La Gaceta Jurídica

“Diplomacia pop”, diplomacia de paz

Con un estudio acerca de la Diplomacia Japonesa, la economista Csilla Davalovszky, diplomada en Estudios Internacionales y máster en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid, concluyó que, a pesar de la desaceleración de la economía desde los años 90, Japón emergió como una superpotencia cultural al posicionarse como país posmoderno y, al mismo tiempo, por mantener sus tradiciones.

Japón hace adaptaciones sin perder identidad y promueve embajadores culturales de su acervo.

Japón hace adaptaciones sin perder identidad y promueve embajadores culturales de su acervo. Foto: marketiin.wordpress.com

Amelia Peña Aguilar

00:00 / 05 de mayo de 2015

Los dirigentes políticos japoneses han tomado conciencia de que se puede utilizar la cultura popular como herramienta clave de la política exterior para difundir una imagen positiva de su país en el mundo.

Política exterior japonesa de postguerra

Después de ser derrotado en de la Segunda Guerra Mundial, Japón tuvo cambios fundamentales, primero, la expansión militarista, luego la instauración de la democracia y la paz y, tercero, la rivalidad con Occidente por la cooperación con Estados Unidos.

A partir de la segunda mitad del decenio de los 40, ese país asiático se dedicó al crecimiento económico basado en innovación tecnológica, altas tasas de ahorro de su población y una sólida ética laboral de la mano de obra.

Se habló del “milagro japonés”, que luego fue cuestionado en la “década perdida” de los 90, pero, hoy Japón se ha convertido en un modelo a copiar, ya que no solo recuperó su economía devastada por la guerra, sino que es una superpotencia económica.

La cultura en el contexto de las relaciones internacionales de Japón

La diplomacia de cada país tiene una determinada misión de acuerdo a sus necesidades y objetivos históricos, la misión de la diplomacia japonesa fue “reconstruir la economía y reintegrar al país a la comunidad internacional”.

Y así se originó también la “Diplomacia Cultural Japonesa”, pues los políticos siguen persiguiendo el crecimiento económico, pero tratan de darle un enfoque más humano.

En el informe anual Diplomatic Bluebook de 1973, el Ministerio de Relaciones Exteriores de esa nación (mofa) declaró que en los tiempos que corrían ya no era posible conseguir los intereses económicos y políticos de la patria sin desarrollar un entendimiento mutuo entre Japón y los países del mundo.

El temor de Japón era el “aislamiento”, por lo que tuvo que encontrar su identidad dentro del nuevo orden interna- cional como un Estado que contribuía a la comunidad mundial.

Así comenzaron los intercambios culturales en los años 70, mejorando las misiones diplomáticas y las relaciones de Japón con los países del sudeste asiático.

También se comenzó a paliar las tensiones económicas con los miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (asean, sigla en inglés), ya que es la principal área de actividad de las empresas japonesas.

Sin embargo, en el intercambio cultural con Asia los países prioritarios de Japón eran los del sudeste asiático, no así la República Popular China o la República de Corea, a pesar de ser sus vecinos inmediatos ya que aún persistía la memoria de la guerra.

Kokusai bunka koryu

En 1972 se creó la “Fundación Japón”, que demostraba la preocupación del Gobierno por convertir el intercambio cultural en pilar de la diplomacia.

Se utilizó el término “kokusai bunka koryu” (intercambio cultural internacional) para referirse a lo que en otros países es conocido como “diplomacia cultural” o “acción cultural exterior”.

La diferencia entre ambas es que la “diplomacia cultural”, como nosotros la vemos, es una herramienta para la “protección de nuestra cultura”; al contrario, el intercambio cultural de Japón “exporta la cultura nipona al extranjero”, así como “importa las culturas extranjeras a Japón”.

Bunka no jidai

Masayoshi Ohira, político y Primer Ministro de Japón entre 1978 y 1980, escribió su famoso libro The Age of Culture (La edad de la cultura), una especie de predicción acerca de lo que iría a pasar si los gobiernos prefecturales, así como las ong y las organizaciones se involucran en las tareas de intercambio cultural del Gobierno central.

Japanese cool

Lo que Douglas McGray llama Japanese cool en su artículo publicado en Foreign policy (Política exterior) el 2002 es un estilo de vida japonesa que resulta especialmente atractivo para los jóvenes asiáticos, acompañado por la afición por los comics (manga) y los dibujos animados (anime), que no solo se han expandido por toda Asia, sino también por Estados Unidos.

Lo que es sorprendente es cómo Japón ha logrado crear una mezcla original y única de dos estilos de vida diferentes, una a partir de su milenaria historia y otra en armonía con el orden económico político mundial, estamos hablando de una especie de “doble identidad” que lo hace moverse cómodamente en Oriente como en Occidente.

