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El Derecho en la antigüedad

Una de las primeras formas fue “la auto defensa”; las personas tomaban la ley por sus propias manos, fue la época de la ley del talión (ojo por ojo, diente por diente). Hoy en día, los linchamientos son resabio de ese periodo.

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Gaceta Jurídica FOTO: romaguerratotal.com

La Razón (Edición Impresa) / Leonardo Delgado Azaña*

00:00 / 10 de marzo de 2015

El comienzo real de la existencia humana es todavía un escenario desordenado lleno de misterios y enigmas. Sin embargo, resulta obvio que toda comunidad humana, por más reducida o embrionaria que haya sido, requería para sobrevivir la existencia de ciertas reglas obligatorias y mandatarias que hicieran viable la convivencia pacífica de los miembros de cada unidad societaria.

En la antigüedad no existía el proceso; las personas solventaban sus problemas en una forma cavernícola. Por eso es que en la historia se narra “formas antiguas de resolver los conflictos”.

Una de las primeras formas fue “la auto defensa”; las personas tomaban la ley por sus propias manos, fue la época de la ley del talión (ojo por ojo, diente por diente). Hoy en día, los linchamientos son resabio de ese periodo.

Una segunda forma fue “la auto composición”; las personas pedían perdón, alguien le robaba una vaca a una persona y al tiempo volvía con dos vacas y pedía perdón. Resabio de esa época es que en algunos lugares de Guatemala se acostumbra robar a la novia, a los 15 días se pide perdón y se fija la fecha de la boda.

Y la tercera forma fue “la heterocomposición”; las personas buscaban un tercero.

Resabio de ese tiempo es el arbitraje;  aún en algunos pueblos se acostumbra que cuando las personas tienen problemas buscan al más anciano para que les resuelva el conflicto a través del consejo y eso se convierte en un laudo arbitral, el cual es de obligatorio cumplimiento.

La Teoría General de Proceso es la encargada de estudiar este mecanismo y lo estudia desde antes de que existiera; es por ello que hoy en día la forma más civilizada de resolver los conflictos se llama “PROCESO”.

Pero la Teoría General del Proceso no solo estudia al proceso, estudia la acción, la excepción, la jurisdicción, la competencia, las actitudes de las partes y toda la actividad jurisdiccional del Estado. El tema que se trata en este espacio es de mucha importancia para la formación de un futuro abogado, ya que el abogado tiene una estructura y esa estructura es la Teoría General del Proceso (son los cimientos); sobre ella se construyen pilares fundamentales.

En el periodo paleolítico, como los humanos sustentaban su vida sin un lugar fijo de residencia y subsistían por la caza y la pesca, solo existían las hordas trasmutantes y promiscuas.

Luego, en el periodo neolítico los seres humanos domesticaron animales, fijaron su residencia en un lugar determinado estrechando lazos familiares por vínculos sanguíneos, es decir, se consolidó la familia y surgió la aldea.

También apareció una noción de derecho de propiedad: lo mío es mío y lo tuyo no es mío; asimismo, la costumbre se convirtió en regla mandataria, el uso reiterado de una práctica determinada se tornó en un precedente para regular un determinado comportamiento, que es aceptado y respetado por todo el grupo para hacer llevadera  su existencia.

Grecia Época oligárquica

Las funciones judiciales correspondían al rey. Las leyes no estaban escritas, sino que se trasmitían oralmente de padres a hijos. Los procesos judiciales eran mero intento de medias entre litigantes, correspondiendo a los ancianos la facultad de pronunciar sentencia.

Época del arcontado

Arcontes es una palabra griega que significa “mando” o “dirigencia”. Los arcontes eran los magistrados que ocupaban los puestos más importantes del gobierno de la ciudad. Tras implantación del sistema del arcontado, las funciones judiciales pasaron a ser detentadas por los nueve arcontes, quienes, además de presidir los tribunales, pronunciaban sentencia.Época de Solón

Solón fue un poeta, reformador y legislador ateniense, uno de los “siete sabios de Grecia”. Con las reformas de Solón, los arcontes solo acogían las demandas, mientras las sentencias eran pronunciadas por jurados populares.

