La Gaceta Jurídica

La Cumbre Judicial en Bolivia

Apuntes para el evento

Heber Pinto Dávalos

00:00 / 21 de abril de 2015

ace algunas semanas, el presidente Evo Morales Ayma ha propuesto realizar una cumbre judicial como una medida destinada a encontrar soluciones al terrible problema de la crisis del Órgano Judicial, convocando para tal fin no solo a los actores involucrados en el tema, sino también a la misma sociedad civil, en una suerte de conclave destinado a salvar la imagen de la justicia boliviana.

Al respecto, parecería que el gran problema de Bolivia se concentra solo en el Órgano Judicial, pero tal vez estemos ante el error de tomar el síntoma por la enfermedad, ya que gran parte del problema radica en la inconformidad de una parte sustancial de los bolivianos con el Estado, en el que se dan cita en calidad de ciudadanos.

No creen en él. No perciben a sus gobernantes como servidores públicos elegidos para beneficio de la sociedad. Sospechan que sus leyes son injustas y que sus jueces sentencian sin equidad, si es que alguna vez se logra mover la pesada maquinaria legal. Dan por sentada la corrupción de los políticos y de las burocracias oficiales, los más inescrupulosos, incluso, se sirven de ella para engrasar sus negocios.

Y aunque los bolivianos suelen sancionar las constituciones en referéndums, lo hacen de una manera mecánica. Pura liturgia en la que no entran las convicciones más íntimas.

De ahí la débil fidelidad popular a las instituciones públicas, el vínculo ético fuerte y el sistema de obligaciones morales reciprocas se establece con la familia, con el círculo de amigos y con quienes se realiza transacciones privadas, pero no con el Estado.

El Estado, por el contrario, resulta un ente distante, casi siempre hostil, ineficiente e injusto. Eso explica, por ejemplo, el terrible y recurrente fenómeno del linchamiento, donde la sociedad civil asume la justicia por mano propia, justamente porque el Estado, ese Estado Plurinacional que se reclama como “integral”, no logra condensar, representar, menos satisfacer las demandas de la sociedad civil, hecho que se refuerza con las mismas declaraciones del presidente Morales cuando expresa “que no trabajará con la oposición”.

Ahora bien, retomando el tema de la Cumbre Judicial, cabe apuntar que se comete un gravísimo error al convocar a los mismos actores (magistrados, vocales, jueces) que han demostrado ser afines al gobierno central y que constituyen, justamente, la parte más cruda de la crisis, mostrando falta de capacidad, idoneidad y transparencia para ejercer los cargos que se actualmente ocupan.

Por otro lado, cabe apuntar que los actores directos, por ejemplo el Ministerio de Justicia, han tenido actuaciones deficientes sino irrelevantes, sin capacidad alguna de transformar posi- tivamente la administración de justicia, asumiendo, más al contrario, decisiones gravosas para la población boliviana como la contenida en el cuestionado Arancel Notarial, alejado de los principios de gratuidad y acceso a la justicia, amén de la falta de iniciativa para encarar y proponer una verdadera reforma judicial.

Estos hechos nos llevan a pensar que la referida cumbre judicial no pasará de ser otro simple evento de “tarima”, como diría Walter Chávez, con mucha fanfarria pero de escasos resultados, lo cual me hace recordar un viejo adagio popular que dice: “si quieres que alguna iniciativa fracase, empieza por realizar una cumbre”.

Es abogado.

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