La Gaceta Jurídica

Enfoque ético jurídico sobre el derecho de la intimidad

El Señor Justicia

Carlos Conde Calle

00:00 / 12 de septiembre de 2014

En el campo político, hablando a lo Bourdieu, la anterior semana la noticia de primera plana fue sobre los problemas privados de uno de los candidatos a diputado por un partido de oposición. Lo peor es que los medios de comunicación se encargaron de amplificar la noticia.

¿Es malo informar sobre estos hechos privados? No. ¿Y si no se informa sobre delitos de violencia contra las mujeres éstos no merecen sanción? Falso. Dicho de otro modo, independientemente de si se informa o no, igual debe existir una sanción penal.

Debemos realizar, con carácter previo, dos precisiones: a) No diremos una sola palabra sobre el componente político del tema y b) Juntaremos dos campos, no antitéticos ni contrarios, pero profundamente diferentes de la ciencia jurídica y la ética.

Lo que pasa es que, como dicen los ratings de audiencia, los temas preferidos por los medios, aunque no siempre de la sociedad, son los delitos donde hay sexo y, fundamentalmente, violencia. Es que, como asistimos a la banalización de la cultura, las noticias preferidas son las vinculadas a la violencia.

En la subjetividad del periodista subyace el criterio de que “SI NO INFORMO SOBRE UN HECHO DE VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES NO HABRÁ SANCIÓN PENAL”, lo que es completamente falso. Un tema muy distinto es que la justicia sea demasiado lenta.

Debemos aventar las ideas de que si no se informa sobre violencia ésta desaparecerá. No. Sabemos que los políticos no se podrán de acuerdo porque rigen, sobre todo, las estrategias electorales; en cambio, los periodistas debemos ponernos de acuerdo en cumplir la ley, ¿cómo?

La ley nos dice que debemos respetar la intimidad como cualidad mayor de la privacidad; al no hacerlo estamos violando la ley y, por supuesto, la ética también se expide en esta dirección. Es más, hemos convertido los espaciosos noticiosos y, fundamentalmente, los sets de televisión en una especie de “tribunales paralelos” donde el periodista cumple la difícil tarea de “juez”. Nuestra tarea no es ser juzgadores, sino informadores. No pueden existir tribunales paralelos.

La respuesta de los medios es que los tribunales paralelos son más rápidos (recogen la información por la mañana y en el informativo de la noche ya tienen la sentencia). Los procesos penales, hasta la imputación formal, tardan cuando menos seis meses, ¡es mucho tiempo!

Por otro lado, dijimos que uno de los vicios es apoyar la noticia en una sola fuente. Creí estar equivocado, pero recientemente asistí a un encuentro en la Asociación de Periodistas de La Paz y la periodista Amparo Canedo, actual directora de la Carrera de Comunicación Social de la Universidad Católica, sentenció que trabajar sobre la base de una sola fuente es una terrible falta ética.

Nosotros también pensamos que una nota construida sobre una sola fuente es incompleta y podemos ocasionar daños que luego son irreparables. No resuelve nada que sobre el mismo hecho se informe al día siguiente. De lo dicho, sale el imperativo ético jurídico de que cualquier nota periodística debe ser sobre la base de dos fuentes.

Peor aún en la fuente de seguridad –que prefiero llamar FUENTE JUDICIAL– no hay pretexto alguno que valga para no citar las dos fuentes (demandante y demandado, mínimamente).

Pues bien, decíamos que el informe sobre hechos íntimos nos convierte en violadores de la ley. Veamos. El artículo 21 de la Constitución Política del Estado (cpe) sentencia: “Las bolivianas y bolivianos tienen los siguientes derechos (...) 2. A la PRIVACIDAD, INTIMIDAD, honra....” (sic).

Exactamente, casi en la misma línea, el artículo 11 del Pacto de San José de Costa Rica (Convención Americana sobre Derechos Humanos) sostiene que “nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias o abusivas en su vida privada, en la de su familia...” Sucesivamente, el artículo 410 de la cpe establece que los tratados sobre Derechos Humanos, constituyen parte del bloque de constitucionalidad.