Los tipos de pleitos eran: Arconte epónimo: Relacionado con las familias. Arconte rey: Carácter religioso u homicidio. Arconte polemarco: Sobre extranjeros. Tesmotetes: Mantenían al día los códigos legales.

Época de Dracón

Uno de los primeros códigos escritos fue el del ateniense Dracón, famoso por la dureza de las penas que establecía. También los espartanos tuvieron su legislador, Licurgo, quien, inspirado por Apolo, habría fijado por escrito las normas en la que luego se basó en el régimen espartano.

Época democrática

En la Atenas democrática el órgano judicial por excelencia era el tribunal popular de la Helia, formado por 6.000 ciudadanos mayores de 30 años, quienes prometían aplicar la ley con imparcialidad y que recibían una pequeña cantidad de dinero por su trabajo. Para que fuera más operativo, sus integrantes se dividían en 10 tribunales de 500 miembros, más otros 100 de reserva.

Roma

Funciones judiciales

En Roma, las funciones judiciales estaban fundamentalmente en manos de los pretores. El conjunto de normas que regulaba la vida de los ciudadanos y de la relación de éstos con el Estado constituían el Derecho civil; en cambio, las normas que regulaban las relaciones del Estado romano con los extranjeros era el derecho de gentes.

Tipos de encargados

Praetor urbanus. Velaba por las normas que consti-tuían el Derecho civil.

Praetor peregrinus. Velaba por las normas del derecho de gentes.

Los ediles. Se encargaban de juzgar delitos leves, los tribunos de la plebe intervenían en multitud de caso índole criminal.

Los cónsules. Podían entender los crímenes contra la patria y los delitos religiosos.

Los censores. Ejercían una especie de vigilancia moral sobre la ciudad.

Las asambleas populares. Actuaban de tribunal en los delitos que podían ser castigados con la pena de muerte.

Pretores. Se encargaban de los procesos por delitos públicos, eran los garantes del orden jurídico.

Época imperial

El emperador también tenía funciones judiciales, pudiendo entender todo tipo de cosas.

La lucha del pueblo fue dura contra la aristocracia por conseguir que el derecho consuetudinario tradicional fuera fijado por escrito para evitar interpretaciones interesadas e injustas.

La contribución romana al Derecho pasa por ser una de las grandes creaciones de los romanos, pueblo legalista y práctico ante todo. Desde el primitivo código de las XII Tablas hasta la mayor recopilación de Derecho, el Corpus iurius civilis, hecho durante el reinado del emperador de Oriente Justiniano, se produjo una lenta pero constante evolución de las normas legales romanas.

Una de las más importantes, al menos de los últimos siglos de la República, fueron las leyes. Una ley era toda aquella propuesta legislativa que un magistrado presentaba a consideración de las asambleas populares, éstas la aprobaban por votación y recibían el visto bueno del Senado.

1. Los senados consultos. Es cualquier iniciativa legal votada y aprobada por el Senado.

2. Los edictos. Eran las normas publicadas por un magistrado durante su gobierno y que suponían una interpretación particular por parte de éste.

3. Las constituciones imperiales. Eran las normas jurídicas emanadas del emperador, el cual asumió también el poder legislativo a partir del emperador Augusto.

De todas las fuentes jurídicas arcaicas del Medio Oriente, la más divulgada e importante desde el punto de vista jurídico es el Código de Hammurabi, pues no existen en su texto reglas morales y religiosas.

