La Gaceta Jurídica

Estatus epistemológico del conocimiento jurídico

(Parte I)

Foto: theblogenflor.blogspot-com

Foto: theblogenflor.blogspot-com

César Manrique Zegarra

00:00 / 02 de mayo de 2014

En el texto se postula que entre ciencia y jurisprudencia existe una relación de equivalencia que hace viable un contraste que revela la existencia de similitudes estructurales y diferencias sustanciales entre ellas.

Luego se hace un comentario respecto al diverso grado de desarrollo alcanzado por la ciencia, por un lado, y la jurisprudencia, por el otro, a despecho de sus similitudes, lo cual arroja un balance favorable a la ciencia y denota la insuficiente atención prestada a la jurisprudencia. Se estima que esta situación debería superarse por la importancia de los asuntos humanos.

Conviene hacer hincapié en que se utiliza el vocablo “jurisprudencia” en su acepción primigenia, que es “conocimiento jurídico”, y no como sinónimo de derecho ni de colección de sentencias, como es usual.

Universo del discurso

En este texto exponemos los resultados parciales de una reflexión crítica sobre el estatus epistemológico del conocimiento jurídico que se desenvuelve tomando como referencia el conocimiento científico, con el cual se compara. El procedimiento comparativo se justifica metodológicamente porque ciencia y jurisprudencia son dos clases del conjunto de los conocimientos racionalmente fundamentados y lógicamente ordenables, y porque ciencia, por antonomasia, es el conocimiento con tales calidades.

Un tercer elemento del conjunto de los conocimientos racionalmente fundamentados y lógicamente ordenable es la filosofía que en este concierto ocupa un lugar primordial; el último elemento es la Tecnología que elabora las reglas, normas, procedimientos y métodos adecuados para el ejercicio de la práctica científica o jurídica.

Cabe denominar ciencia aplicada a la tecnología científica y jurisprudencia práctica o derecho a la tecnología jurídica. El término de referencia de la ciencia es la verdad. El de la jurisprudencia la justicia. El ejercicio filosófico es primordialmente crítico. El ejercicio tecnológico se consuma en la acción eficiente.

Esperamos que las teorías científicas sean verdaderas y las jurídicas justas; que la práctica tecnológica sea eficiente y que la crítica filosófica depure y clarifique el pensamiento, el juicio, el discurso, la acción y tal vez los hechos.

La epistemología es la parte de la filosofía que se concentra en la crítica del conocimiento racionalmente fundamentado y lógicamente ordenado, como indica el profesor Bunge: “El objeto o referente de la epistemología es la totalidad de las ciencias y técnicas. O sea, tanto las ciencias formales y fácticas, básicas y aplicadas… disciplinas como el derecho la administración…” (Bunge, 1999, p 58).

Se denomina epistemología científica si su objeto de estudio es el conocimiento científico o epistemología jurídica si su objeto de estudio es el conocimiento jurídico. La reflexión que proponemos se ubica en éste último campo que comprende jurisprudencia y derecho.

El esquema que antecede carece de pretensiones ontológicas. Su propósito es delimitar el universo del discurso. Como anota Dante en su iluminante estudio sobre la Lengua Vulgar, toda investigación (…) “ tiene que declarar, no probar, su propia materia para saber así el tema de que se trata” (Dante, p. 747), lo cual es correcto porque la identificación de cualquier conjunto --en este caso el de los conocimientos jurídicos-- y del universo a que pertenece, es un acto voluntario, intencional y hasta arbitrario, mas no así la identificación de las relaciones entre los elementos que constituyen su estructura y de las funciones de unos respecto de los otros, pues se trata de operaciones establecidas y reguladas.

En efecto, mediante un acto de voluntad cabe delimitar el conjunto de los conocimientos jurídicos, constituido por todos los enunciados justos, pero una vez delimitado el conjunto de esa manera no depende de la voluntad, sino de la capacidad de observación y análisis, saber cómo se relacionan entre sí esos enunciados y de qué manera se configuran para constituir una estructura teórica ordenada.

Conocimiento racional

Cabe pensar que en un proceso ordenado y armónico de expansión del conjunto de los conocimientos racionales y fundamentados, acordado a la impostergable necesidad de responder adecuadamente a las cuestiones que plantea un mundo cuya complejidad se percibe cada día con mayor intensidad y de acuerdo, asimismo, a lo que previsiblemente cabe esperar conforme al recuento que haremos aquí, ciencia y jurisprudencia constituyen dos clases distintas y complementarias del conocimiento racional, cuyos campos y competencias son diversos aunque complementarios.

