La Gaceta Jurídica

Demasiadas armas, masacres y racismo sin solución

En un mensaje a la nación, el presidente Barack Obama consideró el tiroteo como consecuencia directa de laxas regulaciones respecto a la venta y posesión de armamento, así como a la incapacidad del Congreso para sacar medidas que limiten su acceso.

Según el Presidente estadounidense, las balaceras cobran más vidas que los actos de terrorismo.

Según el Presidente estadounidense, las balaceras cobran más vidas que los actos de terrorismo. FOTO: hoylosangeles.com

La Razón (Edición Impresa) / Luis Brizuela Brínguez/PL*

00:00 / 10 de enero de 2016

La recurrencia de masacres parece un asunto insoluble en Estados Unidos (eeuu), con un debate entrampado entre la impotencia de quienes exigen un mayor control de armas y la excusa de la seguridad y el derecho a defenderse. Entre 2004 y 2013, fallecieron más de 316 mil personas a consecuencia de disparos, según datos del Centro de Prevención de Enfermedades.

Tiroteos y asesinatos masivos acapararon titulares en varios momentos del año que concluyó, mientras que muchas de las causas que desatan estos fenómenos esperan por la voluntad de las autoridades para mitigarlas. Quizás uno de los más trágicos fue el asesinato de nueve estudiantes el 1 de octubre en un colegio universitario del estado de Oregon.

En un mensaje a la nación, el presidente Barack Obama consideró el tiroteo como consecuencia directa de laxas regulaciones respecto a la venta y posesión de armamento, así como a la incapacidad del Congreso para sacar medidas que limiten su acceso.

El autor del hecho, de 26 años, abatido tras intercambiar disparos con la policía, fue calificado por las autoridades como “un hombre taciturno, solitario y contrario a la religión”, que disponía de un verdadero arsenal: junto a su cuerpo se halló seis armas, un chaleco antibalas y cinco cargadores de armas automáticas y en su departamento otros siete artefactos pesados.

Obama se mostró frustrado al condenar los trágicos sucesos: “Esto se ha convertido en una rutina, las informaciones son rutinas, mis reacciones aquí en este podio son una rutina, y lo es la conversación posterior”, afirmó. A su juicio, la ausencia de iniciativas al respecto constituye “una decisión política”, porque grupos como la industria de armamento “financian campañas y alimentan el miedo en la gente”.

El mandatario explicó que solicitó a sus asesores analizar los límites del Poder Ejecutivo para hacer aplicar leyes existentes, a fin de “poner las armas fuera del alcance de los criminales”.

Según cifras oficiales, los últimos años hubo decenas de masacres con un número considerable de muertos, la peor ocurrió en diciembre de 2012 en una escuela de Newtown, estado de Connecticut, donde perecieron 20 niños y seis adultos. Otros datos ilustran la magnitud del fenómeno en una nación con el récord de muertes por arma de fuego dentro de los países desarrollados.

Desde el episodio de Newtown, se registró otros 142 tiroteos en centros educativos, de acuerdo con el grupo de registro de estas acciones Mass Shooting Tracker (rastreador de tiroteos masivos).

Informes confirman la existencia de más de 300 millones de pistolas, rifles, fusiles y otros instrumentos para matar en inventarios privados estadounidenses, casi en igual proporción a la cantidad de habitantes de la nación.

El odio y la discriminación

En noviembre de 2015 una noticia evidenció el nivel de violencia policial en una nación que, al mismo tiempo, comienza a tomar conciencia de la urgencia de revertir esta situación.

De acuerdo con cálculos del diario británico The Guardian, agentes policiales estadounidenses fueron responsables del asesinato de al menos mil personas desde el inició de ese año. De ese total, 883 murieron por balas disparadas por policías, otras 47 fueron víctimas del shock provocado por taser (pistola eléctrica), 33 resultaron atropelladas por vehículos policiacos y 36 fallecieron en detención.

Según el análisis, la tasa de muertes de civiles a manos de la policía es de 3,1 cada día. Los afroestadounidenses, aunque representan solo 13 por ciento de la población, son ultimados por policías casi dos veces más que los blancos, agregó la fuente.

A la violencia de la policía contra afroamericanos y latinos se unen los supremacistas blancos que tratan de imponer su ideología, como ocurrió el 17 de junio en una histórica iglesia de Charleston, Carolina del Sur.