A partir de este código apareció un principio elemental:

A medida que avanza la evolución jurídica, cada vez es menor la referencia legal a los orígenes divinos, rompiéndose los estrechos lazos con la religión; igualmente, con los orígenes hititas no aparecen cláusulas morales ni religiosas, con lo que se acentúa un principio en la evolución del Derecho: la ley es una obra humana y no se confunde ni con la ética ni con la moral.

Fue a partir de los romanos –quienes fueron los primeros en llamar al Derecho con el término IUS, por su descendencia de los términos IUSSUM y IUBERE, entendidos como sistema de mandatos y usos relativos a mandar– que el estudio del Derecho comenzó a distinguir diversas estructuras o manifestaciones como formas de concebir el concepto de Derecho.

Desde esta época, por ejemplo, se comenzó a diferenciar entre el Derecho subjetivo y el objetivo. El primero como inherente a la persona activa o, pasiva- mente, como titular de derechos reales que la hacen acreedora en una relación obligatoria y se plasman como potestades o capacidades de la persona para hacer o impedir que se haga algo, es decir, como garantías que debe tener para hacer o exigir todo lo que la ley establece a su favor o le permite quién puede hacerlo.

El segundo como la norma escrita o expresión material del poder existente bajo la forma del conjunto de los mandatos jurídicos y, en especial, de las leyes.

A partir de las diferenciaciones hechas por los romanos, hoy se conoce como Derecho subjetivo al poder que tiene cada individuo para mandar en tutela de los propios bienes e intereses, lo cual comporta el reconocimiento del individuo y, en particular, de sus propiedades, incluido su cuerpo, su vida y la integridad de los mismos. Es decir, el Derecho subjetivo es la autoridad que tiene cualquier miembro de la sociedad para realizar tal o cual acto, de gozar o usufructuar determinados bienes y de exigir tal o cual privilegio de otros individuos o de la colectividad; en este sentido, el Derecho subjetivo también hace referencia a la facultad de hacer o exigir todo lo que la ley o la autoridad establecen a nuestro favor, o lo que el dueño de una cosa nos permite sobre ella. En síntesis, el Derecho subjetivo son las potestades o derechos que corresponden al individuo en cuanto tal.

El fundamento último del Derecho subjetivo está en el criterio de proximidad de la persona consigo misma, en el sentido que afirmaba Terencio, de que Proximus sunt egomet mihi, o sea, en la medida en que “soy el ser más cercano a mí mismo” o lo que es igual “yo mismo soy mi prójimo”.

La proximidad con el propio ser, manifestada en el propio cuerpo, es una forma de proceder que constituye a la naturaleza humana, integralmente asumida como cuerpo y como persona en sujeto de derechos como algo vital y existencialmente asumido; y, en cuanto tal, valorado y respetado en el proceso de reconocimiento de derechos y obligaciones fundamentales en el medio social. Este reconocimiento del cuerpo es, además, el punto de partida de todo derecho –pues, no solo soy un cuerpo, sino que también tengo un cuerpo–. Este respeto vale para toda persona en igualdad de condiciones, pues la dignidad no tiene escalafón ni estratos, la dignidad humana es igual para todos los seres humanos, desde el rey o el presidente, hasta el policía, el vigilante o el indigente.

Los cargos y posiciones sociales no dan mayor dignidad a la persona en cuanto tal y esto vale para los grupos minoritarios, indígenas, negros, excluidos sociales, diferentes sexuales, los que piensan y actúan de modo diferente a como lo hace la mayoría. Esta realidad ha sido interpretada en lenguaje poético por Arthur Rimbaud (1854-1891) cuando afirmó que “la mano que maneja la pluma vale tanto como la que conduce el arado”.

El Derecho objetivo, por otro lado, ha sido visto como el conjunto de los mandatos jurídicos y, en particular, el conjunto de las leyes que rigen a un conglomerado humano. Se le considera, además, el conjunto de principios y normas que expresan una idea de justicia y de orden y, por tanto, se emplean para regular las relaciones entre los hombres en toda sociedad y para garantizar su propia eficacia, cuya observancia puede ser impuesta de forma coactiva.