Esto es muy claro cuando se toma nota de que poseen propiedades comunes que las identifican como elementos del conjunto, que en términos generales llamamos “conocimiento”, y son titulares de características singulares que señalan las diferencias entre ellas y marcan su separación. A esas identidades y diferencias nos referiremos. Ciencia y jurisprudencia se alimentan de la fe en la razón para explicar los sucesos de la realidad e intervenir sobre ellos, modificar su rumbo y dirigir su sentido de acuerdo a objetivos alcanzables o fines valiosos. Ciencia y jurisprudencia son paradigma del racionalismo que se sustenta en la creencia en que está al alcance de las facultades humanas la posibilidad de identificar las relaciones de orden en que ocurren los sucesos naturales y, asimismo, está al alcance de las facultades humanas la posibilidad de identificar las relaciones del orden en que se inscribe la producción de los hechos y la ejecución de los actos humanos.

El racionalismo –dice N. Da Costa– es “el sentimiento de que la razón constituye la mejor guía en la vida y en el mundo… y el fundamento último de nuestros conocimientos” (2000, p 56). Ese es el credo común que las anima. Apoyadas en esa creencia, cada una de ellas construye, a partir del mundo percibido, la realidad posible o probable, científica o jurídica, siempre inciertas e igualmente valiosas.

En el aspecto teórico ambas persiguen alcanzar una explicación racional de los hechos o sucesos percibidos y en el aspecto práctico pretenden lograr su transformación haciendo uso de los instrumentos que ellas mismas construyen y de los medios y recursos a disposición en vista de los objetivos que se fijan.

Ese es el punto de partida de dos discursos teóricos y ejercicios prácticos complementarios que transitan por una serie de caminos que se entrecruzan y entretejen en diversos niveles. Para reconocer sus convergencias y diferencias cabe hacer un paralelismo entre ellas.

Criterios de verdad y justicia

La ciencia persigue identificar las relaciones del orden que rige la ocurrencia de los eventos y fenómenos naturales, en tanto que la jurisprudencia presta atención a las relaciones de orden a que se ajusta el desarrollo de las relaciones humanas. En el cometido que las impulsa, la ciencia gira en torno al concepto de verdad, en tanto que la jurisprudencia en torno al de justicia.

Esta distinción es importante y se puede ver con claridad cuando se advierte que no interesa al propósito científico calificar la justicia o injusticia de las afirmaciones respecto a los eventos o fenómenos naturales –sin que importe lo ingrato que puedan llegar a ser las conclusiones sobre las causas de su ocurrencia–, sino calibrar la consistencia de tales afirmaciones en orden a los valores de verdad o falsedad, conforme a los cuales el discurso científico alcanza consistencia y las conclusiones científicas utilidad para la vida.

Por otra parte, complementariamente, no corresponde primordialmente al propósito del ejercicio jurídico calificar la verdad o falsedad de las afirmaciones respecto a los actos y hechos humanos –aunque es desde luego necesaria su adecuada descripción–, sino examinar la consistencia de tales afirmaciones y descripciones en orden a los valores de justicia o injusticia a que deben acordarse, pues la conformidad del discurso jurídico a los valores de justicia e injusticia determinan su consistencia y las conductas humanas a que el discurso se refiere alcanzan por esa misma razón aprobación o reproche.

Verdad y justicia son solamente términos de referencia porque la ciencia no alcanza a la primera ni la jurisprudencia a la segunda; pero ninguna de ellas puede prescindir de esos referentes, ya sea que verdad y justicia se entiendan como parte de una realidad ideal eterna e inmutable, como querrían los platónicos, o se perciban como manifestación de la omnipotente voluntad divina, que por gracia nos es dado comprender como lo concebía San Agustín.

También como supuestos racionales a priori anteriores a toda experiencia sensible y fundamento de toda proposición de validez universal, según la magnífica propuesta kantiana, o de criterios útiles para adecuar felizmente nuestra conducta al orden natural o social que alcanzamos a percibir, como lo entienden los empiristas, o que, finalmente, se estime que verdad y justicia son primordialmente valores lógicos, formales o lingüísticos, necesarios para ordenar el discurso liberándolo de contradicciones, dotándolo de consistencia y coherencia, de acuerdo a los cánones de la lógica moderna tal como lo expone, por ejemplo, Tarski (2000).

