La Gaceta Jurídica

Erradicación anual

…extraño que con la salida de la DEA haya disminuido la producción de cocaína en Bolivia, esto parece tener cierta similitud con el hecho de que en Afganistán la producción de opio se incrementó en gran medida desde la invasión estadounidense.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 02 de marzo de 2016

Una de las tareas más difíciles de cualquier gobierno ha sido siempre el control de cocales ilegales o excedentarios según la Ley 1008 del Régimen de la Coca y Sustancias Controladas, promulgada el 19 de julio de 1988 y hoy vigente en el país, cuyo artículo 29 señala que “el Poder Ejecutivo (hoy Órgano Ejecutivo) determinará periódicamente la cantidad de coca necesaria para cubrir la demanda del consumo tradicional y la establecida en el artículo 5º, la misma que no podrá exceder la producción equivalente a un área de 12.000 hectáreas de cultivo de coca, teniendo en cuenta el rendimiento de la zona tradicional”.

Es decir que los cultivos que superan esa cantidad de hectáreas o que están fuera de las áreas legales son los que deben ser eliminados, puesto que se supone que van al negocio ilegal de la producción de cocaína. Esta situación ha sido complicada debido a que los cocaleros, o parte de ellos, desde esa promulgación han defendido extensiones ilícitas. A través de los años, el control ha sido efectuado de forma principal con los mecanismos de erradicación aperados por los grupos de tarea conjunta de miembros del Ejército y de la Policía nacional junto a militares de la Drug Enforcement Administration (dea, sigla en inglés de Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos).

Con la suspensión indefinida de las acciones de la dea en Bolivia a principios de 2008, la tarea conjunta policial-militar continuó en el territorio, pero esto fue motivo de dudas acerca de la efectividad en la reducción de cocales; sin embargo, en posteriores informes y hasta con el beneplácito de organismos internacionales, el Gobierno nacional afirmó que el proceso era más exitoso que cuando operaban los uniformados estadounidenses.

En diversos canales informativos del mundo se destacó este avance en la reducción de la coca ilegal y también se vio como extraño que con la salida de la dea haya disminuido la producción de cocaína en Bolivia, lo que parece tener cierta similitud con el hecho de que en Afganistán la producción de opio se incrementó en gran medida desde la invasión estadounidense. Sin embargo, debe llamar la atención que tras varios años existan todavía plantaciones ilegales, por lo que el Estado seguirá actuando en los procesos de erradicación. En esta perspectiva, se puede deducir que mientras se erradica en ciertos lugares la plantación ilegal comienza en otros.

En este contexto, el vienes pasado las Fuerzas Armadas y la Policía Boliviana iniciaron el proceso para la eliminación de coca ilegal en el trópico de Cochabamba, que este año dará más importancia a los parques y reservas forestales que son invadidos por grupos de cocaleros que plantan la hoja de manera ilegal. Si bien el énfasis busca rescatar terrenos de áreas protegidas y liberarlos de los cultivos de coca, es previsible que la práctica se convierta en un círculo vicioso que vaya de una a otra zona vulnerable, provocando erosión y desgaste de la tierra como lo han hecho los cocales en amplias regiones de los Yungas de La Paz.

Pese al reconocimiento que pueda haber en las acciones del Estado en la reducción de plantaciones de coca, no se vislumbra el desarrollo moral y de conciencia para no continuar con estas actividades nocivas para el medio ambiente, la imagen del país y la salud de la población.

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