En otras palabras, se considera como Derecho objetivo al conjunto del ordenamiento jurídico de la sociedad y, en consecuencia, éste puede tener diversas formas o aristas, según el aspecto de la vida social que regule.

Refiriéndose al derecho objetivo, Francesco Carnelutti lo ha definido genéricamente como “conjunto de leyes que regulan la conducta de los hombres”; concepto que es de aceptación generalizada, incluso para las disciplinas científicas que se encargan de su estudio.

La definición de Carnelutti hace referencia a la forma que adquiere el Derecho cuando se erige en ley general, en nomos regulador –sin importar que su formulación venga de una determinación individual del soberano o del consenso mayoritario– expresado por medio de la positivización que implica el cumplimiento obligatorio para individuos y grupos dentro de una sociedad dada, como imposición que la sociedad hace a sus miembros para garantizar su estabilidad y el bien común, de todas maneras, el Derecho representa la voluntad general

Desde la época de los romanos, esta división prefiguraba una forma de ver el Derecho en doble vía, la cual dio origen a las concepciones bidireccionales de derecho natural-derecho positivo; derecho adjetivo-derecho sustantivo y otras.

Código de Hammurabi

Se sitúa aproximadamente entre 1762 y 1750 a.C, es uno de los conjuntos de leyes más antiguos que se ha encontrado y uno de los ejemplares mejor conservados. Es un conjunto de normas legales ya existentes entre los sumerios y en las antiguas civilizaciones que se desarrollaron en Mesopotamia, adaptadas a una sociedad constituida por tres clases o estratos sociales, el de los hombres libres, compuesto por los nobles; el de los campesinos y el de los esclavos.

El Código de Hammurabi fue el primer código legal de la historia. Su contenido es posible conocer merced al hallazgo, por parte de arqueólogos franceses en 1902, de una losa de basalto (estela) en la que están escritas las normas con caracteres cuneiformes, en lengua acadia. El descubrimiento fue realizado en Susa, Persia, lugar al que fue conducido como trofeo de guerra por los elamitas en el siglo XII a.C, actualmente es conservado en el Museo del Louvre, en París. Mide casi 2,40 metros de alto y posee 3.600 líneas.

Su importancia radica en establecer la aplicación de sanciones por parte de un organismo estatal específico, reemplazando la venganza privada y compilando las costumbres de los sumerios.

La parte superior consta de la imagen de un rey erguido recibiendo del dios Ashmash, dios del Sol y la justicia, las reglas a cumplir, luego existe un prólogo, 282 leyes y un epílogo, con ellos se regula la vida social y económica en todos sus aspectos, estableciendo un riguroso e implacable sistema penal.

El prólogo explica los motivos que lo inspiran a la redacción de este sistema de leyes y comienza así:

“Cuando Anu y Enlil, señores del cielo y de la tierra que determinan los destinos del mundo, entregaron a Marduck, hijo de Ea, el dominio de la humanidad; cuando ellos lanzaron el nombre de Babilonia y lo hicieron grande hasta los cuatro ángulos de la tierra…, me llamaron a mí, Hammurabi, el príncipe excelso, el que honra a los dioses y hace prevalecer la justicia sobre el suelo para destruir el mal, para que el fuerte no abuse del débil y para que yo pueda, como Ashmash, levantarme sobre los hombres de cabeza negra para mejorar la tierra y llevar la bendición a los humanos…”

Los castigos eran muy crueles, estableciéndose, por lo general, la conocida “ley del talión” que significaba “ojo por ojo, diente por diente” o sea que quien cometía un delito sería sancionado con un padecimiento similar al daño ocasionado.- Por ejemplo, “si un hombre destruye el ojo a otro hombre, se le destruirá el ojo”, “si un hombre destruye el hueso a otro hombre, se le romperá un hueso a él”, “si un hombre hace un agujero delante de una casa para entrar a robar, se le matará y enterrará delante del agujero”, “un falso testimonio sobre grano o moneda se castigará con pagar la cantidad que él ha acusado a otro”.