Relatividad de lo verdadero o justo

Sea cual sea nuestro entendimiento de los criterios de verdad o de justicia, lo cierto es que, conforme con las exigencias que plantea la solución de los nuevos problemas que continuamente se proponen al entendimiento racional, las creencias científicas en que se sustentan las afirmaciones de verdad cambian, lo que fue cierto y verdadero ayer, resulta muchas veces falso ahora y, lo que ahora es verdadero, probablemente sea falso mañana.

Correlativamente, ocurre que las creencias en que se fundamenta el conocimiento jurídico, por contingencias similares a las que condicionan la vigencia de la verdad del conocimiento científico, también cambian, de modo tal que el orden de las relaciones humanas que se afirmaba como justo ayer hoy resulta injusto y lo que es justo ahora probablemente resulte injusto mañana.

El universo geocéntrico de Ptolomeo hoy no es siquiera el heliocéntrico de Copérnico y el irrecusable postulado de igualdad sustituye a la legítima esclavitud del Derecho Romano. Reflexionando sobre todo ello, J. Mosterín asegura que “la ciencia es un cementerio de teorías que sucesivamente se ha ido probando que son falsas y se han ido proponiendo otras, que, a su vez, se ha probado que son falsas” (Mosterín 2002, p 165).

La similitud justifica adelantar una paráfrasis respecto a la jurisprudencia, bien podríamos afirmar sin incurrir en error que la jurisprudencia es un cementerio de doctrinas que sucesivamente se ha ido demostrando que son injustas y se han ido proponiendo otras, que, a su vez, se ha demostrado que son injustas.

Esto se comprueba cada vez que se propone una nueva teoría jurídica o cada vez que se sustituye una prescripción legal por otra, pues esa es la razón que justifica el acogimiento de las nuevas doctrinas o teorías y la sustitución de las anteriores por estas.

Las teorías y doctrinas científicas o jurídicas posteriores son presumiblemente menos erradas o menos injustas que las anteriores, en la medida en que su uso y aplicación ordinariamente deben propiciar soluciones más adecuadas para resolver los problemas naturales o humanos. En un mundo que se percibe más complejo, las nuevas teorías y doctrinas reflejan el desarrollo del conocimiento científico o jurídico, respectivamente, aunque seguramente nos equivocaremos.

Como anota J.S. Mill, en “toda época se ha sostenido opiniones que en épocas posteriores se ha demostrado que son no sólo falsas, sino absurdas. Y muchas opiniones ahora generalizadas sin duda serán rechazadas por las épocas futuras.” (J.S. Mill, 1984, p 48).

No obstante eso, los cambios y transformaciones a que se encuentran sometidos los criterios de verdad y de justicia no afectan ni causan mella en la certeza que nos anima a creer en que hay algo verdadero y hay algo justo que debemos alcanzar. Esa certeza última es el inconmovible e imprescindible sustento del ideal de racionalidad en que se inspiran ciencia y jurisprudencia.

Complementariedad

Ciencia y jurisprudencia coinciden en sus aspectos tecnológicos y prácticos. La ciencia, en su persecución teórica, está constreñida a la búsqueda de la verdad, pero en su aplicación tecnológica no puede prescindir de los criterios de justicia que fijan límites a la fuerza de sus efectos, so pena de convertirse en feroz instrumento de destructiva agresión.

La jurisprudencia, en su persecución teórica, discurre por abstractas y universales definiciones de justicia, pero en su aplicación práctica no puede apartarse de la verdad singular y concreta de los hechos que la constriñen, so pena de convertirse en instrumento de opresión.

Aquí varía el orden de prelación entre los conceptos de verdad y justicia, pero nada más, porque ambas, ciencia y jurisprudencia, se alimentan por igual de ellos. La aplicación tecnológica del conocimiento científico, fuera de los márgenes que señalan los criterios de justicia y las exigencias éticas, rebaja la racionalidad a simple práctica del abuso y brutalidad.

En lo que atañe a la práctica jurídica, sólo cabe hacer lo justo sobre lo que se sabe o se cree verdadero, pues, más allá se encuentra el autoritarismo y la arbitrariedad. Las sentencias judiciales se sustentan en la verdad de los hechos probados por las partes y en lo que es justo de acuerdo a las leyes, pues, se supone que ellas lo son.

Decíamos que es común a ciencia y jurisprudencia la certeza de que hay algo verdadero o algo justo y la fe en que ese algo puede alcanzarse por medio de la razón. Y, por eso, ambas conjugan en la expresión que sus contenidos conjugan. Ambas repelen la contradicción.

