La Gaceta Jurídica

Estudio del anteproyecto y del nuevo Código Procesal

El Señor Justicia

Carlos Conde Calle

00:00 / 13 de marzo de 2015

En el abordaje del nuevo Código Procesal Civil, en la medida en que sus autores hasta ahora no han informado sobre la fuente o fuentes que utilizaron para edificar un nuevo sistema procesal (que era necesario, es verdad de perogrullo), para quienes desde la academia pretendemos realizar algunas puntualizaciones, es, pues, difícil el razonamiento científico.

Tal vez no sea culpa exclusiva de sus autores y, más bien, presionados por el tiempo tuvieron que “crear” un dispositivo legal que consulte un modelo jurídico propio (postliberal y postsocialista).

La pregunta es: ¿es posible crear un modelo jurídico propio? Nosotros creemos que no. El Derecho, como producto cultural –en el caso boliviano sostenido por Raúl Romero Linares– es un constructo occidental (en su versión liberal y socialista). Debemos reconocer que el pluralismo jurídico que sustenta al DERECHO DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS ¡ay! es también de cuño Europeo.

En la primera mitad del siglo pasado, George Gurvitch y Jean Carbonnier (ambos Franceses) fueron los autores de esta “novedad”, El PLURALISMO JU- RÍDICO. En ese contexto, cuando el doctor Héctor Arce sostiene que el CÓDIGO PROCESAL CIVIL es “algo” propio, original significa que salió de la nada, que no se consultó ninguna fuente.

Nosotros pensamos que es un error de buena fe, pues no constituye ninguna falta cuando un intelectual crea una teoría sobre la base de otras; dicho de otro modo, una proposición teórica puede ser enriquecida o negada por otra en función a las oposiciones ideológicas, sociales o culturales. Lo que no está permitido es presentar como propia una obra ajena; reitero, el mundo de la academia jurídica no conoce ninguna obra sistemática en el área privada (Derecho Civil), con excepción del doctor Alberto Luna.

No costaba nada sostener que una de las fuentes del nuevo sistema procesal era al proyecto de 1997 que, a su vez, tenía como fuente el CÓDIGO PROCESAL TIPO PARA IBEROAMÉRICA, que fue producto de JORNADAS DE DERECHO PROCESAL CIVIL auspiciadas por el INSTITUTO IBEROAMERICANO DE DERECHO PROCESAL CIVIL. ¿Por qué no reconocen esta fuente? Porque sus autores probablemente no lo sepan o por razones políticas.

En un lenguaje político diremos que el Código Modelo para Iberoamérica fue producido en los mejores tiempos del neoliberalismo (el nefasto liberalismo). Si no, no tendría la  capacidad de sostener que sus inspiradores sean liberales o socialistas (probablemente, sean excelentes técnicos en Derecho).

El hecho es que el anteproyecto, como el Código Modelo para Ibero- américa, fue producido en el apogeo del neoliberalismo y, con seguridad, si el modelo neoliberal continuaba hubieran aprobado y promulgado, precisamente, ese Código Procesal Civil.

Ocurrió todo lo contrario, advino un nuevo sistema político: el socialismo comunitario o capitalismo andino, que desembocó en un nuevo sistema político, el Estado Plurinacional. Posible- mente, los autores del Código Procesal Civil no lo advirtieron. Debían producir “algo nuevo” que no rimara con la cultura jurídica universal occidental y sus autores nunca escribieron una obra “propia”; el nuevo sistema político tiene intelectuales orgánicos  del campo del Derecho, v. gr., desde Marcelo Fernán- dez Ozco a Gonzalo Trigoso.

Estos intelectuales orgánicos (utilizamos una categoría de Gramsci) habrían, con seguridad, presentado un proyecto jurídico antioccidental, antiliberal, profundamente revolucionario. Cuando menos es posible construir un sistema jurídico desde el  pensamiento de Marx (peor, aun Marx es un teórico de Occidente).

