La Gaceta Jurídica

Escasa agenda de las mujeres

El proceso electoral en las últimas semanas se ha ido tornando de alguna manera en espacio propicio para el análisis y el debate de políticas actuales y de propuestas de los partidos que, de a poco, contrarrestan las campañas sin contenido, de insulto y descalificación recíproca que en nada contribuyen a la democracia ni a la confrontación de ideas o de propuestas.

Los derechos políticos no se plasman a cabalidad en las propuestas para mujeres.

Los derechos políticos no se plasman a cabalidad en las propuestas para mujeres. Foto: ciudadaniabolivia.org

Lorenzo Soliz

00:00 / 03 de octubre de 2014

Algunos medios de comunicación e iniciativas desde la sociedad civil contribuyen a ese debate democrático. En este marco, queremos aportar con elementos de análisis y de interpelación a los partidos por su escasa atención a la problemática, propuestas y agenda de las mujeres.

De los 10.059.856 habitantes del país –dato ajustado a junio de 2014– más de la mitad son mujeres. De ese total, algo más de 6.454.000 hombres y mujeres están en edad de votar, tomando en cuenta a quienes en el momento de la realización del Censo tenían 17 años y hoy tienen más de 18, edad con la que se obtiene la ciudadanía.

De esa cifra, algo más de 3.269.000 (50,66%) son mujeres en edad de votar (2,3 millones en el área urbana y 960.000 en el área rural). No obstante, habrá que corroborar en el padrón electoral cuántas de ellas se han registrado y cuántas fueron habilitadas; luego, cuántas ejercieron su derecho de voto.

Pese a que las mujeres se constituyen en fuerza electoral y existen avances de normativa con respecto a ellas, aún enfrentan barreras para el ejercicio y vigencia plena de sus derechos sociales, económicos, políticos y culturales.

En cuanto a la participación política, la mayoría de los partidos evidencian debilidades para cumplir con la norma de paridad y alternancia en las listas de candidatas y candidatos, lo que, a su vez, prueba la gran distancia entre el discurso y la práctica cotidiana. Habrá que ver cuántas candidatas serán electas para ejercer funciones legislativas y cuántas concluirán su mandato sin presiones ni acosos.

Derechos

Los movimientos y organizaciones de mujeres, urbanas y rurales, hace años formulan demandas y planteamientos estratégicos en el campo social, político, cultural y económico que les permita un efectivo ejercicio de sus derechos.

En el campo político se ha logrado avances en la normativa y algo de práctica en cuanto a la participación social y política: paridad y alternancia, titularidad en las candidaturas y en franjas de seguridad y ejercicio de los derechos políticos sin violencia o acoso. Fue promulgada la Ley 348, Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia y otras conexas, pero en rigor su implementación aún no ha empezado.

Los movimientos de mujeres elevan sus planteamientos al Estado y a la sociedad civil para la profundización de la cultura democrática y de respeto a sus derechos. En el campo laboral demandan la protección y generación de condiciones para el ejercicio de los derechos; compatibilización de la actividad laboral con el  trabajo reproductivo (o dentro del hogar) y corresponsabilidad entre hombres y mujeres.

También se trata de garantizar el trabajo digno y sin discriminación; derecho de las mujeres al acceso, tenencia, herencia y titularidad de la tierra, privada y colectiva. Igualmente al acceso a recursos para la producción, a la titularidad de los medios de producción, a crédito, tecnología y al mercado laboral.

Los planes de gobierno de los partidos que participan en las elecciones no reflejan ni analizan la problemática y realidad de las mujeres ni lo que hay que cambiar o mejorar, ni siquiera plantean cómo aprovechar y consolidar los avances y cambios registrados en algunos aspectos, menos aún cómo cumplir y hacer cumplir las normas que ya están promulgadas.

Prácticamente todos los partidos plantean, como tradicionalmente lo han hecho, mejorar los servicios de salud y educación; mantener o mejorar las transferencias directas mediante bonos. Incluso algunos (Movimiento Sin Miedo, Unidad Demócrata, Partido Demócrata Cristiano) no parecen conocer que hay leyes que estipulan la lucha contra todas las formas de discriminación, de violencia contra las mujeres, incluso de paridad y alternancia. Más bien, deberían plantear cómo implementarlas.

Normativa

El partido en función de gobierno plantea la despatriarcalización en el ámbito social, político, jurídico y económico a través de la educación solamente. No menciona cómo se dará cumplimiento a las leyes mencionadas.

En el campo económico, el mas propone priorizar “la aprobación de normas y aplicación de programas que permitan a las mujeres desarrollar plenamente su potencial económico productivo como miembros de la sociedad y de su comunidad”. En línea similar, ud plantea apoyar emprendimientos económicos mediante capacitación a productoras, el forta- lecimiento de sus organizaciones, el acceso a la tierra y otros medios de producción; este último aspecto coincide con el Partido Verde de Bolivia (pvb).

Desde nuestra perspectiva, esto es desconocimiento, desvalorización y desatención total al rol histórico y actual de las mujeres en la economía del país –en el caso de las rurales en la producción de alimentos–, en actividades económicas no remuneradas o ni siquiera consideradas como tales. El campo de la economía es el más limitado o carente en las propuestas de los partidos.

Como se evidenció, la agenda de las mujeres no es tomada debidamente en cuenta por los partidos. Por ello los movimientos de mujeres tienen al frente la dura tarea de seguir luchando, reivin- dicando, interpelando y logrando avances y cambios sustantivos en las dimensiones de la vida, pues aún son muy rígidas las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales que dificultan la concreción de sus agendas y ejercicio pleno de sus derechos.

Deberán lograr cambios en el resto de la sociedad, en los sistemas educativos, la institucionalidad estatal, los programas comunicacionales, las prácticas organizativas, los valores inherentes que sustentan las diversas formas de inequidad con relación a las mujeres, etc.

No es novedad que las mujeres deban luchar por la vigencia de sus derechos; siempre lo han hecho, pero en esta etapa de transformaciones se pudo haber marcado la diferencia con el pasado.

Es director del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca).

Tomado de: cipca.org.bo

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