Dylann Storm Roof se introdujo en una reunión de estudio de la biblia en la iglesia Emanuel African Methodist Episcopal de dicha urbe, abrió fuego y dejó nueve afroamericanos asesinados. En el interrogatorio para incriminarlo de cargos, el supremacista blanco de 21 años aseguró que quería “emprender una guerra racial”.

La llegada a la Casa Blanca del primer presidente negro en 2009 apenas modificó el panorama en una nación donde, advierten algunos, “existen demasiadas armas y racistas”.

Un editorial del diario británico The Independent consideró que eeuu retrocedió en sus relaciones raciales desde la elección de Obama y que “la obscena proliferación de armas solo magnifica tragedias” como la de Charleston.

El diario mexicano La Jornada recalcó que la nación norteña se convirtió en un “Estado estructuralmente violento”, donde se utiliza la fuerza con demasiada frecuencia para resolver diferencias a nivel local e internacional.

Masacres y denuncias de cuestionables prácticas policiales contra personas negras desarmadas evidencian las heridas nunca cicatrizadas de un flagelo desde los tiempos de la esclavitud y la segregación.

Tal estado de cosas alimenta el debate nacional, incluso en altas esferas políticas, mientras avanzan reclamos para efectuar profundas reformas de los cuerpos policiales y del sistema judicial penal. Una de las evidencias más sobresalientes ocurrió con la absolución de George Zimmerman, un guardia blanco que en 2012 asesinó en Sanford, Florida, al adolescente afroamericano Trayvon Martin, a quien consideró “sospechoso”, pese a encontrarse desarmado.

El avance del movimiento Black Lives Matter (Las vidas de las personas negras importan) demuestra esta toma de conciencia y marca un nuevo punto de tensión dentro del discurso antidiscri- minatorio.

Esta iniciativa se extiende a las universidades, con un enfoque más amplio sobre el racismo institucional, y miles de jóvenes han participado en acciones con notables resultados.

Observadores dicen que Black Lives Matter sirvió para acusaciones rápidas contra oficiales por disparar contra personas negras y desarmadas, así como un cambio en la actitud del público hacia el tema.

Entre sus acciones más destacadas se cuenta cierres de carreteras, centros comerciales, puentes y empresas de un extremo a otro de eeuu.

A mediados de septiembre logró, incluso, la renuncia del jefe policial del poblado de Surf City, Carolina del Norte, luego de que éste calificara al grupo como terrorista en la red social Facebook. Si los líderes demócratas y alguno que otro republicano reconocen a Black Lives Matter es porque cientos de miles de personas salieron a las calles, sostuvo el sitio digital Socialist Worker.

Casi seis de cada 10 ciudadanos estadounidenses, incluyendo una mayoría de blancos y negros, creen que las relaciones raciales están mal y casi cuatro de cada 10 piensan que em- peorarán, reveló en julio una encuesta del diario The New York Times y la televisora cbs News.

Obama y los republicanos en su laberinto

Hace tres años, tras la acción criminal en Newtown, Obama inició una ofensiva para regular la venta y uso de armamento, con propuestas para conformar leyes que incluyan revisiones más amplias de los antecedentes de las personas y prohibiciones a las armas de asalto. Pero no tuvo éxito debido a la fuerte oposición de sectores ultraderechistas y grupos como nra (Asociación Nacional del Rifle) que cabildean a favor de los productores de esos artefactos.

La gobernadora de Oregon, Kate Brown, señaló que las autoridades “deben trabajar mejor para prevenir este tipo de tragedias”, mientras aseguró que las mejoras deben abordarse en diversos frentes, ya que no hay “una única solución”.

Según Obama, las estadísticas muestran que la violencia armada tiene un costo mayor en vidas estadounidenses que el terrorismo desde los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Si me preguntan cuál ha sido el ámbito donde me he sentido más frustrado y obstaculizado es en el hecho de que Estados Unidos es una de las naciones donde no tenemos las suficientes leyes de seguridad en relación con las armas basadas en el sentido común, a pesar de los repetidos asesinatos masivos, confesó el mandatario a la bbc en julio.

Las exhortaciones del gobernante y amplios sectores de la sociedad estadounidense parecen caer en saco roto ante las justificaciones de los republicanos que esgrimen la Segunda Enmienda constitucional como impedi- mento para frenar cualquier iniciativa contraria al derecho para portar armas.

Sostienen que ninguna ley puede impedir que desequilibrados y criminales consigan un arma o abran fuego sobre una multitud y que, ante estos peligros, los ciudadanos tienen necesidad de armarse para defenderse.

*    Es periodista de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina.

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