La pena de muerte era frecuente aun para delitos menores como la vagancia. Sin embargo, llegó a distinguir entre el homicidio intencional y el accidental.

Había igualdad ante la ley relativa, atenta a la existencia de una sociedad profundamente jerarquizada, donde la protección legal no alcanzaba en modo alguno al último escalón, compuesto por los esclavos (wardum), cuya posición provenía de las guerras o por deudas impagas. Establecía, por ejemplo, que “si un hombre encarcela a otro por deuda y éste muere en casa del acreedor, no hay razón de más disputa”.

Sin embargo, siendo los esclavos propiedad de un dueño, el atentado contra su físico ocasionaba un daño susceptible de ser reparado aunque con valor menor. Esto estaba establecido así: “si un hombre destruye o rompe un hueso de un esclavo, pagará media mina de plata”. El mismo daño ocasionado a un liberto (esclavo que ha recuperado su libertad) determinaba una condena de una mina de plata. Con respecto a la familia, si bien las normas eran sumamente estrictas y establecían la superioridad del hombre, existió respeto hacia la figura femenina. En algunas de las setenta disposiciones sobre este tema se disponía que “si un hombre toma esposa y no ha hecho contrato, el matrimonio no es legal”, “si se sorprende a la esposa de un hombre acostada con otro hombre, se atará a los dos adúlteros y se los echará al río. El marido tiene derecho a perdonar a la esposa y el rey puede también salvar al hombre”, “si un hombre ha abusado de una virgen que vive con su padre, él será condenado a muerte y ella quedará libre”, “si un hombre acusa sin pruebas a una mujer de haber dormido con otro hombre, ella puede justificar su inocencia con un juramento e irse a casa de su padre…”

Un poco más protegidos estaban los trabajadores, quienes dependían del Templo o del Palacio (mushkenum) y por encima de ambas categorías estaba la de los awilum, constituida por la burocracia real, los oficiales del ejército y los propietarios de tierras.

En el código son tratados también el robo, la actividad agrícola (o pecuaria), el daño a la propiedad, los derechos de la mujer, los derechos en el matrimonio, los derechos de los menores, los derechos de los esclavos, el homicidio, la muerte y las lesiones. El castigo varía según el tipo de delincuente y de víctima.

Las leyes del Código de Hammurabi (numeradas del 1 al 282, aunque faltan los números 13, 66 a 99 y 110 a 111) están escritas en babilonio antiguo y fijan diversas reglas de la vida cotidiana. Norman particularmente:

-La jerarquización de la sociedad, donde existen tres grupos, los hombres libres o awilum, los mushkenum (quienes se especula podrían ser siervos o subalternos) y los esclavos o wardum.

-Los precios, en los que los honorarios de los médicos varían según se atienda a un hombre libre o a un esclavo.

-Los salarios, que varían según la naturaleza de los trabajos realizados.

-La responsabilidad profesional, por ejemplo, si un arquitecto ha construido una casa que se desplomó sobre sus ocupantes y les causó la muerte es condenado a la pena capital.

-El funcionamiento judicial, pues la justicia la imparten los tribunales y se puede apelar al rey; los fallos deben ser plasmados por escrito.

-Las penas, pues aparece inscrita una escala de penas según los delitos y crímenes cometidos. La base de esta escala es la ley del talión.

Las leyes no admiten excusas ni explicaciones en caso de errores o faltas; el código era puesto a la vista de todos, de modo que nadie pudiera alegar ignorancia de la ley como pretexto. Cabe recordar, sin embargo, que eran pocos (escribas en su mayoría) los que sabían leer y escribir en aquella época.

Continuará

*    Es abogado peruano.

Tomado de: abogadomype.wordpress.com

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