La Gaceta Jurídica

¿Cumbre anticorrupción?

El análisis de la cumbre trasciende si se identifica que las formas de construir y acumular capital han propendido universalmente a maneras de aprovechamiento del Estado y de la fuerza laboral de los trabajadores, modalidad político-económica que ha derivado en el consumismo, la ambición…

Editorial

00:00 / 15 de mayo de 2016

El último jueves, por convocatoria del primer ministro británico, David Cameron, presidentes y representantes de varios países del mundo y de organismos internacionales se reunieron en la “Cumbre Anticorrupción”, en Londres, capital del Reino Unido. El evento, primero de su tipo realizado luego de haberse convertido en escándalo internacional el contenido de los “papeles de Panamá”, tocó varios aspectos del problema global que afecta a las finanzas estatales de todo el mundo.

El Fondo Monetario Internacional (fmi), el Banco Mundial (bm) y la Comisión Europea aprovecharon la oportunidad para hacer un llamado a las autoridades tributarias de los países para que exista mayor colaboración entre ellas para conocer los nombres de los beneficiarios de las compañías offshore instaladas en paraísos fiscales. Asimismo, Cameron señaló que “si no sabes quién posee qué, no puedes impedir que la gente robe de los países pobres y esconda estas riquezas robadas en países ricos”. Al respecto, los medios de difusión recordaron que este primer ministro admitió el 7 de abril que durante décadas se benefició del fideicomiso de su padre incorporado en Bahamas, otro paraíso fiscal.

En todo caso, del encuentro no se obtuvo mucho en cuanto al tema de los paraísos fiscales, que, además de Panamá, son muchos en el mundo, en los cuales ahora habrá mayor cuidado para evitar filtraciones como la ocurrida. Si bien estos lugares quedaron ilesos de la crítica o algún tipo de presión internacional, cabe recalcar que, per se, la utilización de estos sistemas no constituye un crimen, sin embargo, la instalación de capitales en los paraísos fiscales puede estar ligada a delitos como el lavado de dinero; la consecución de recursos mediante fraude, corrupción, estafa, etc., o la realización de negocios ilegales, más allá de la deslealtad de no invertir en sus propios países evitando el pago de impuestos.

En realidad, lo que la cumbre de Londres ha identificado de manera adecuada es que la corrupción en los niveles estatales afecta a todos los países del mundo. En este contexto, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (fmi), Christine Lagarde, en un ensayo preparado para esa reunión, estableció que la corrupción mueve cada año entre 1,5 y 2 billones de dólares en sobornos en países pobres y ricos, esto equivale, aproximadamente, al 2 por ciento del pib global.

Según el análisis de la funcionaria, “los sobornos son apenas una parte de todas las posibles formas de corrupción”, lo que provoca un costo social muy elevado, pues “conduce al bajo crecimiento y a un aumento de la desigualdad”, lo que también deriva en la menor inversión de los gobiernos en áreas como educación y salud, además de generar desconfianza de la población hacia las autoridades y destruir los valores sociales.

El análisis de la cumbre trasciende si se identifica que las formas de construir y acumular capital han propendido universalmente a maneras de aprovechamiento del Estado y de la fuerza laboral de los trabajadores, modalidad político-económica que ha derivado en el consumismo, la ambición, la sobreexplotación de recursos naturales y de la fuerza de trabajo y en la compra de conciencias para socavar, corromper o anular intenciones y acciones de transformación en las sociedades.

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