El argumento de los periodistas es que el hombre político no tiene vida privada o, mejor aún, el hombre público no tiene vida privada y TODO ES SUSCEPTIBLE DE INFORMACIÓN. Falso. El político, como hombre de relevancia pública, y el mismo funcionario público tienen derecho a la privacidad y, como cualidad mayor, a la intimidad. El mismo periodista es un hombre o mujer de relevancia pública y TIENE DERECHO A LA PRIVACIDAD E INTIMIDAD.

No podemos seguir violando la ley; debemos ser los primeros en cumplir los mandatos legales. Si esto ocurre en el campo legal, en el campo ético existen riquísimas normas que tampoco se cumplen. Para no abundar en varias citas, me remitiré a una sola, el dispositivo N° 11 del Código Nacional de Ética, que a la letra dice: “Respetar la dignidad, el honor, la intimidad y la vida privada de todas las personas públicas y privadas” (sic).

La cita es textual, me releva de cualquier consideración teórica cuando, como norma ética, afirma que la mujer y hombre públicos, fundamentalmente la persona privada, tienen derecho a la privacidad e intimidad. Cómo es moral y ética, ¡nadie la cumple! Esto quiere decir que, como hombres y mujeres del espacio público, los candidatos y candidatas, ministros y ministras, periodistas o futbolistas tienen derecho a la intimidad.

¿Vamos a seguir violando la ley? ¿Continuaremos conculcando las normas éticas? Terminemos con esto, manejemos la información con RESPONSABILIDAD, establezcamos un gran pacto institucional para cumplir la ley.

Pero, ¿qué temas están en el ámbito privado o íntimo? Es una interrogante que el periodista debe responderse cada día y debe tomar una decisión rápida. Tal vez las proposiciones de Eduardo Novoa Monrreal, en su libro Derecho a la vida privada y la libertad de información, nos ayudarían a tomar decisiones, particularmente en el periodismo judicial.

El autor sostiene que son derechos muy íntimos y, por tanto, no deberíamos informar acerca de:

a) Ideas y creencias religiosas, filosóficas, mágicas y políticas que el individuo desea sustraer al conocimiento ajeno.

b) Aspectos concernientes a la vida amorosa y sexual; aspectos no conocidos por extraños de la vida familiar, especialmente de índole embarazosa para los individuos o para el grupo.

c) Aspectos de la vida familiar no conocidos por extraños.

d) Defectos anomalías físicas y la psíquica no ostensibles.

f) Comportamientos del sujeto que no son conocidos por los extraños y que, de ser conocidos, originarían críticas o desmejorarían la apreciación.

g) Afecciones de salud cuyo conocimiento menoscabe el juicio con fines sociales o profesionales.

h) Contenido de comunicaciones escritas u orales de tipo personal, dirigidas únicamente para el conocimiento de una o más personas determinadas.

i) La vida privada del sujeto, en cuanto pueda ser motivo de bochorno para éste.

j) Orígenes familiares que lastimen la posición social y, en igual caso, las cuestiones concernientes a la filiación y los actos del Estado Civil.

Existen otros elementos, pero al tamaño de nuestra columna no da para más. Recomiendo leer nuestro libro Periodismo Judicial. Por tanto, no podemos afirmar que la LIBERTAD de informar sea un DERECHO ABSOLUTO. No es así. Es un derecho relativo, como relativa es nuestra vida.

Pedir a los políticos que realicen un pacto y no brinden noticias muy íntimas es pedir peras al olmo, no cumplirán. En cambio los periodistas sí podemos cumplir la ley. Pongámonos de acuerdo para respetar la vida privada, respetar la intimidad de las personas, fundamentalmente de las del espacio público (el periodista es también del espacio público y no querría que se informe sobre su intimidad, ¿verdad?).

Es experto en Derecho de la Información.

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