La Gaceta Jurídica

El Derecho y sus problemáticas metodológicas

En las siguientes líneas analizaremos brevemente algunas de sus reflexiones que se generan a partir de las citadas interrogantes.

La Gaceta Jurídica / María Teresa Vizcaíno López

00:00 / 15 de octubre de 2013

El Derecho, como ciencia socio-cultural, es una actividad problemática que se edifica en la investigación profunda e interdisciplinaria a fin de lograr el análisis y cuestionamiento del ordenamiento normativo, sin descuidar el contexto socioeconómico que le da la vida y le determina.

Pocos son los autores que se han ocupado del desarrollo de la investigación jurídica; Héctor Fix-Zamudio, destacado jurista mexicano, a través de un trabajo académico intitulado “En torno a los problemas de la Metodología del Derecho” y que, con otros estudios, constituye la obra Metodología, Docencia e Investigación jurídicas, nos introduce a reflexiones ius-metodológicas que giran alrededor de las siguientes interrogantes: ¿existe una ciencia jurídica?, ¿cuáles serían las características de su objeto de estudio?, ¿puede hablarse de un método propio de la ciencia del Derecho, es decir, de un método que pueda calificarse de jurídico?, ¿qué aspectos constituirían la metodología del Derecho? y ¿cuáles serían los problemas ius-metodológicos a los que se enfrentaría el profesional jurídico? (1).

En las siguientes líneas analizaremos brevemente algunas de sus reflexiones que se generan a partir de las citadas interrogantes.

Según la apreciación de los “científicos”, el Derecho como producto socio-cultural es abordado, aparentemente, por diversas disciplinas; sin embargo, éste no podrá considerarse objeto de conocimiento científico, ya que no reúne las características para serlo. Si partimos de esta afirmación es para argumentar lo contrario, ya que el Derecho es una realidad verdadera: concreta para algunos estudiosos, universal para otros.

Se ha dicho por los diversos autores que el Derecho puede ser objeto de estudio por el Derecho; pero ¿acaso el éste es un campo científico multidisciplinar o un tapiz de ciencias? En ambos casos podrían manejarse argumentos para invalidar estas premisas: si consideráramos como válido el primer supuesto, el Derecho sería un entretejido epistemológico que erróneamente se ha constituido por carecer de objeto físico.

En el segundo de los casos podríamos hablar de un tapiz, pero “acientífico”, integrado por “disciplinas” jurídicas fundamentales, especiales y auxiliares; pese a ello, el Derecho sí es una ciencia, en toda la connotación de la palabra, ya que posee una cimentada edificación intelectual que permite estudiar a su objeto, empleando para ello las técnicas, recursos y procedimientos necesarios para lograrlo.

Quienes dudan esto es porque no comprenden la naturaleza del Derecho: idea y materia, contenido y forma, “deber ser” y “ser”; visto así, el Derecho es un objeto abstracto y físico, no sólo un sistema ordenador de conductas para lograr el bien público temporal, sino una relación teleológica-estimativa ordenadora del entorno social.

La problemática de aceptar al Derecho como objeto de estudio emana de intentar aprehenderlo con los rasgos característicos de los objetos físico-naturales, pues éstos no contradicen los criterios de ordenación causal, mientras que el objeto de la Ciencia del Derecho sufre modificaciones dialécticas entre sus formas y contenidos; este juego entrecruzado se plantea entre la forma accidental y el contenido del Derecho, ya que la forma sustancial pareciera ser inmutable y no participar en este juego dialéctico. Sin embargo, la forma no existe en la idea del Derecho y ésta es real en la medida que está adherida a la forma; forma que se conjuga y estructura a partir de la esencia de lo jurídico.

La sustancia del Derecho al ser procesada en el concepto Derecho se plantea como una respuesta lógica-tangible de lo que “debe ser” el Derecho; esta labor sólo puede desarrollarse por la ciencia. En otras palabras, el Derecho se construye sobre la base de determinada concepción filosófica que permite “…la elaboración, investigación, enseñanza y aplicación del derecho” (2).