Un sistema teórico científico no admite que uno de sus teoremas sea verdadero y falso a la vez. Si así ocurre, se dice que la teoría es absolutamente consistente porque, entonces, en ese sistema, toda afirmación es verdadera y toda afirmación falsa.

En el sistema teórico jurídico tampoco es válido afirmar que el mismo hecho sea justo e injusto a la vez. Si eso ocurre el sistema es arbitrario, porque en el contexto de tal sistema sería posible fundamentar la validez de cualquier decisión en cualquier caso y decir, indistintamente, que tal decisión es justa o es injusta.

La investigación de lo que es justo es tan importante como la investigación de lo que es verdadero. Si la negación de la verdad es la falsedad, la negación de la justicia es la injusticia. Por consiguiente, justo es negar lo injusto y verdadero negar lo falso. La ciencia niega lo falso y, al hacerlo, afirma la verdad. La jurisprudencia niega lo injusto y, al hacerlo, afirma la justicia. En ello radica la riqueza de ambas y allí está el secreto de su inacabable progresión.

Teoría

Verdad y justicia son conceptos más amplios que ciencia y jurisprudencia. No todas las afirmaciones verdaderas forman parte de la ciencia ni todas las afirmaciones justas forman parte de la jurisprudencia. Hay afirmaciones verdaderas o justas tan ciertas, valiosas, necesarias y útiles para la vida como las que acogen en su seno ciencia o jurisprudencia, que, sin embargo, no forman parte de los sistemas teóricos científicos o jurídicos.

Esto no las hace menos verdaderas o menos justas, ni por ello las teorías científicas o jurídicas pierden consistencia o validez. No existe un monopolio de lo verdadero o de lo justo. Las proposiciones de verdad o de justicia, en cuanto hechos singulares, varían de acuerdo a las circunstancias de lugar, tiempo y modo.

“El pronombre varía de referencia a cada cambio de hablante; varía de referencia con cada cambio de significado en el espacio; y de modo que “el (...) puede recibir cualquier significado, pues el “suyo de cada uno” puede variar dependiendo del tiempo, lugar, posición” (De Aguiar p, 14) del hablante o del bien o cosa a que se refieren.

La ciencia no es una colección indiscriminada de afirmaciones verdaderas ni las comprende a todas. La jurisprudencia tampoco es una colección indiscriminada de afirmaciones justas ni las comprende a todas. En sentido estricto, cabe decir que se integran en sistemas teóricos, científicos o jurídicos solamente aquellas proposiciones cuya verdad o justicia pueden demostrarse y justificarse mediante procesos lógicos, deductivos o inductivos al interior del sistema, y aquellas otras que, en sentido menos estricto, por ser evidentemente verdaderas o evidentemente justas guardan coherencia con las anteriores.

Es tarea de la lógica, cuyas reglas valen tanto para ordenar los conocimientos científicos como los conocimientos jurídicos, compatibilizar y depurar los sistemas de proposiciones que fijan sus estructuras. Formalmente, ciencia y jurisprudencia repelen la contradicción, pero tal repulsión no es absoluta.

Una teoría científica que no admita la posibilidad de una afirmación falsa o una teoría jurídica que no admita la posibilidad de una afirmación injusta, devienen triviales o vanos, porque, si todo en ellos es verdadero o justo, entonces, son inútiles para negar la falsedad o la injusticia y, en consecuencia, para afirmarse a sí mismos.

Falsedad e injusticia señalan los límites dentro de los cuales las afirmaciones teóricas y las realizaciones prácticas son válidas, vale decir, verdaderas o justas y son, por eso mismo, en última instancia, el punto de contacto entre la teoría y la realidad, realidad que, como no puede ser de otra manera, la rebasa.

Seguramente porque, como decía Goethe en el Fausto, “gris es, mi querido amigo, toda teoría, verde el árbol dorado de la vida”. La Ciencia –dice K. Popper– es un conjunto de verdades provisionales y conservan tal calidad mientras no sean falsadas por la experiencia. De la jurisprudencia, mutatis mutandis (cambiando lo que se deba cambiar), podríamos decir que es un conjunto de afirmaciones justas que conservan tal calidad mientras no se pruebe lo contrario.

Continuará

Es abogado peruano, graduado en la Universidad Nacional de San Agustín, con estudios de maestría y doctorado en Filosofía en la Universidad Nacional de San Marcos.

Tomado de: institutoinvestigacionjuridicajudicia.blogspot.com

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia