La Gaceta Jurídica

Discriminación

Puerta opuesta

La Gaceta Jurídica / Orlando Rojas Baspineiro

00:00 / 22 de mayo de 2012

Cada 24 de mayo de los últimos dos o tres años, Sucre se convirtió en la ciudad donde muchos extraños personajes inflan el pecho, cual palomas hartadas, parloteando de la lucha contra el racismo y la discriminación, todo a raíz de una pesadilla producida y armada hace cuatro años, donde campesinos fueron humillados por un grupo de individuos.

Éstos, realmente despistados y ofuscados, creían que con ese ultraje reivindicaban su lucha por un equivocado pedido de Capitalía Plena y, además, restañaban heridas provocadas durante la realización de la Asamblea Constituyente o, más bien, a la accidentada clausura de la misma.

Como consecuencia del accionar de esos extraviados y confundidos sujetos antes mencionados, toda una ciudad, que tradicionalmente acogió amablemente a cuanto campesino, indígena u originario llegó a ella, se convirtió en el infierno discriminador y racista que –intolerante– no aceptaba que los “indios” se acerquen a la plaza 25 de mayo.

Gentes acogedoras, con alguna doblez e hipocresía tal vez, fueron estigmatizadas continentalmente al punto que en ciudades como México se hablaba de la intolerancia y el fanatismo de los sucrenses segregacionistas.

A fuerza de “festejar” ese fatídico 24 de mayo, lo que se logró fue multiplicar y exacerbar las diferencias entre campesinos, indígenas u originarios y los citadinos, quienes hasta entonces no tenían controversias ni dificultades de ninguna naturaleza

Alejados de todo sentido común, los fabricantes del 24 de mayo de 2008 recogen hoy los réditos políticos de ese artificio muy bien planificado, quienes montaron la tramoya de mayo de 2008 fueron elegidos ministros, diputados, senadores y fungieron como autoridades en la gestión municipal anterior.

La monstruosidad, devenida en mérito, de sembrar odio y resentimiento entre chuquisaqueños realmente produjo jugosos frutos para unos pocos; para la gran mayoría dejó heridas que, aun hoy, no terminan de cerrar.

El corolario de los lamentables sucesos fue la promulgación de la Ley Contra el Racismo y toda Forma de Discriminación, instrumento que en la actualidad amenaza con caer, cual espada de Damocles, sobre cualquier persona que se aventure a mirar feo a otra, sin considerar que las mismas leyes originadas en la actual Asamblea Legislativa tienen tintes discriminatorios.

No hace falta leer toda la nueva normativa, remitámonos sólo a la Ley 025 del Órgano Judicial que en todos los artículos, donde establece los requisitos para postularse a cualquier cargo judicial, dispone que se valorará de manera particular, en la calificación de méritos, el haber ejercido la calidad de autoridad indígena originaria campesina.¿Qué significa esto? Pues simple y llanamente que se discrimina de manera flagrante, y además legal, a todos quienes no somos indígenas, originarios o campesinos y, con todo derecho, intentamos ser parte de la administración estatal, desde cargos y asignaciones relacionadas con la administración de justicia.

Ahora, ¿Es posible pasar de discriminado a discriminador? Claro que sí, justamente es lo que sucede en nuestro país en todos los ámbitos de la administración pública.

Es cierto que, hasta hace unos pocos años había un sector que, lamentablemente, estaba invisibilizado, que no tenía cabida en espacios que parecían reservados para la clase media  (profesionales, técnicos y demás especies), pero el campesino que, igualmente, contaba con alguna formación técnica o profesional no tenía acceso a esas áreas por el simple hecho de que TODOS los bolivianos somos discriminadores.

Por esa razón no se puede sindicar únicamente a Sucre como la capital del racismo, porque ese prejuicio está latente en toda Bolivia (recordemos lo sucedido al futbolista Neymar en el estadio Hernando Siles de La Paz).

Justo ahí está el logro más importante de Evo Morales Ayma, haber conseguido que sectores históricamente desplazados hayan tomado carta de ciudadanía. Hoy ya no es extraño ver a una simpática cholita detrás de un escritorio o escuchando con atención las explicaciones de un docente en las aulas universitarias.

De manera personal me alegro y me entusiasmo con este nuevo escenario, porque era injusto que bolivianos y bolivianas imaginariamente “diferentes” sean considerados por debajo de los niveles (intelectuales y sociales) del “clasemediero”, en claro menoscabo de la integridad y profesionalidad del hombre o mujer nacidos fuera de las áreas citadinas.

Me solazo cuando recuerdo un último trabajo realizado como consultor para la Gobernación de Chuquisaca, donde de 11 personas que debíamos realizar el trabajo sólo cinco éramos profesionales titulados de diferentes universidades del país, los seis restantes eran personas que se habían formado de manera técnica en institutos de apoyo que hoy existen en las provincias y algunas de ellas sólo tenían la escuela sindical, pero eran las más entusiastas en el trabajo y de ellas aprendí mucho.

Esta experiencia personal sirve para reflejar la sapiencia y el conocimiento que tiene la gente nacida fuera de las fronteras urbanas, mucho más si ese entendimiento se puede concertar con lo aprendido en la Universidad.

No obstante, la administración pública de hoy está transitando por un fenómeno extraño, una rareza que sólo puede ser provocada por el resentimiento y la animosidad de algunos y es que mucha gente vive en carne propia la discriminación “inversa”, es decir, quienes en el pasado eran parte –conscientemente o no– de esa casta discriminadora y prejuiciosa hoy son discriminados y, muy difícilmente, llegan a conseguir un espacio laboral en la administración pública.

Tiempos de revoluciones en todos los contextos, en lo económico, en lo judicial, en la salud, en la educación, ¿Revolución en la discriminación? Doloroso reconocimiento, sutil existencia, legalizada y legitimada hoy por el cuerpo normativo que rige las relaciones económico- sociales.

Dice la canción de Arjona que “si el norte fuera el sur / serían los sioux los marginados / ser moreno y chaparrito, sería el look más cotizado / Marcos sería el Rambo mexicano”, ¿Será que en este estropeado país el norte ya es el sur?

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