Un error mayúsculo es que los proyectistas nunca presentaron una exposición de motivos donde citen las fuentes que utilizaron para producir el Código Procesal Civil y los fundamentos filosóficos y políticos del mismo. No obstante, Héctor Arce, a la sazón presidente de la Comisión de Constitución, Legislación y Sistema Electoral, en la edición Legislando para vivir bien, desde la página 25 hasta la página 56, sostiene que el nuevo Código Procesal Civil se “afilia al sistema oral, haciéndose con esto militante del sistema que predomina en el sistema procesal mundial (...). Este principio, el de la oralidad es rescatado por la mayoría de los códigos procesales iberoamericanos que se han pronunciado a su favor...” (sic).

Estas anfibologías son inadmisibles. ¿Acaso no sostienen que han “creado” un nuevo sistema procesal? ¿No era pertinente afirmar que una de las fuentes de inspiración era el Código Procesal para Iberoamérica? El Anteproyecto de cuño liberal, que corresponde a 1997, en la página 195 sostiene que “el nuevo Código Pro- cesal Civil se sustenta en la oralidad, aunque, estrictamente, se trata de un proceso mixto con predominio de la palabra hablada”.

El anteproyecto de 1997 empieza por las consideraciones generales, luego siguen los títulos como el Proceso por audiencia, audiencia preliminar, audiencia complementaria, el proceso monitorio, deberes y poderes del Juez, actividad de resolución, deberes y facultades de las partes, desarrollo de los procesos preliminares, procesos cautelares, procesos incidentales, procesos de conocimiento, precisos de ejecución, procesos voluntarios, procesos concursales y normas de cooperación internacional.

El informe que presenta Arce en el libro ya citado tiene la siguiente estructura: el proceso oral y el proceso por audiencia; principio dispositivo inquisitivo; papel del juzgador en materia de prueba; los poderes, deberes y responsabilidad del Juez y de las partes; proceso ordinario, proceso cautelar, procesos incidentales al proceso extraordinario; el proceso de estructura monitoria; características de los Procesos Moni- torios; procesos de ejecución; procesos voluntarios; procesos concursales, y cooperación judicial internacional.

Con certeza, no son iguales pero se parecen (el lector tendría que leer por su cuenta los contenidos de cada acápite). Al margen de la cuestión eminentemente técnica, el problema es de tipo político. El Anteproyecto del Código Procesal Civil fue concebido por un régimen liberal (o neoliberal), es decir, es criatura de Gonzalo Sánchez de Lozada y del doctor René Blattmann, su Ministro de Justicia; en tanto que el nuevo Código Civil es la Ley N° 439 de 19 de noviembre de 2013 y, por supuesto, en el actual Estado denominado Plurinacional, éste tiene sello ideológico antineoliberal (es postliberal) y postsocialista).

En otros términos, estamos discutiendo sobre la prevalencia de las concepciones jurídicas de la modernidad frente a las  posiciones postmodernistas, que no son poca cosa. El mismo Héctor Arce cita en su informe el aporte de Antonio Gramsci, es decir que el Modelo Liberal, representaba el “Estado aparente” y el actual sistema político representaría el “Estado integral”.

Con seguridad, los parlamentarios deben explicar estos elementos porque ese trata de un órgano eminentemente político y con filiación político-ideológica; los técnicos, los proyectistas deben explicar cómo “crearon” de la nada el nuevo Código Procesal Civil. ¿Tomaron en cuenta el anteproyecto?, pues el doctor Mario Cordero Miranda afirma que algunos artículos del Código Procesal Civil han sido copiados del anteproyecto (liberal).

En tiempos en que se ha planteado una lucha civilizatoria entre occidente y las culturas emergentes, por ejemplo, la aymara o quechua, está pugna ideológica también se trasladó al campo jurídico. De nuestra parte, podemos sostener que entre el anteproyecto de 1997 y el nuevo Código Procesal no hay muchas diferencias, más son las similitudes.

Es experto en Derecho Privado.

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