Ha existido gran controversia por parte de los estudiosos a la hora de fijar los aspectos que constituyen la metodología jurídica, ya que ello depende del enfoque con el cual se aborden los contenidos jurídicos; independientemente de estas aristas, debe ocuparse una metodología para la elaboración del Derecho, para la investigación y conocimiento de éste, para la aplicación de normas y reglas de Derecho y para la enseñanza y aprendizaje de él, que según Rafael De Pina, en su programa de metodología del Derecho, constituye la problemática de la metodología jurídica (3).

A través de la metodología aplicada a la elaboración del Derecho, es posible la “elaboración científica” y la “elaboración reconstructiva” del Derecho (4); no es sólo exponer, de forma ordenada y coherente, los preceptos jurídicos que se hallan en vigor en una época y lugar determinado y el estudio de los problemas relativos a su interpretación y aplicación, sino estructurar gramatical, lógica, histórica y sistemáticamente las formas y contenidos jurídicos.

Pero el conocimiento de éstos no se logra sino se “piensa problemáticamente”, actitud que se efectúa a través de la experiencia de la investigación (5); también es importante, la postura axiológica, ya que así el profesional del Derecho, actuará “… de acuerdo con su ciencia y conciencia…” (6).

Para lograr tales objetivos es menester formar metodológicamente a los futuros profesionales del Derecho, cimentando el proceso de enseñanza-aprendizaje en un criticismo constructivo, en una activa participación de sus agentes y en una axiología reconstructiva; desafortunadamente, nuestro escenario jurídico es gris, una de las “causas fundamentales” de la decadencia de la abogacía, como lo apreciaría Piero Calamandrei, es generada por “…la defectuosa organización de los estudios y en la falta de métodos de la enseñanza …” (7).

En nuestra realidad, la postura filosófica que ha imperado en la formación de los profesionales del Derecho ha sido subsanar las posibles coyunturas y disyuntivas teóricas que obligan a la reflexión y sólo se limita a la asimilación de conceptos formales; la labor de los centros educativos se ha centrado en la exposición magistral de conocimientos jurí- dico-positivistas y en la erradicación, en la mayor medida posible, de conocimientos propios de las asignaturas que permitan la comprensión de aspectos materiales.

Pedagógicamente ha implicado que los planes y programas de estudio se centren en el aprendizaje “casi memorístico” de definiciones y conceptos dogmáticos. Es necesario que el futuro profesional del Derecho tenga por lo menos un pequeño acercamiento a aquellas disciplinas que le permitan entender al Derecho desde su esencia y accidentes; en su interior y exterior; en su concreción y su abstracción; en su nacimiento, evolución y hasta en su posible, abolición o desaparición (8); en su legitimidad y su eficacia...

De nada sirve etiquetar de “científico” al Derecho si no existen científicos-jurídicos capaces de enfrentarse intelectualmente a posturas escépticas y/o dogmáticas. Por ello, estamos de acuerdo con Héctor Fix-Zamudio de que el Derecho se cimenta, con sus diversos enfoques, en una metodología jurídica.

Notas

1. Véase: Fix-Zamudio, Héctor. Metodología, Docencia e Investigación jurídicas. 8ª ed., México, Porrúa, 2000, pp. 13-53.

2. Ibídem, p. 22.

3. Ídem.

4. Ibídem, p. 30.

5. Ibídem, p. 39.

6. Ibídem, p. 45.

7. Ibídem, p. 46.

8. Véase: Marx, Carlos y Federico Engels. Manifiesto del Partido Comunista. México, Ediciones Quinto Sol, s/f., pp. 26-49.

Es profesora de Metodología jurídica y Filosofía del Derecho, Universidad Latina de América, México.

Tomado de: unla.mx

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia