La Gaceta Jurídica

Escenarios del conflicto

El Gobierno y el Tipnis

La Gaceta Jurídica / Ismael Guzmán

00:00 / 18 de septiembre de 2012

El conflicto del Tipnis entre indígenas y el gobierno lleva ya dos marchas indígenas, la octava y la novena; lleva dos represiones policiales, la de Chaparina y la de La Paz, y lleva dos leyes, la 180 de protección al Tipnis y la 222 de “consulta previa”. Pero, este mismo conflicto, también deja dos cabezas en la estructura orgánica del movimiento indígena y dos posturas contrapuestas.

Lo del Tipnis es sin lugar a dudas una guerra de posicionamientos entre indígenas y gobierno que alcanzó dimensiones de largo aliento. Es una guerra de posicionamientos en el escenario mediático porque tiene la particularidad de lidiar con discursos, algunos demasiado tendenciosos, pero todos dirigidos a justificar una u otra postura respecto al trazo de la carretera.

En esta contienda de posicionamiento discursivo, los indígenas encaran el caso a través de los espacios de cobertura en medios de comunicación a los que acceden, mientras que el gobierno lo hace en estos mismos espacios, pero también en medios de comunicación propios y en espacios pagados, lo que significa una doble ventaja.

Pero también es una guerra de posicionamientos porque ambos actores pretenden poner en sitio enfoques de desarrollo contrapuestos. Los indígenas defendiendo un modelo basado en un modo de vida más cordial con su entorno y solidario, mientras que el gobierno lo hace sustentando un modelo de basado en el extractivismo.

Aunque, irónicamente, sea el gobierno que denuncia un supuesto prontuario depredador de dirigentes indígenas y mostrar un Tipnis tan devastado que, para quienes conocen la zona, esta imagen no puede ser otra más que del Polígono 7, habitado por productores de coca.

No obstante, en este ámbito, los indígenas se encuentran en resistencia, como lo hicieron siempre, y el Estado arremete como lo hizo siempre.

La guerra de posicionamiento tiene implicaciones ideológicas. Es por ello que al gobierno le resulta la dimensión más dura porque no hay demasiado margen para las sutilezas, de inicio la confrontación le desestabilizó el discurso y no cesa de desestructurar su imagen, además le complica porque desnuda la incompatibilidad entre discurso y praxis.

Pero, al mismo tiempo, lo del Tipnis es una guerra de des-posicionamiento recíproco a través del triste método de la acusación individualizada, la descalificación, la defenestración, donde los indígenas se empeñan en identificar personas. Mientras que el gobierno sindica a aquellos dirigentes que se mantuvieron firmes en la defensa del Tipnis. Así, ambos acuden al escenario jurídico, aunque al parecer este ámbito tiende a ser más ágil para el uno y menos para el otro.

Hay también una guerra de demostración de virtudes y sí el sector indígena pareciera llevar ventaja basada en el mérito, el carácter pacífico del movimiento indígena fue puesto a prueba en ambas marchas y salió incólume.

En el campo de la demostración de virtudes, vía la aplicación de la post consulta en el Tipnis, al gobierno le restan pruebas duras, puesto que continúa la resistencia indígena, esta vez en su propio territorio y en consecuencia desde algún nivel de gobierno ya se insinúa la necesidad de presencia policial, de tareas militares dirigidas a viabilizar políticas rentistas como el renta dignidad.

El cambio de escenario en esta guerra de posicionamientos, es decir, el repliegue indígena a su propio territorio genera una coyuntura que da lugar a otra confrontación, esta vez de informaciones, donde el gobierno se empeña en informar acerca de un “éxito de la consulta previa”, pese a un supuesto boicot de algunos dirigentes, mientras que la organización indígena informa acerca del “fracaso de la post consulta”, pese a la prebendalización, la división y los paralelismos impulsados por el gobierno.

La situación en el Tipnis tiende a prolongarse y a complicarse, aunque el gobierno señala tener el control. A medida que pasa el tiempo se incrementan probabilidades del efecto contraproducente, el cual puede impactar en sus proyecciones políticas.

Es sociólogo de CIPCA, Beni.

Tomado de: cipca.org.bo

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