La Gaceta Jurídica

Más allá de una denominación

Sicuris de Italaque:

El apelativo ya ha trascendido, además del tiempo, de las regiones hasta lugares muy alejados.

El apelativo ya ha trascendido, además del tiempo, de las regiones hasta lugares muy alejados. Foto: Boris Bernal

Boris Bernal Mansilla

00:00 / 18 de noviembre de 2015

En este último tiempo un falso debate emerge en espacios promovidos por algunos entusiastas de la música originaria de los andes, quienes postulan como inapropiada la denominación de “Sicuris de Italaque”. Al respecto afirmamos que el devenir histórico hizo de se vaya posicionado y consolidado el nombre de “Sicuris de Italaque” por emanar de la comunidad Taypi Ayca  de la jurisdicción de Italaque.

Más allá de las posiciones regionalistas y chauvinistas, consideramos que toda expresión cultural en cuanto irradia su Ser y es asimilada por otras debe ser comprendida por su razón ontológica, donde factores axiológicos y epistemológicos dan su razón inicial.

Solo a manera de gráfica y de analogía, lo que es hoy el territorio boliviano fue cambiando de denominación a lo largo de su historia, lo que antes fue Kollasuyo, posteriormente, fue Alto Perú para luego ser República Bolívar de donde emanó Bolivia, ahora llamado Estado Plurinacional de Bolivia. La forma cambia pero el ontos de este territorio es perenne.

Buscar o internar inventar una nueva denominación a los Sicuris de Italaque es solo cuestión de forma. Muchas veces, la ingenuidad o el entusiasmo de inventar algo hacen que caigamos en errores de fondo. Es así que el proyecto de denominar “Sicuri Mayura” comete el error de desconocer la filología del término “Mayura”, siendo ésta una desviación de la palabra española “Mayor” y tener origen en la lengua aymara, así se este proyecto se tiñe de colonialista en tiempos de descolonización.

Ahora bien, el tiempo, la historia y, sobre todo, la legitimidad que se fue construye por años hacen que la denominación de Sicuris de Italaque tenga fuerza propia. Para esto, revisemos algunas fuentes gnoseológicas e históricas descritas por cronistas e in- vestigadores sobre la denominación.

Ludovico Bertonio, sobre el término Sicu, menciona que “es de puro de origen aymara, traduciéndose esta como: flautillas atadas como las de órgano”.

Garcilaso de la Vega, en sus “Comentarios Reales”, señala que “de música alcanzaron algunas consonan- cias, las cuales tañían los indios collas, o de su distrito, en unos instrumentos hechos de cañutos de caña, cuatro o cinco cañutos atados a la par, cada cañuto tenía un punto más alto que el otro, a manera de órganos”, en el mismo capítulo describe que “los tañadores serán indios enseñados para dar música al rey y a los señores vasallos, que, con ser tan rustica la música no era común, sino que aprendían y alcanzaban con su trabajo”.

En su texto “Nueva Crónica y Buen Gobierno”, Guamán Poma de Ayala cuenta que “la fiesta de los collasuyos desde el cuzco cantan y danzan dice el curaca principal quirquiscatan mallco quirquim capa comi desde Cauina Quispillacta Pomacanchi cana Pacaji Charca Choquiuito Chuquiyapo y todo Hatun Coll, Urocolla, comienzan tocan tambor y cantan las señoras y doncellas dice asi: hauisca mallco, capaca colla, hauiscahil, colasana, capacanas, ynca pachat, tia pachat, mallco sana capaca colla sana, hilauiri, malcouiri, quirquis catan mallco aca marca sanpacha santi usahunoachitan Nuestra Señora tayca sanhun pachiu cinhauiscamal copacah cutipan hanilla quimtia camarcasan ychauro quirquis catancolla ypampasanchall.

De esta manera prosigue todo el cantar y la fiesta de todo colla cada uno su natural cantar. Cada ayllu hasta los indios de chiriuana, tucuman y paraguay, cada uno tiene sus vocablos, y en ellas cantan y danzan y bailan, que las mozas docellas dicen sus arauis que ellos les llaman uanca y de los mozos quena-quena; de esta manera dicen sus danzas y fiestas cada principal y cada indios pobre en todas las provincias del collau en sus fiestas grandes o chicas hasta Potosí”.

Alcides D’Orbigny en 1830, en su viaje por Bolivia plasmado en su libro Viaje por la América Meridional, relató: “La víspera de la fiesta de santísimo corpus, oí en mi casa la misma música de tamboriles y flautas que me impresionado en el valle de Corocoro, con la diferencia de que ocho o diez bandas diferentes ejecutaban al mismo tiempo y separadamente…

Fui por la mañana a la plaza vecina, donde me asombro el conjunto burlesco de los disfraces de cada batida de danzantes y la originalidad de ese vestido. Unos tenían en la cabeza un armazón de plumas de avestruz tan altos como sus cuerpos; otros llevaban una máscara, que sostenían levantado el brazo. Cada banda compuesta de ocho a diez individuos, estaba formada de seis a ocho músicos y de dos bailarines.

