La Gaceta Jurídica

El Derecho en la antigüedad

(Parte final)

Foto: ciudaddelastresculturastoledo.blogspot.com

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Leonardo Delgado Azaña

00:00 / 17 de marzo de 2015

Historia interna del sistema jurídico visigótico

La territorialidad y la personalidad de las leyes noción del derecho visigótico

El Derecho visigótico es el sistema jurídico del Estado Visigodo desde el asentamiento de este grupo étnico con su capital Tolosa, así como posteriormente en Toledo hasta el año 711 en que ocurrió la invasión islámica. En este Derecho visigodo son incluidas las normas personales de los visigodos y las de los súbditos no germanos del Estado hispano-godo.

En sus elementos encontramos principios de la pervivencia del Derecho consuetudinario germánico, el Derecho Romano vulgar y del Derecho Canónico. En cuanto al primer factor, los elementos del vulgarismo romano y del germanismo están muy cerca entre sí, ya que ambos, según D’ors, son el resultado de atavismos jurídicos. La personalidad de la legislación fue dictada para un grupo de personas o etnias dentro de un territorio en el que cada persona recibe y se relaciona por un estatuto de grupo.

La doctrina histórica-jurídica ha reconocido dos posturas y teorías que tienen por fin dar soluciones al problema de la regulación jurídica de los súbditos del Estado visigótico, una es la teoría de la personalidad de la legislación y otra es la territorialidad de las leyes. La segunda tiene matices con el carácter de territorialidad paulatina que ha calado hondo en juristas notables

La primera postura es la personalidad de las leyes mediante la modalidad de la territorialidad lenta o paulatina. Este modo establece que los monarcas visigóticos regularon el sistema normativo desde el Código de Eurico, exclusivamente para los godos, y las leyes teodosianas y el Breviario de Alarico (506) o lex romana visigothorum para hispano-romanos, con vigencia simultánea de ambos hasta el momento culminante del Líber Iudiciorum (654) con proyecciones godas e hispano-romanas.

En este caso se reguló jurídicamente a la población con el reconocimiento de una dualidad jurídica para los súbditos godos y romanos y, en menos grado, para judíos, griegos y personas provenientes de otros lugares. Se nota dentro de este principio tradicional de la personalidad del Derecho por medio de la territorialidad lenta, la existencia de una tendencia hacia la territorialización por la dación de leyes conjuntas tanto para godos como para romanos contenidas en el Líber Iudiciorum.

No existe tampoco hoy día una respuesta precisa y certera que pueda darse sobre la ley que prevaleció en los casos mixtos en que intervinieron godos e hispano-romanos conjuntamente. La opinión mayoritaria de los juristas y estudiosos es que prevaleció el Derecho visigótico sobre el romano.

Fuentes del derecho visigodo

a) El código de Edicto o Eurico (año 476 d.C). Fue promulgado por el rey godo Eurico. Se considera que este código es, con más exactitud, un edicto, ya que cuando cayó el emperador romano de occidente, Rómulo Augustulo, Eurico ocupó el espacio que había dejado el prefecto de Arles, el cual tenía el iusedicendi (derecho de dictar normas) que asumió dicho rey godo y que en virtud de esta promulgó su obra.

La promulgación del Código o Edicto de Eurico fue de carácter territorial (476). Esta territorialidad ha sido apoyada sin recusación alguna por García Gallo y D’ors, aunque impugnada por Claudio Sánchez Albornoz. Si el referido texto tuvo un espíritu romanizado debe colegirse que no fue solo promulgado para los godos, sino para todos los súbditos, por lo que comprendía también a los hispano-romanos, judíos y demás etnias.

Del texto original que tenía aproximadamente 400 capítulos, hoy solo existen 50, que fueron encontrados en la biblioteca por los monjes parisinos de Saint Germain de Prés, en Corbie en el norte de Francia.

Este código contiene gran variedad de materias, normas sobre procedimientos judicial; delitos y actos en general; asilo eclesiástico; médicos y sus honorarios; hijos abandonados; derechos y deberes de los viajeros; división de tierra entre romanos y godos; comercio marítimo; matrimonio y uniones ilícitas; sucesión hereditaria.

b) La promulgación del Breviario de Alarico de carácter territorial que derogó el Código de Eurico (506). En su formación intervinieron obispos y representantes provinciales romanos y godos.

También el Brevario de Alarico era conocido como lex Romana wisigothorum, fue promulgado por Alarico II, hijo y sucesor de Eurico, y elaborado por un grupo de obispos y representantes provinciales romanos y godos.

El Brebario de Alarico es una compilación casi total del Derecho Romano vulgar, planteándose la hipótesis de que detrás de la dictación de esta obra existe el fin de atraer a la población romana y católica. En un momento del avance franco sobre la Aquitania goda, la estabilidad del reino se encontraba en peligro.

c) La derogación del Breviario de Alarico por el monarca Leovigildo y la puesta en vigencia nuevamente del Código de Eurico (572-586). Este texto tuvo caracteres territoriales.