Es decir que, en lugar de chocarse frente al mundo, logró adaptarse e, incluso, sacar provecho de ello; de hecho, es muy probable que existan más consumidores de cultura japonesa fuera de Japón que dentro de él.

China y Korea

Inicialmente, por su historia, estos países tenían aversión hacia cualquier cosa que hiciera Japón, sin embargo, los dibujos animados y las telenovelas japonesas introducidas a la televisión china y koreana han contribuido a mejorar la imagen que tenían de lo nipón; por otro lado, se criticaba bastante su apertura hacia el mercado occidental, pero se ve claramente que en la actualidad tratan de imitar su política exterior.

Taro Aso

El ministro de Relaciones Exteriores japonés, Taro Aso, en 2006 hizo una presentación en la Digital Hollywood Univer- sity, uno de los más importantes centros de formación de diseño de la “vanguardia contemporánea” japonesa especializado en el contenido digital, donde dijo que “una diplomacia cultural que deja de lado la cultura popular no se merece ser llamada una verdadera diplomacia cultural”.

Su discurso se refirió al importante papel de los dibujantes y empresas exportadoras de la industria pop para la promoción y difusión de la cultura japonesa en el exterior y que el anime y el manga, incluso, la música y la moda hacen lo mismo; el funcionario calificó la cultura popular de “nuevo aliado de la diplomacia japonesa”

Además, el ministro Aso se ocupó de encargar encuestas en los países donde el suyo tiene misiones diplomáticas. Los resultados fueron positivos con respecto a la imagen que se tiene de esta nación, lo que afirmó que la diplomacia japonesa debe basarse en esta buena percepción para seguir fortaleciendo la marca-país.

Taro Aso anunció reconocimientos internacionales que hoy son realidad: la creación del Premio Internacional Manga (2007), el lanzamiento del proyecto Embajador del Anime (2008) y el sistema Cultural Exchange Interns (Prácticas en el ámbito de la cultura) para estudiantes universitarios extranjeros a través de las embajadas y consulados de Japón en el exterior. También se produjo el establecimiento del premio Trend Communicator of Japanese Pop Culture (Tendencia comunicadora de la cultura pop japonesa) en 2009.

El primer Embajador del Anime, Doraemon, el famoso gato robot cósmico del siglo XXII viaja por todo el mundo difundiendo la imagen de Japón a través del cine de animación japonesa, en colaboración con las representaciones diplomáticas y consulares de este país en 116 Estados.

Enseñanzas de la “Diplomacia Pop”

El sociólogo boliviano Esteban Ticona, docente de la Universidad Mayor de San Andrés (umsa) y exdirector de la Academia Diplomática Plurinacional, tiene claras las enseñanzas de la Diplomacia Pop, porque se trata de una diplomacia de tiempos de paz de un país que, de estar devastado, se levantó de las cenizas y se convirtió en una potencia gracias a la fortaleza de su cultura.

En este marco, Ticona propuso la instauración de un diplomado para artistas en “Diplomacia Cultural de los Pueblos”, que se realizó en cuatro versiones, pero que no se mantuvo debido a la oposición de intereses particulares dentro de la Institución, siendo que la “Diplomacia Cultural” –y nos lo demuestran Japón, Korea y China, entre otros– es una excelente estrategia para, primero, preservar o rescatar nuestra propia cultura e identidad y, segundo, ganar la simpatía de los países y pueblos vecinos.

En Bolivia debemos también tomar en cuenta que las culturas de los pueblos no están divididas por una línea de puntos y rayas sobre el mapa, las personas que viven en las fronteras se relacionan y esto hace que sean creados lazos consanguíneos y de compadrazgo, que van borrando las fronteras y la cultura se va sincretizando y transformando, prohibir este tipo de relaciones en nombre de la protección cultural iría en contra de la libertad, que es un derecho fundamental de la humanidad.

La enseñanza es “no aislarse”, sino, al contrario, “adaptarse sin perder identidad”. La cultura boliviana es una de nuestras mayores riquezas y es atractiva para el mundo, por eso esta fortaleza debe ser explotada y sacar provecho de ella, pues la mejor forma de proteger nuestras danzas, vestimentas, música y costumbres es difundiendo al mundo nuestra propiedad.

Si estas expresiones no salen de nuestro territorio por acción nuestra, saldrán por otras intervenciones y serán otros y otras quienes se llevarán el crédito de nuestra cultura, así ha estado ocurriendo con países vecinos como Perú y Chile.

Fuente:

Davalovszky, Csilla, La diplomacia pop: una mirada a la diplomacia cultural japonesa. Real Instituto Alcano, 2009.

Es economista, egresada de Derecho y diplomada en Pedagogía para la educación superior y en Diplomacia Cultural de los Pueblos.

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