Los músicos tenían en la mano izquierda sea una flauta de tres agujeros, sea flautas de pan de diversas acotabas, mientras que, con la derecha golpeaban acompasadamente sobre un tamboril chato y ancho, colgado del lado izquierdo. Con estos instrumentos formaban acordes, o mejor dicho, cada uno ejecutaba una nota; y del conjunto de esos sonidos, sobre diversas octavas, resultaban aires monótonos y tristes.

Los músicos de una de esas bandas llevaban sobre la cabeza una enorme corono formada de plumas de avestruz, y los bailarines estaban vestidos con trajes de arlequín, otro grupo se componían de hombres disfrazados de mujeres, con un inmenso bonete adornado de espejos y plumas de los más vivos colores, sacadas a los más brillantes pájaros de las regiones cálidas. Los miembros de una tercera banda se distinguían por un bonete chino, adornados de cintas y plumas coloreadas”

En 1919, Rigoberto Paredes describió en su libro El Arte en la Altiplanicie que “la música de los Sicuris es la mejor que poseen los naturales, tanto por sus notas variadas, como por su armoniosa ejecución.

(en) el cantón Italaque, de la antigua provincia de Muñecas, se encuentran los mejores músicos de ese orden. En aquel pueblo no se concretan a producir aires nacionales, favorecidos los indios por un oído fino y cierto talento musical, ejecutan canciones y valses extranjeros con mucho acierto. En sus fiestas principales se reúnen varias tropas de Sicuris en un lugar determinado y en competencia soplan sus instrumentos, produciendo en los espectadores una grata impresión: entonces se asemejan a un concierto de bandas de música”.

En esa línea, Antonio Gonzales Bravo escribió en 1925: “Esta próxima la fiesta de Corpus que es la más festejada, casi, entre todos los indios, tal vez porque coincide en la fecha y en su sentido simbólico, con la fiesta del Inti Raymi precolombino. Nos dicen que la mejor oportunidad para oír los famosos Sicuris de Italaque…

Cuando al llegar a Italaque escuchamos algunos Sicuris, notamos que la música, por los instrumentos especiales, era muy armoniosa, pero la melodía, nos pareció un tanto ambigua y algo mestiza, por su carácter encontramos como novedad, solamente los awarachis (marchas militares), de soberbio efecto por su energía.

Según ahora vamos observando, tropa por tropa, y melodía por melodía, parece que para hoy se guardó la raza, lo más hondo y característico de sus tesoros.

Escuchábamos conmovidos, diríamos casi iluminados, primero los Sicuris en Modo Mayor Moderno, jugosos y alegres, diáfanos: después, los en modo eólico, algo solmenes y severos; y, por último, los en modo pentatónico, profundos y melancólicos (a veces suaves y lánguidos), que acaban por enardecer primero y después por serenar con adormecimientos de éxtasis, muestro espíritu, que gracias a este día inefable reconstruye, reafirma y comprende mejor, el carácter amplio y hondo del alma de esta raza, cuya música con sus particularidades análogas en todos sus pueblos, parece que en la de los Sicuris, refleja todo la infinitud de sus cielos, y la amplia de sus pampas inmensas”.

Gustavo Adolfo Otero, en su libro Piedra Mágica menciona:“Entre los bailes de ceremonias del altiplano se destaca el llamado de sikuris que, por su lujo en sus disfraces, se distingue entre todos los conocidos. El nombre de sicuri procede del uso musical de los “sikus”... Los ejecutantes de Sikus más famosos son los mistis e indígenas del pueblo de Italaque, población próxima al lago Titicaca y también cercana al foco de influencia callahuaya…”

Carlos Salazar Mostajo, promotor de la normal de Warisata relataba: “Bajaban del calvario de Italaque cerca de un centenar de tropas de Sicuris para la celebración del día de Corpus Cristi. Ricas en vestimenta, brillantes en colorido, ofrecían el espectáculo más extraordinario que puede darse. Muchos conjuntos os- tentaban el penacho de plumas de flamenco o de avestruz que en la parla aymara se llaman respectivamente parihuana y suri, y que en el continuo girar de los músicos se convertía en remolino de blanco ondular”.

Es así que los Sicuris de Italaque son la expresión de saberes y conocimientos ancestrales emanados y originarios del territorio de Taypi Ayca, haciendo que escuchar y sentir sus melodías se constituya en una experiencia mística. Su denominación se constituye en la identidad de múltiples pueblos y culturas, por ser la sinopsis de la historia latinoamericana, ya que en su Ser se halla el sincretismo de culturas milenarias.

*    Es escritor, filósofo del Derecho, descendiente del Cacicazgo Kutipa de Italaque y delegado de Culturas, Interculturalidad y Turismo del Gobierno Autónomo Municipal de Mocomoco del departamento de La Paz.

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