La Gaceta Jurídica

Elecciones “a la boliviana”

Realidades jurídicas

Gabriel Peláez Gantier

00:00 / 31 de octubre de 2014

Utilizamos la expresión de “a la boliviana” porque creemos que las elecciones realizadas en nuestro país, y no solamente las más recientes, sino prácticamente todas, tienen varias características prácticamente singulares, que nos parece no son repetibles en otras latitudes.

Hagamos un análisis de las principales particularidades que son visibles en nuestro país.

Comencemos señalando que, a pesar de las muchas encuestas realizadas y publicadas en un número superior a otras oportunidades parecidas, aquellas ni siquiera fueron necesarias. Lo decimos, porque el resultado final de la elección de Presidente y Vicepresidente e, incluso, de senadurías y muchas diputaciones ya estaba conocido de antemano.

La votación, lo único que hizo, fue confirmar o si se quiere legalizar el resultado. La oposición al “candidato-Presidente” era tan débil que su amplia derrota estaba más que cantada. Y, además, dividida era, simplemente, el acabose.

Pero, en el campo referido a la Asamblea Nacional, habrá que insistir en otra de las “maravillas” del sistema electoral. El Presidente y Vicepresidente aparecen (siendo las cabezas del Órgano Ejecutivo) en la misma boleta que, en la práctica, “vale” para elegir senadores y diputados plurinacionales, quienes son de otro órgano del Estado (la Asamblea Legislativa).

Pero, peor todavía, ni siquiera el sistema hace que el menos aparezcan en la boleta los NOMBRES de los CANDIDATOS a SENADORES Y DIPUTADOS PLURIS. Simplemente, el mal hallado sistema, SUPONE que el ciudadano que votó por el candidato a Presidente también lo hizo por aquellos otros que iba de su “cola”. O sea, “gloria al caudillo” en todos los partidos políticos. El único que finalmente cuenta es el grandioso JEFE.

¿Y el ciudadano? Que se entere de los candidatos e, incluso de los que fueron elegidos, como pueda. Qué importa, si al final acaba votando por el PARTIDO. ¿Lo demás acaso interesa? Salvo en el caso de los diputados uninominales se ha dado, una vez más, el voto “cruzado”. Es decir, apenas una parte de la ciudadanía ha votado por un candidato en forma personalizada. El sistema le permite, pero solo en parte.

Pasada la elección, si se hiciera una encuesta entre los ciudadanos que sufragaron, seguro estoy que ni los más informados y estudiosos podrán decir quiénes o sea QUÉ PERSONAS conforman la Brigada Parlamentaria de su distrito. Acerca de los demás distritos sería un imposible.

Pero ustedes se estarán preguntando: ¿y la ideología?, y los programas de Gobierno, en este último caso, tanto a nivel nacional, como departamental y local, ¿acaso no cuentan a la hora del voto ciudadano?

Pues, la verdad es que cuentan poco o nada. Son contadísimas las personas que se van a tomar el trabajo de leer y menos estudiar un programa de gobierno.

Y ¿para qué lo harían? De esos famosos programas, ¿se cumple algo? ¿No son sino meros discursos electorales? El ciudadano ya no se engaña.

Otro detalle. Los organismos electorales resaltan el hecho de que en Bolivia el ausentismo electoral está entre los más bajos a nivel mundial. Puede ser evidente, pero recordemos que en nuestro país el voto tiene carácter obligatorio.

Preguntémonos qué pasaría si no fuese así, si el voto fuera totalmente libre, ¿iría el ciudadano a votar en la misma proporción de ahora? Obviamente que de ninguna manera.

El detalle que también vale la pena comentar es el referido a la cantidad de votos blancos y nulos. Salvo lo ocurrido en la elección de magistrados del Órgano Judicial, donde aquellos superaron a los llamadas “válidos”, en la última elección se ha repetido el fenómeno de que el ciudadano en Bolivia, en gran medida, no tiene la tendencia a expresar su descontento con el voto nulo o el blanco.

Según cifras oficiales, en la última elección el número de aquellos votos sobrepasó apenas los 300.000, representando casi el 6 por ciento del total de sufragios.

En cuanto a la distribución de la ciudadanía en el país, es obvio que este detalle tiene directa relación con la forma tan desigual que en Bolivia se distribuye la población.

Hay solo tres departamentos, La Paz, Santa Cruz y Cochabamba, en ese orden, que representan el 73,5 por ciento del total de votos válidos. Esto implica que la votación en aquellos es absolutamente determinante. Lo acaba de ser porque el mas (Movimiento Al Socialsimo) en esos distritos logró votaciones del 69, 49 y 67 por ciento. Triunfo nacional, absolutamente asegurado.

Y es que el promedio de aquellos porcentajes significa el 62 por ciento, lo que implica 3.100.000 votos. O sea que ni votando en contra los algo más de 2.000.000 restantes pudieran ganar a ese partido.

Y, ¿qué fue lo sucedido en el exterior? Esto no tuvo gran repercusión desde el punto de vista cuantitativo. El artículo 27 de la nueva Constitución instauró por vez primera el voto de bolivianos que residen en el exterior. No nos parece una medida acertada, porque el ciudadano que dejó el país pues ya no tiene porqué seguir participando de la conformación de los poderes públicos. No tiene lógica.

La medida fue implementada porque se sabía que favorecía ampliamente al partido de Gobierno. Y así fue, el mas ganó en el exterior con una votación superior al 72 por ciento, una ventaja todavía bastante mayor a la que obtuvo en Bolivia.

Finalmente, otro detalle, un Tribunal Supremo Electoral (tse) tan deficiente y poco creíble que, incluso, acabó pidiendo “disculpas”. Tan malo ha sido que todo un Órgano del Estado acabó en esa situación.

Es abogado, ensayista y analista de la constitucionalidad.

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