La Gaceta Jurídica

El “estado” del Estado

…se ha tratado de identificar culpables en todas partes cuando los responsables estaban a nuestro lado. También se ha tratado de encontrar toda clase de pretextos e, inclusive, alegar “ignorancia de la Ley”, a sabiendas de que este extremo nunca es admisible.

La Razón (Edición Impresa) / Gabriel Peláez G.*

00:00 / 24 de enero de 2016

Queremos tomar como referencia para este trabajo el reciente informe a la unión expresado por el presidente de Es- tados Unidos, Barack Obama. Lo hacemos porque pensamos que este discuros nos deja varias lecciones que sería bueno no tanto aprenderlas, sino, al menos, tenerlas en cuenta para futuras y similares actuaciones.

Lo decimos no obstante el enfriamiento notorio de nuestras relaciones con el país del norte. Además pensamos que existe, sobre todo de parte de los más altos personeros del actual Gobierno, una abierta animadversión a todo lo que pueda representar Estados Unidos en el concierto internacional.

Poco menos, aquel país es visto como el que encabeza el imperio del mal en el mundo. Ésta es, sin duda, una postura extrema, pero es real. Solo para dar un ejemplo, hace poco se acusaba al Departamento de Estado de financiar en forma directa la campaña por el “No” para el próximo referendo.

Pero, volvamos al tema principal de este trabajo, el mensaje a la unión de parte del presidente Omaba, no obstante todos los prejuicios que pudiéramos recoger, creemos que ha subrayado algunos aspectos que resultan dignos de ser anotados.

Queremos, inicialmente y de manera general, formular una distinción con los muchos mensajes e informes, o ambas cosas, que son al mismo tiempo reiterativos en nuestro país.

En efecto, en el caso nuestro, los primeros mandatarios están acostumbrados a seguir un patrón general, a ofrecernos una larga serie de cifras, números y porcentajes (imposibles de verificar en ese momento) que acaban “mareando” al común de los ciudadanos.

Pero esto tiene un objetivo político, convencer a los más fáciles de que el país anda de maravilla. Que no se puede pedir más y que, en consecuencia, el Gobierno es un ejemplo de todas las virtudes. Se trata, por tanto, de ofrecer al ciudadano e, incluso, al de afuera del país un panorama que, si bien en muchos casos pudiera ser cierto, siempre es presentado con la mayor cantidad posible de adornos.

El panorama anterior acaba teniendo un efecto inevitable, que el ciudadano en general sospecha que una buena parte del mensaje es prefabricado, que no es todo evidente. Se crea una sospecha de antemano de que no todo es creíble.

En cambio, en un mensaje como el que hemos escuchado en días pasados la característica es otra. Cada tema que se aborda, luego de un análisis general, es examinado en detalle con ideas propias, así se plantea posturas sobre el caso defendiendo lo que viene a ser la posición del Gobierno del país (en este caso de Estados Unidos) en relación a un tema en concreto; de esta forma, uno puede predecir lo que podrá ocurrir la próxima gestión.

Nada de esto sucede –por lo general– en el caso nuestro. Nos perdemos en las muchísimas cifras y solo se nos promete mejorarlas, pero, ordinariamente, sin decirnos cómo.

Obama ha tenido algunas afirmaciones que, sin duda, nunca corresponderían a un país como el nuestro. Ha reafirmado su condición de primera potencia mundial y también ha reiterado que el suyo es un país de esperanza porque tiene motivos para creer en un futuro mejor.

O sea, el hecho de considerarse la primera potencia mundial no le quita que admita cometer errores. En nuestro país, y sobre todo en el actual Gobierno, la capacidad de autocrítica es inexistente. No solo de ahora, sino en casi todos los gobiernos y gobernantes.

Aquellos, además de exhibir ese defecto, se consideran prácticamente infalibles, que solo ellos no se equivocan y que la culpa siempre la tiene otro. Para muestra de esto, basta un botón. En el escandaloso tema del Fondo Indígena se ha tratado de identificar culpables en todas partes cuando los responsables estaban a nuestro lado. También se ha tratado de encontrar toda clase de pretextos e, inclusive, alegar “ignorancia de la Ley”, a sabiendas de que este extremo nunca es admisible.

En cuanto al terrorismo que resulta ser el nuevo flagelo del mundo, Obama destacó que los practicantes de este delito son grupos de fanáticos que obran a nombre de una de las religiones más importantes en el mundo, pero también los que él llamó “estados fallidos”. Es el caso de isis (el autodenominado Califato Islámico) e, incluso, el de Libia. En este tema, el presidente estadounidense fue enfático al señalar que su país mantendrá invariable una línea de abierto combate hasta acabar con las prácticas terroristas.

¿Podemos decir lo mismo en relación a nuestro país? No precisamente. No podemos afirmar que Bolivia es un refugio de grupos terroristas o que haya manifestado el apoyo de aquellos, pero pensamos que nuestro Gobierno debería haber sido más terminante y más explícito en su condena a esa práctica.

Nuestras relaciones exteriores, por otra parte, se han reducido a pocos temas. El de la reivindicación marítima frente a Chile es uno de ellos, amplificado a partir de la demanda ante la Corte Internacional de Justicia (cij) de La Haya. Por lo demás, nuestro Go- bierno ha exhibido posturas de apoyo incondicional a regímenes “populistas” con poco respecto a los derechos humanos (caso de Venezuela) o el mismo apoyo y unas muy fluidas relaciones de todo tipo con dictaduras (como el caso de Cuba).

Lo paradógico es que, mientras las relaciones de esa isla se acercan a Estados Unidos, las nuestras cada vez se alejan. Nos preguntamos, ¿las embajadas en los demás países, salvo los limítrofes, servirán de algo?

*    Es abogado, documentalista y analista de la constitucionalidad.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia