La Gaceta Jurídica

Defensa del pluralismo ius-filosófico

Un abogado constitucionalista interpreta las declaraciones del magistrado del Tribunal Constitucional Plurinacional (tcp), Gualberto Cusi, que provocaron en nuestra sociedad innumerables comentarios y críticas. Más allá de revisar las formas y subjetividades de este hecho, se pone en el tapete del debate académico la asignatura pendiente del Ius-filosófico en el “pluralismo jurídico boliviano”.

La composición del nuevo Órgano Judicial tendrá más de una sorpresa y contrastes en el futuro.

La composición del nuevo Órgano Judicial tendrá más de una sorpresa y contrastes en el futuro. Foto: presidencia.gob.bo

La Gaceta Jurídica / Raúl Morales Romero

00:00 / 11 de mayo de 2012

Según el jurista y constitucionalista Boris Bernal Mansilla, la filosofía como concepto y ciencia corresponde a una categoría y sistema occidental, definida como “estudio más general y particular del universo en relación al hombre, que aborda una variedad de problemas fundamentales acerca de cuestiones como la existencia, el conocimiento, la verdad, la moral, la belleza, la mente, la trascendencia y el lenguaje”.

Para aproximarse a la filosofía andina, según Josef Estermann “es preciso romper con el eurocentrismo y occidentalismo implícitos en la misma definición y delimitación que se considera “pensamiento filosófico” o “Filosofía” a secas, expresa el abogado.

¿Cómo se puede interpretar las declaraciones del Magistrado Cusi sobre la consulta de los procesos más contenciosos en la hoja de coca?

Las declaraciones del magistrado Cusi y el pluralismo jurídico van más allá del discurso y la retorica política, tocan la esencia, el ontos de nuestra realidad; al respecto, Javier Medina menciona que “estamos pagando las consecuencias de un mal diseño constitucional. No se puede vaciar en un molde monista, la “forma Estado”, a dos civilizaciones antagónicas como son la occidental y la oriental amerindia. La forma adecuada es la “forma ayllu”, es decir, la diarquía de a cada civilización su propio tiempo-espacio.

La forma Estado Plurinacional es una  contradictio in adiecto. Siempre saldrá con las suyas el monoteísmo político y la indianidad podría ser ridiculizada y raleada, el actual diseño constitucional los minimiza sistemáticamente como civilización.

La forma Estado se basa en la razón. Tiene en el modelo fabril la lógica de su funcionamiento, producir bienes y servicios a gran escala. La palabra, el libro, la escritura, la ley son sus códigos de desciframiento y de toma de decisiones. La burocracia se funda en la ley de causalidad. Su paraguas científico es la física de Newton.

La forma Ayllu se basa en la ch´uyma. Tiene en las formas Ayni y Mita la lógica de su funcionamiento. El ritual, en este caso leer en Coca, es su código de desciframiento y de toma de decisiones. De yatiris o sabios se funda en la Ley de no-causalidad o de sincronía, su paraguas científico es la física cuántica.

¿Entonces, cuál sería la verdadera lógica para entender la posición del magistrado Cusi?

Los aires de superioridad de los criollos, que ridiculizan la barbarie del indio letrado, están absolutamente fuera de lugar. Es, más bien, al revés. Ellos, los criollos, se manejan bajo un código obsoleto (no digo falso; sino insuficiente), la ley causa-efecto, el principio de no contradicción y de tercero excluido, también insuficientes; bajo una forma política obsoleta, la forma Estado-nación (lo de “pluri” es un mero flatus vocis  para sorprender a indígenas incautos).

El magistrado Cusi, en cambio, se maneja en los dos códigos, el basado en el principio de causalidad y también en el basado en el principio de sincronía. El problema está en que la “forma Estado” excluye la física cuántica. Me está claro quiénes son los ignorantes en este caso.

Causalidad y sincronicidad son dos formas de percibir y vivir lo cotidiano. Sin embargo, para Simón Yampara (sociólogo aymara),  son los dos sistemas de códigos jurídicos, el ancestral-milenario y el occidental-centenario en los andes, que están contrapuestos al momento de administrar la justicia; “la tradición colonial y la costumbre republicana de los “magistrados” solo practican en los que están alfabetizados en el monismo del sistema jurídico privado individualizado occidental y dar continuidad al encubrimiento del derecho y la justicia de los pueblos “qullanas” del código de derecho de los pueblos de la civilización tiwanakuta (costeño-andino-amazónico).

Ésta es práctica de la vivencia de los pueblos nativos, que para los administradores del derecho y la justicia occidental es considerada “derecho consuetudinario” o simples “usos-costumbres” que deben ser acoplados y subordinados al derecho y justicia occidental oficial monista.

¿Cómo descifraría el pluralismo jurídico?

