcionó secuencias similares de adn y filigranas semejantes a las encontradas en la correspondencia de Sickert. Esta carta no ha sido considerada genuina de Jack The Ripper por los especialistas, además, el adn y la filigrana del papel de Walter Sickert sólo indicaría que sería uno de los autores de cartas apócrifas sobre el homicida.

En cuanto a los resultados de adn, Ryder dice: “…no indican que Walter Sickert era el autor de esas cartas de Jack. Indican solamente que la persona que dejó el adn en la correspondencia de Sickert no puede ser eliminada del porcentaje de la población británica que habría podido proporcionar una secuencia de adn”, y agrega, “…el genuino adn de Walter Sickert no existe, ya que lo incineraron después de su muerte.

Cornwell asevera en su investigación que Sickert era impotente y que no tenía hijos, dado que en su pene tenía una fístula que le impedía tener relaciones sexuales normales y que esto conllevaría a su odio visceral contra las mujeres. Ryder, refuta esa aseveración diciendo que hay evidencias abundantes de que Sickert era un hombre viril, que engendró, posiblemente, a varios hijos ilegítimos; pero no hay nada probado de eso hasta ahora, dado que con su mujer no tuvo hijos y no se reconoce que hayan aparecido hijos extramatrimoniales.

Aunque sí es cierto lo de la fístula, dice Ryder, no está claro que haya sido en el pene. Puesto que se sabe que donde fue intervenido quirúrgicamente es una reconocida clínica de especialidad médica en ano, recto y vagina, y no hay certidumbre en los archivos de que se hayan practicado intervenciones en órganos masculinos.

De igual modo, Ryder sostiene que hay varias fuentes independientes que indican que Walter Sickert se encontraba en Francia entre agosto y octubre de 1888. Pero tampoco hay nada fehacien- temente comprobado.

Para Ryder, los resultados a los que llega Cornwell no constituyen suficiente convicción para considerar que el caso se encuentre totalmente esclarecido. La pregunta está abierta: ¿Walter R. Sickert, el pintor, es o no es Jack The Ripper?

El ADN como prueba de filiación

En principio, tengamos en cuenta el criterio general, la identificación o filiación de personas exige la determinación de caracteres constantes, correspondientes a cada individuo, sea que esté vivo o muerto.

Con la colaboración de científicos, resulta posible demostrar que un niño procede de determinada familia con una certeza del 99,99998% (índice de paternidad, abuelidad o familiaridad) en base a muy específicos análisis de sangre que se realizan a los padres, abuelos, o a tíos.

Los estudios hematológicos consisten en la averiguación de los marcadores genéticos a través de las pruebas de grupos sanguíneos, hla o histocompatibilidad, proteínas séricas y enzimas séricas, además de adn Mitocondrial y adn Nuclear.

El resultado de dichos exámenes constituye una prueba concluyente de determinación tanto de identidad como de filiación. Este sirve como medio de prueba fehaciente de que un individuo pertenece a una familia determinada, pudiendo esgrimir, por intermedio de la justicia, su grado de pertenencia a ésta.

Trabajo producido para la Cátedra de Regulación Jurídica de las Biotecnologías, Universidad de Buenos Aires, noviembre 30, 2005.

Tomado de: monografías.com

Espere…

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