La Gaceta Jurídica

Deberes éticos dentro del periodismo ciudadano

El Señor Justicia

Carlos Conde Calle

00:00 / 28 de marzo de 2014

En el siglo xxi, a pesar de mu- chos, se impone el periodismo especializado. Existen periodistas especialistas en economía, derecho, política internacional, ecología, deportes y otros. Una de las especialidades es el periodismo ciudadano.

Éste es sui géneris en la medida en que el periodista, a diferencia del periodista generalista, se compromete con su comunidad; es un periodista gestor y contribuye al mejoramiento de su región: su compromiso es con la sociedad a la que sirve. Se trata de un periodismo al revés; esto es que el mismo ciudadano se convierte en trasmisor de las noticias ocurridas, precisamente, en su comunidad.

Para sorpresa de algunos comunicadores que practican este género, su tarea se desenvuelve en un marco jurídico, pero, fundamentalmente, en un campo ético. Dicho de otro modo, el periodista ciudadano debe encuadrar sus actos en las reglas deontológicas.

En realidad, el PERIODISMO CIUDADANO no es tan nuevo como sostienen algunos. En los años 70, en el auge de la novedad del Nomic (Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación), cuando predominaba la moda del marxismo, muchos teóricos, Mario Kaplun, Juan Gargurevich, Amando Matellart, Camilo Taufic y otros, ligaban marxismo y comunicación; en lo medular, este pensamiento creía que los medios respondían a los intereses de la clase dominante (léase burguesía).

El sujeto histórico, por definición revolucionario, como era la clase obrera, debe cambiar esta realidad centralmente capitalista; los medios de comunicación debían constituirse no en escenarios imparciales, sino en espacios que coadyuven a la revolución y sean la correa de transmisión de la ideología de las clases subalternas.

Con la debacle del socialismo realmente existente y el advenimiento de los regímenes de corte liberal (otros dicen neoliberal), esta manera de mirar la comunicación cambió. Sin embargo, dentro de los moldes liberales, los medios de comunicación reorientaron su línea de acción. En lo atinente a la comunicación popular o alternativa, terminó por cambiar de nomenclatura; se hablaba de radios y televisoras interactivas. Claro, no se podía aventar la participación de los radioescuchas y televidentes en la construcción del hecho noticioso.

¿Que cambió? Ya no era el sujeto colectivo; sino el ciudadano considerado individualmente; este ciudadano, al ser interpretado por los medios de comunicación social debía participar en los programas de éstos medios.

La participación ya no era colectiva o, por lo menos, no servía a la base obrera, sino a los individuos. En términos empíricos, hemos visto  las experiencias de las radios mineras, dentro de los moldes liberales estaba la Tribuna Libre del Pueblo del compadre Carlos Palenque o Raúl Salmón y nuestro programa Lo Cotidiano (hoy expresado en la Tribunal Vecinal).

Para ser más precisos, estas formas de hacer comunicación ya no postulan una sociedad socialista, sino el mejoramiento de las condiciones de vida en el seno del mismo capitalismo.

Posteriormente se produce otro quiebre político, el liberalismo, en los mercados de la posmodernidad, así damos lugar a la aparición de colectivos importantes como son los indígenas. Por supuesto que los medios de comunicación social, particularmente aquellos dedicados a resolver problema cotidianos, se acomodan a los procesos indigenistas e indianistas. Esto último ocurre, con mayor celeridad en este siglo xxi.

Congruente con la moda, ahora, se las llama radios comunitarias o televisoras comunitarias. En el fondo los medios ayudan a construir las identidades colectivas, a partir de la cultura; v. gr., la identidad aymara o la emergencia de las naciones.

En todo caso, en cualquiera de estos modelos el eje central es la participación del radioescucha y del televidente. Algunos programas radiales y televisivos interpelan al sujeto colectivo y otros al ciudadano. Como se ve, estos programas no dejan de ser participativos. El espacio de la columna no nos permite ser más amplios.

Debemos sostener que los comunicadores populares y el periodismo ciudadano deben observar comportamientos éticos y, por supuesto, ajustar sus actos a las leyes, toda vez que en estos programas se trata problemas de la vida cotidiana. Un deber ético nos dice que no debemos penetrar en la intimidad de las personas.

En la línea de pensamiento que sostenemos decimos que, inclusive, el más humilde ciudadano tiene derecho a la privacidad; v. gr., no tratemos, entonces, problemas de divorcio o peleas sobre herencias, las preferencias sexuales o las enfermedades que padecen. En lo posible no involucrarse en procesos judiciales.

El periodista ciudadano debe saber que un proceso judicial tiene a las partes en conflicto y que podrían usarlo a su favor. Deje que los juzgados hagan justicia.

Estos programas reciben constantemente reclamos de su comunidad y el periodista ciudadano debe realizar el seguimiento respectivo, colaborar a los reclamantes y no cobrar un solo centavo por el servicio; cobrar al reclamante importa una falta ética. Estos problemas, por más que se traten de reclamos individuales, casi siempre tienen resultados colectivos; por ejemplo, si un vecino individualmente reclama por la reposición de una luminaria y prospera el pedido, beneficia a todos los aledaños.

En cambio, cuando estamos en presencia de una denuncia sepa que hay un denunciante y un denunciado. Procure no hacerse parte de la denuncia. Eso sí, escuche en silencio a las dos partes. Luego, permita que la justicia orgánica o administrativa haga su labor.

Si como periodista ciudadano trabaja con un teléfono, procure registrar nombre y apellidos de los participantes; no conduzca el programa con anónimos. Si las personas visitan el programa, registre el nombre y apellidos de los participantes. En caso de contienda judicial, las partes litigarán, pero en ésta al periodista ciudadano no es parte.

Si el programa visita las zonas y barrios y es invitado por los vecinos, el periodista ciudadano no debe cobrar dinero por ningún concepto. No vale pedir dinero para los “pasajes” del camarógrafo o inventar excusas para solicitar dinero. Los pasajes suyos y de sus colaboradores deben ser pagados por el MEDIO DE COMUNICACIÓN o el mismo conductor del programa. Cobrarle el vecino constituye una falta.

Si el periodista ciudadano estila realizar compañas de ayuda tiene dos salidas: que se abra una cuenta bancaria con nombre y apellido del beneficiario y, si ha decidido recaudar dinero durante el desarrollo del programa, debe rendir cuentas a los oyentes, televidentes y lectores de periódicos, lo más prístinamente posible. El no hacerlo comporta una falta ética.

No desarrolle ninguna campaña cuando el programa no se realiza, porque podría generar la suspicacia de sus contribuyentes. A la hora de la verdad, no se sabría cuanto recibió de aportes y contribuciones en dinero. Lo más acertado será que los contribuyentes entreguen el dinero directamente al beneficiario.

Finalmente, trate con mucho respeto a sus invitados, a los oyentes, lectores y televidentes; practique la empatía, haga de cuenta en que el del problema es usted, sienta y viva los problemas, pero nunca pierda el trato respetuoso a las partes. Jamás lance amenazas públicas, no desafíe con juicios Eso corresponde a los tribunales. En fin, deje de constituir tribunales paralelos, nunca olvide que usted no es juez ni fiscal.

Es experto en Derecho de la Información.

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