Lo paradójico es que, como gran avance, se habla de un “Estado plurinacional”, de “acciones de descolonización”, de “pluralismo jurídico”, de “intra e interculturalidad” en políticas educativas, tanto en las esferas del gobierno, las gobernaciones y municipios, espacios donde se articulan saber-poder coloniales, en los hechos y la percepción de la gente opinadora de política y los medios de comunicación siguen con las prácticas del chauvinismo mono-nacionalista de continuidad colonial.

Ahora, en una evaluación positiva, podemos decir que no hay una institución educativa descolonizadora, menos el sistema educativo boliviano plurinacional en su diseño y organización curricular visualiza, que alimenta y procesa los dos sistemas de valores civilizatorios que están en juego desde la invasión colonial.

Por tanto, el producto de la formación del “capital” humano formado en las diversas modalidades del sistema educativo sigue siendo encubridora y colonizadora, parte de la correa del sistema mundo-capitalista, con los cacareos socialistas comunitaristas anti-capitalistas, claro ambos provienen del semillero europeo de la civilización occidental que no se apartan de su rol colonizador e invasor.

¿Cómo se debe entender la lectura de la hoja de coca en procedimientos legales que tienen criterios normativos?

Una visión antropocéntrica no comprende los elementos de un mundo cosmocéntrico; “se debe entender el rol ritual cosmogónico de la lectura de las hojas de coca por los yatiri-chamakani  más como apoyo clarificador, orientador e iluminador para la administración de la justicia antes que juzgadora en un Estado plurinacional; que se entienda esta práctica en la vivencia de los pueblos, que va más allá del simple prejuicio religioso de los cristianos y no cristianos.

Por tanto, no es ningún acto de paganismo, de superchería, de brujería, menos una acción religiosa al estilo de los cristianos que quieren “re-ligar” al darse cuenta de la separación de las dimensiones de la materialidad y la espiritualidad por el sistema del mundo-capital.

Hoy están preocupados por ligar ambas, cuando para la gente de los pueblos de los andes es interactiva complementariamente una práctica cosmogónica convivencial y armonizadora tan tradicional ancestral como moderna, que cada vez va destapando y desafiando las practicas coloniales y el ejercicio de códigos de derechos y justicias monistas mercantilistas, según dice Simón Yampara en su trabajo Coca ayni y rol de los sabios andinos.

Para Javier Medida, para entender el quid pro quo (algo a cambio de algo) que el Magistrado Cusi ha provocado, es preciso recordar el principio de causalidad y el principio de sincronicidad y lo que ambos implican, principio de causalidad. En física clásica se asumía que todos los eventos están causados por otros anteriores y que dicha causalidad es expresable en términos de leyes de la naturaleza.

Dicha pretensión llegó a su punto más alto con la afirmación de Pierre Simon Laplace de que, si se conoce el estado actual del mundo con total precisión, uno podría predecir cualquier evento en el futuro.

Emplearé el concepto general de sincronicidad en el sentido especial de una coincidencia temporal de dos o más sucesos relacionados entre sí de una manera no causal, cuyo contenido significativo sea igual o similar. Para evitar malentendidos, se lo diferencia del término sincronismo, que constituye la mera simul- taneidad de dos sucesos.

El fenómeno de la sincronicidad se fundamenta en la simultaneidad de dos estados psíquicos diferentes, uno es el normal y el otro es la vivencia crítica. Constaría asimismo de dos factores, primero una imagen inconsciente accede a la consciencia directamente o simbolizada como sueño, ocurrencia o presentimiento y, segundo, una situación objetiva coincide con dicho contenido psíquico.

¿Entonces,  debemos entender la nueva cosmovisión de algunas autoridades con respecto a la tradicional?

En palabras de Medina, “si los críticos del magistrado Cusi relativizaran ese aire sobrador que han demostrado; si atisbaran la sospecha de que el mundo es más complejo de lo que pensaban; que los amerindios no son unos bárbaros e irracionales; que, a juzgar por las fisuras que se abren, nuestra Constitución está imantada de malentendidos, uno de los cuales, y no el más pequeño e irrelevante, es que, pareciendo incluir a la civilización amerindia, en los hechos se la excluye. Y ello, no es bueno para la convivencia democrática de dos civilizaciones como las que, de hecho, nos constituyen como una comunidad política”.

Gualberto Cusi abrió la puerta a un nuevo ciclo del saber Ius-filosófico, la compresión de este proceso complejo es tarea de las nuevas generaciones de juristas bolivianos. La riqueza filosófica de las culturas andinas hacen necesario un dialogo intercultural; como un sabio dijo: “uno no puede conocer realmente el pensamiento filosófico de un pueblo, si nunca se ha sentado a su mesa, si no bailado sus danzas, sino ha sufrido con él”.

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