La Gaceta Jurídica

Deberes éticos dentro del periodismo de opinión y análisis

El Señor Justicia

Carlos Conde Calle

00:00 / 18 de julio de 2014

Hasta aquí escribimos, casi siempre, sobre el manejo de la noticia, propia de todo periodista (los dilemas éticos de esta misión). Ahora queremos acometer la difícil tarea de reflexionar sobre los otros géneros, llamados de opinión (traducidos en artículos, columnas, ensayos, entrevistas, reportajes y crónicas). En el mundo occidental, fundamentalmente en los países donde la democracia se impuso, rige la división de géneros: opinativos y informativos. No ocurre lo mismo en los países socialistas, donde los medios obedecen a interés de clase.

Unos se adscribirán a esta línea ideológica, como nosotros. Nos nutrimos intelectualmente con los valores de la democracia, que no es más que la expresión de la existencia de un verdadero pluralismo; donde se respeta la opinión disidente y conviven, en un marco de tolerancia, los contrarios. Pero, donde hay libertad de expresión (que supone responsabilidad), para nosotros es clave aceptar la división de los géneros opinativos e informativos. Por fortuna, los medios escritos respetan escrupulosamente esta división. No sucede lo mismo en la radio y la televisión. En el canal 33 (Paceñísima) donde trabajamos todas las noches a partir de las 22:00, observamos que nuestro noticiero es serio. v. gr., Pamela Escalante, la presentadora, lee las noticias tal cual fueron elaboradas por los periodistas, sin aumentarle ni quitarle ni un punto (y así debe ser). Luego ingresamos nosotros, para conducir el programa especializado en ciencia política, inscrito cien por cien en los géneros opinativos. Nosotros analizamos y opinamos; nosotros no informamos.

En la práctica los informativos en general no realizan una discriminación correcta de géneros; presentan sus opiniones y pareceres como una noticia. Eso es incorrecto. Si la presentadora o el presentador quieren opinar tienen que advertir al televidente y radioescucha que es su opinión, y no tiene por qué ser compartida por los receptores.

Todos los articulistas, cronistas y fundamentalmente presentadores de noticias deben absolver los dilemas éticos de manera inexcusable. Normalmente los columnistas o articulistas suelen ser colaboradores cargados de una especialidad (son abogados, economistas, sociólogos y politólogos). Al respecto Margarita Riviere sostiene que lo peor que puede pasar es que el articulista o columnista vea en su espacio un lugar de desahogo; espacio donde puede destilar sus odios y animadversiones personales; le está prohibido usar palabras injuriosas y amenazantes.

Tiene libertad de opinión; pero el límite es su responsabilidad social; debe respetar el ordenamiento jurídico; no puede convertirse en subvertor del orden. El columnista no puede manipular al lector y radioescucha y manejar conceptos tendenciosos. Este es un dilema ético, que al momento de sentarse para escribir debe absolver con carácter previo. Lo contrario es realizar un mal periodismo. No debe olvidar que, respecto del lector, tienen una ventaja comparativa: las personas a los que puede referirse no pueden escribir como él, excepto que quiera pagar una solicitada (no es nada barato).

No hay nada que decir, en este momento la televisión se ha convertido en el elemento más influyente (porque son los más vistos), por tanto el presentador o presentadora, impunemente, sin advertir el televidente, todo los días, emitan su opinión sobre todo los temas posibles ¡nada se salva! Opinan sobre política, deporte, cocina, economía, derecho y otros sin tener la solvencia profesional. El primer deber ético que tiene el OPINADOR es el DEBER DE FORMACIÓN, como sostiene Mariza Aguirre.

¿El presentador puede opinar sobre un hecho político? No, requiere previamente formarse en ciencia política. Cuando en los canales de televisión circulan muchas noticias judiciales y la presentadora opina sobre estos temas pero no tiene formación jurídica, corre el riesgo de banalizar la información. Debería saber cómo funciona el Código Procesal Penal.

Normalmente, presentadores que opinan los informativos con el argumento de que son imparciales, califican como buena o mala una conducta de una fuente. El presentador debe saber que cuando está calificando como bueno o malo un hecho, está asumiendo un acto de parcialización.

Un dilema ético que el presentador debe resolver  es ¿quién le dio el título o rútulo para calificar una acción gubernamental de buena o mala? Algunos colegas me dicen que es lo mismo un análisis que una opinión. No es cierto; para opinar no se requiere de la ciencia, basta el sentido común; en tanto que para analizar se requiere de alguna ciencia especializada; normalmente el presentador que opina piensa ser portador de la última verdad.

En tanto, el analista es aquel que niega o afirma, pero que sus apreciaciones son provisionales; el opinador nunca se equivoca, en tanto que el analista acepta que se equivoca. Por ejemplo, un periodista deportivo le pidió su renuncia al Sr. Marcelo Ortubé, el aludido se hizo presente en el medio y explicó sus razones y el periodista no dijo nada, ni siquiera se disculpó.

En materia política, por ejemplo un televidente de tendencia socialista verá con malos ojos el libre mercado; si el periodista lanza condenas, está fijando una posición, entonces es parcial, su tarea no es calificar como bueno o malo un hecho noticioso.

Otro dilema ético que el presentador debe absolver, es que no puede amenazar ni desafiar a las autoridades del Estado. Por muy indignado que esté el presentador no debe jamás lanzar amenazas ni desafíos contra autoridades. El periodista debe ser imparcial, porque en su trabajo tiene ventaja comparativa: Él está todos los días en el canal y le pagan como presentador; en tanto que la fuente, si quiere responder deberá pagar por el espacio, ni siquiera el derecho de réplica es suficiente. La ética plantea que se ponga en el lugar de las fuentes aludidas por el presentador ¿le gustaría al presentador, como ciudadano, que lo amenacen?

Lamentablemente el vicio más frecuente es que el presentador o presentadora pretende erigirse en juez o fiscal. Inmediatamente presentada la nota el presentador lanza su sentencia; condena o absuelve a quién supuestamente cometió un delito. Ete tribunal paralelo es más rápido que el tribunal ordinario por eso, los particulares prefieren al Juez Plana (léase televisor). En estos casos debemos realizar un genuino análisis, fundamentalmente la aplicación del Código de Procedimiento Penal. Debemos suponer que la parte es inocente hasta que se le prueba lo contrario en sentencia firme.

Finalmente, si el presentador entró a la acción política es para no volver a la televisión.

Quiero felicitar al periodista Jaime Iturre de ATB, cuando sostiene que si se postula como candidato a diputado es una “IDA SIN RETORNO”. Así debe entender todo buen periodista.

Es experto en Derecho de la Información.

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