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Dilemas recurrentes del retraído “cambio”

Al analista plantea un diagnóstico de la coyuntura nacional desde el punto de vista del agotamiento de los paradigmas del partido de gobierno, la “transformación” del Estado y los eventos recientes. De esta forma, examina el papel de la Asamblea Legislativa en relación a la Cumbre Social y el tema de la dimensión económica en general.

Los representantes  en la Cumbre Social “entregaron” agenda al Órgano Legislativo.

Los representantes en la Cumbre Social “entregaron” agenda al Órgano Legislativo. Foto: Archivo La Razón

La Gaceta Jurídica / Henry A. Pinto Dávalos

00:00 / 27 de enero de 2012

Para nadie es desconocido que desde la puesta en marcha de la Nueva Constitución, en febrero de 2009, el Gobierno se trazó la meta de construir todo el andamiaje institucional del nuevo Estado, incorporando la etiqueta de “plurinacional” a todo evento o institución que se puso a su paso, logrando de este modo –aún de manera parcial– “refundar” algunas instituciones.

Entre ellas están el Tribunal Constitucional Plurinacional (tcp) y el Tribunal Supremo de Justicia (tsj), además ser previó la promulgación de las cinco leyes fundamentales (Ley del Órgano Electoral Plurinacional, Ley del Régimen Electoral, Ley del Órgano Judicial, Ley del Tribunal Constitucional Plurinacional y Ley Marco de Autonomías y Descentralización), que eran vistas como los pilares del Nuevo Estado.

Hoy en día, esta necesidad ha anclado el “proceso de cambio” en una perspectiva burocrática y legalista sin sentido alguno. Todo el debate histórico del cambio, parece haberse concentrado a la discusión de unas cuantas leyes, que por más revolucionarias que pretendan ser, no logran mejorar la calidad de vida de la gente ni menos dar respuesta a las múltiples exigencias que se plantean día a día.

Sumado a ello, las nuevas exigencias emergentes de la Cumbre Social de Cochabamba (enero 2012), consistentes en la necesidad de aprobar y gestionar un nuevo paquete de leyes (casi 70 propuestas), tan intrascendentes como aquellas referidas la protección de testigos o la de agentes encubiertos en materia de corrupción.

En todo caso, se debe apuntar que si bien existe la necesidad de consolidar todo el andamiaje institucional del Nuevo Estado Plurinacional, sin embargo, el hacerlo no debe descuidar la real perspectiva del cambio, es decir, la perspectiva revolucionaria, que brinde respuestas a la gente y que retome la idea de la política como un espacio público de debate donde se defina el curso de la Nación y se construyan verdaderos paradigmas colectivos.

Curiosamente a la par que se daba este desarrollo institucional del Nuevo Estado, el Gobierno nacional, de modo abrupto, decidió dar por cerrada la Agenda de Octubre (Nacionalización de Hidrocarburos, Recuperación de los Recursos Naturales y Nuevo Modelo Económico), para dar paso a una nueva Agenda Nacional, que resuma los objetivos a seguirse los próximo años de Gobierno, convocando para tal fin a la famosa Cumbre Social en Cochabamba con la finalidad de construir “participativamente esta Nueva Agenda”.

Sin embargo, la citada Cumbre quedó lejos –muy lejos– de lograr tal propósito, arrojando, al contrario, una especie de “agenda legislativa” (más de 70 leyes a ser aprobadas), lo cual nos deja dos lecciones: por un lado, una fuerte crítica a rol de la Asamblea Legislativa Plurinacional que, en los hechos, se ha visto superada por la Cumbre Social que le ha tenido que imponer una agenda legal a seguir y, por el otro, la ausencia de una perspectiva histórica en el actual proceso de cambio, expresado en el agotamiento programático del Gobierno, capaz de guiar y motivar nuestro horizonte los próximos 10 o 15 años.

A todo ello se debe sumar que, definitivamente, el 2011, en términos políticos, ha sido el peor año para el Gobierno, no sólo porque se ha dado una ruptura real con los pueblos y los líderes de las tierras bajas (Oriente, Amazonía, cidob (Confederación Indígena del Oriente Boliviano), etc.), sino también porque se ha puesto en tela de juicio el carácter indígena del Gobierno, develando una tensión entre el paradigma industrial (construcción de carreteras, industrias, puentes, etc.) que exige el desarrollo técnico y la economía nacional y el paradigma del “Vivir Bien”, con el respeto a la Madre Tierra y a los derechos indígenas. 

Adicional a ello, se debe tener en cuenta la emergencia de nuevos líderes indígenas como Adolfo Chávez, con una perspectiva inmediata, por demás interesante.

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