La redacción del Brevario contó con dos tipos de fuentes: leyes y iura. Podemos identificar entre las leyes a las constituciones imperiales del código Teodosiano y novelas posteodosianas (Teodosio II, Valentiano III, Marciano, Mayoriano y Severo). En los iura encontramos el Epitome de Gayo, algunas constituciones de los códigos gregorianos y hermogeniano, sentencias de Paulo y un fragmento de Papiniano.

d) La promulgación del Código de Leovigildo de carácter territorial que derogó las leyes anteriores. Su elaboración acusó una acentuada romanización por lo que no cabía aplicarse a godos e hispano-romanos. La reconstrucción del texto de Leovigildo o Codex Revisius (572-586) se ha realizado por conjeturas en base a lo que aparece en el Líber Iudiciorum bajo el epígrafe antiguo. ¿Cómo se diferencia el estilo de ambas leyes? El texto euriciano es conciso y el leovigildiano es ampuloso.

Leovigildo fue el conciliador y expansor del reino visigodo de Toledo y Alejo la amenaza de otros pueblos germanos quien redujo el dominio de los bizantinos al sur de la península. En consecuencia, el centro legislativo visigodo se desplazó de la Galia a Hispania, definitivamente. Por lo tanto, el Código de Leovigildo es la primera gran obra goda que se promulgó en la Hispania.

e) La promulgación del Líber Iudiciorum o libro de los jueces que derogó todo el bagaje jurídico anterior. También fue conocido como Lex visigothorum, es la ultima y la más representativa de las obras de la fecunda obra visigoda de Derecho. Fue promulgada en el año 654 por Recesvinto, así concretó el deseo que había comenzado su padre Chindasvinto. Esta obra está profundamente romanizada, pero no tanto como el Código de Eurico y el Breviario de Alarico.

El texto suma más de 500 leyes, indicándose en cada una de ellas el monarca que la dictó.

El  Líber Iudiciorum es una compilación de distintas fuentes correspondientes a distintas épocas y constituye un punto medio entre el rigorismo romano y las costumbres visigodas.

El contenido del Líber ludicorum está dividido en 12 libros y éstos, a su vez, en leyes que suman en total más de 500. Los títulos de los 12 libros son:

Ley y el legislador

Organización de los tribunales y procedimiento judicial

Derecho matrimonial

Derecho de familia y derecho sucesorio

Contratos

Algunos delitos y sus penas y aplicación del tormento

Hurtos y engaños

Violencia y daños contra la propiedad rural y pecuniaria

Sobre siervos fugitivos, desertores del servicio militar, derecho de asilo e inmunidad de los templos

División y arrendamiento de tierra y siervos, prescripción y cuestiones sobre términos y límites de la propiedad inmueble

Sobre: médicos y enfermos, violaciones de sepultura, comercio marítimo y mercaderías de ultramar

Sobre funcionario público que oprimiese pueblo y leyes sobre herejes y judíos

Existen dos textos oficiales del Líber Iudiciorum,  uno es el del monarca Recesvinto y el otro de Ervigio (681), quien solicitó al XII Concilio de Toledo celebrado en el año 681 la revisión del Líber recesvintiano. En este proceso de revisión fueron adicionadas diversas leyes entre las que estaban las rigurosas normas referentes a los judíos y otras disposiciones con interpelaciones llamadas enmendatae.

El texto reformado de Ervigio rigió desde el 21 de octubre del año 681. Existió otro proyecto posterior de reelaboración del Líber Iudiciorum del monarca Egica, tarea que se encomendó al XVI Concilio de Toledo del que no se tiene noticias ciertas.

Fue la intención de los monarcas visigodos que no se hicieran versiones no oficiales del líber con intervenciones extrañas y que los juristas manipularan su texto, término que utiliza García Gallo. No obstante, juristas anónimos y cuya identidad no puede precisarse, introdujeron modificaciones al texto del Líber Iudiciorum durante la fase final de la monarquía visigoda o después de ella con motivo de la lucha contra los musulmanes.

Esta modificación del líber manipulada por los juristas era conocida como la redacción que hoy llamamos vulgata, la misma que contiene alteraciones y añadiduras de nuevas leyes con la novedad de tener un título preliminar con normas del Derecho público, así como dispositivos sobre la sucesión al trono. Fue la más usada y difundida.

La edición vulgata del Líber Iudiciorum tiene importancia porque el monarca Fernando III, El Santo, dispuso la traducción de esa edición del líber a la lengua romance, originándose después el texto conocido como el fuero juzgo.

Sucedió pues un fenómeno curioso, fue la edición vulgata del Líber Iudiciorum que pervivió a la monarquía visigoda con su promulgación regia y romanceada. Fue utilizada por los mozárabes cuando ocurrió el período de la influencia islámica en la península Ibérica y adquirió el carácter de Derecho común en ciertas regiones españolas hasta el siglo XIII. Dentro de su tradición y su adaptación vulgata (fuero juzgo) se otorgó como Derecho municipal a distintas ciudades a medida que avanzaba el lento proceso de la reconquista.

Se ha dado como supuesto en muchos libros de historia del Derecho que el Código de Eurico fue atribuido a ese monarca visigodo, Teodorico II, aunque su texto hubiera sido redactado por un jurista o un grupo de juristas romanos en su reinado bajo la dirección de León de Narbona.

Desde la aparición del clásico libro crítico en 1902 de K. Zeumer sobre la Historia de la legislación visigoda, cuya edición española de Barcelona es de 1944, la paternidad de este codex sistemáticamente ordenado corresponde al momento histórico del monarca Eurico, sustentándose también en la referencia de San Isidoro a que este monarca “empezó a regular a los godos por leyes y no por costumbres”.

Esta postura tradicional cambió radicalmente a partir de 1974 cuando Alfonso García-Gallo realizó una interpretación del numeral 277, correspondiente al texto euridiciano conforme al original de París con referencia a la división de tierras entre godos y españoles. Su texto es el siguiente:

1. Las parcelas góticas y la tercia de los romanos que no fueron revocadas en un plazo de 50 años no pueden ser en modo algunas reclamadas.

2. Asimismo, no sea lícito revocar a servidumbre a los siervos fugitivos que no fueron hallados en un plazo de 50 años.

3. Ordenamos mantener los antiguos linderos tal como ya anunció en otra ley nuestro padre de digna memoria.

4. Todos los otros litigios, justos o injustos, incluso los penales, que no fueron fallados en el plazo de 30 años, los esclavos que no hubieran sido objeto de reclamación o las deudas que no fueron cobradas de ningún modo sean ya reclamados.

5. Y si alguno intentara mover el litigio transcurrido este plazo de los 30 años o póngasele este plazo y pague una libra de oro a quien el rey ordenare.

6. No permitimos en absoluto mover los litigios, justos o injustos, que fueron concluidos reinando nuestro padre de digna memoria, mas, los que los juzgaron rindan sus cuentas a Dios.

7. Ordenamos que se nos refiera aquellos litigios en los que hay dos sentencias, a fin de que debe aprobarse por nuestro mandato aquella que parezca emitida conforme a la ley.

De una lectura de las normas asignadas con los números 3 y 6 de su códice fluye que su autor es un monarca cuyo padre “de digna memoria” también lo fue y, además, “ya mandó en otra ley”.

Si consideramos que el palimpsesto de París es del siglo VI, el rey autor de este código debió vivir en este siglo o en el anterior y, además, ser hijo de otro legislador. No existen sino estas dos posibilidades para individualizar al monarca en cuyo reinado se dictó la ley atribuida a Eurico, si seguimos la huella del texto legal citado.

En el capítulo 6 del Código de Eurico se prohíbe dilucidar pleitos planteados en época del padre del monarca que legisla. Este podía ser Teodoredo o Teodorico II. Esta disposición se relacionó con un texto semejante de la Lex Burgundionum que tenía idéntica cláusula prohibitiva: no podían verse los pleitos interpuestos antes del año 451 que corresponde a la batalla de los campos Cataláunicos donde Teodorico I perdió la vida.

Se cree que este precepto legal fue copiado del palimpsesto con idéntica finalidad: el año 451 es el de la prohibición de que se evocara el conocimiento de cualquier litigio iniciado antes del año 451 por lo que el texto legal tuvo que ser posterior a esta fecha.

Por todo ello, solo a tres monarcas podría corresponderles el periodo en que se dictó el Código, Turismundo (451-453), Teodorico II (453-466) y Eurico (466-484) ya que los tres tuvieron como progenitor a un monarca legislador que fue Teodorico I. Siguiendo la ruta señalada por San Isidoro que hemos transcrito en el sentido de que bajo el reinado de Eurico los godos empezaron a regirse por leyes, su autor tenía que ser Eurico.

García-Gallo, como expresamos, ha llegado a formular en 1974 una notable revisión sobre este tema partiendo de la negación en esta coincidencia que hemos mencionado entre el texto del artículo 277 del palimpsesto y el de la Lex Burgundionum, por lo que queda invalidada también la tesis de que el Código atribuido a Eurico fue formulado entre los años 451-481.

García-Gallo expresa que los textos de San Isidoro y Sidonio Apolinar se refieren a que Eurico promulgó leyes más no fue codificador a cuyo periodo pertenece el palimpsesto que se encuentra en París. García-Gallo atribuye su autoría a Teodorico II, hermano de Eurico, ya que el principio prohibitivo de revisar causas sentenciadas durante el reinado de su padre sobre el reparto de tierras es más probable situarlo a la muerte de Teodorico I en el año 451. Teodorico II inició su reinado dos años después y Eurico ascendió al trono tres lustros después. El profesor español José Antonio Escudero ha calificado de “arriesgada” la tesis revisionista de García-Gallo, ya que Teodorico II resultó ser autor de varios cuerpos jurídicos lo que hubiera originado su paternidad en varios textos extensos y diferentes entre sí, lo que no es lógico. Además, cabe la siguiente pregunta, ¿dictó Teodorico II el Edictum Theodorici y además el codex atribuido a Eurico? No parece sostenible esta tesis.

De otro lado, los historiadores del Derecho han repetido que el rey visigodo Leovigildo “corrigió las leyes de Eurico, añadió algunas nuevas y excluyó otras”, lo que conlleva a afirmar la existencia de un texto patrón que sirvió de guía y que debe ser imputable a este monarca sentándose el principio de la personalidad del reino visigodo frente al Imperio. El Código de Leovigildo se rastrea en el Líber Iudiciorum como antiquaea.

Conceptuamos que con el mérito de estas dos razones, el texto legal visigodo encontrado por los monjes maurinos corresponde a los años del reinado del monarca Eurico, fijándose su fecha después del año 469 en que venció el plazo de 50 años para reclamar el reparto de tierras entre godos e hispano-romanos.

La costumbre

Si la costumbre era la fuente esencial del Derecho visigodo, encontró serias restricciones en España porque la Iglesia emprendió una lucha tenaz contra ella. Además, el Derecho Romano llegó a imponerse sobre los grupos visigóticos con lo que la costumbre perdió fuerza.

Existió entonces una variación en cuanto a la fuerza de la costumbre que está conforme a la ley, pero en el Líber Iudiciorum no tiene explicación ya que existió la norma de que no existía la posibilidad de cesar ni la costumbre ni la equidad, debiendo el rey definir la materia dudosa con su decisión.

No obstante esta recusación a la costumbre, ésta subsistió en el estrato popular. Se mantuvieron las ordalías del agua hirviendo y del hierro candente. Fue frecuente la práctica de las donaciones de joyas y telas (morgengabe) del novio a la novia a la mañana siguiente de la ceremonia del matrimonio.

La organización judicial de los visigodos

Antes de establecerse los visigodos en territorio romano, su sistema judicial reposaba en las asambleas populares. Establecidos los visigodos en las Galias y en la Hispania, la jurisdicción popular perdió importancia. Con la consolidación hispano-goda, la organización de la justicia adquirió un matiz propio. El rey asumió jurisdictio por sí o por medio de jueces menores. Estos últimos podían ser asesorados por consejeros a la manera de los magistrados jurisdiccionales romanos del Bajo Imperio o como una supervivencia de la asamblea judicial germánica.

El Líber –en resumen– es una obra que trasciende el órgano que lo creó, el reino hispano-visigodo. Es así como esta obra es utilizada por los mozárabes en algunas regiones de la península como Derecho común hasta el siglo XIII. Avanzada la reconquista y en conjunto con su traducción a la lengua romance, en el llamado fuero juzgo, es utilizado en varias ciudades del sur de la península.

Influyó también la legislación visigótica en la formación del Derecho castellano y, a través de diferentes formas, el fuero juzgo tuvo vigencia en España hasta comienzo de la codificación en el siglo XIX.

A fin de adoptar una toma de posición sobre las posturas de la personalidad de las leyes o de la territorialidad en sus variaciones lenta o acelerada, debemos efectuar algunas acotaciones. La personalidad pura era imposible que haya existido dentro de los hispano-godos por la conjunción existente entre el mosaico de los grupos nacionales que comprendían. Esta mezcla hizo imposible que se aplicara un sistema de Derecho personal más allá de su territorio.

Tampoco puede interpretarse el término derogación con un criterio normativista, sino más bien en incidencia con los litigios que estaban en giro. Por esta razón, resulta conveniente precisar, tomando la muy valiosa opinión de Alvaro D’ors, a quien siempre debemos escuchar en este tema, que el Breviario de Alarico no derogó el Código de Eurico, sino corrigió algunos textos de su cuerpo jurídico para evitar dudas en la solución de los litigios.

Por esta razón, adoptamos la sólida tesis sostenida por el profesor José Manuel Pérez Prendes que se condensa en la forma siguiente: las leyes del Estado visigótico fueron hasta una época avanzada de vigencia nacional o territorial y el principio de personalidad operó solo en el Estado franco y no en el visigodo.

Es abogado peruano.

Tomado de: abogadomype.wordpress.com

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