La Gaceta Jurídica

Estudios sobre la historia del proceso

El adversario decía lo mismo, los dos disputando el derecho de vindicatio o manus consertio, el juez paraba la lucha y si era un esclavo lo que se disputaba decía “mittie ambo hominem”, que significa dejad ambos a este hombre.

Justicia

Justicia FOTO: wikimedia.org

La Razón (Edición Impresa) / Andrés Felipe Ruiz Yucuma*

00:00 / 27 de marzo de 2016

(Parte II)

El proceso romano en materia penal avanzó en la organización de los procedimientos en tres fases: 1. La cognitio, que se caracterizó por regir el sistema inquisitivo, o sea que al juez se le dio la facultad de impulsar el proceso.

2. La fase de la acusatio, que en la actualidad es denominado sistema acusatorio. Aunque para el fiscal antiguo hubieron algunas limitaciones de edad y de sexo, el proceso oral está indudablemente arraigado a este sistema y su naturaleza pública es indudable, la carga de la prueba recaía totalmente en el acusador y la confesión tenía que estar compleja con otros medios probatorios para tener validez; en este proceso el jurado podía condenar, absolver o votar en blanco.

3. La fase de la extraordinaria condictio, en la que siguió rigiendo el sistema inquisitivo y acusatorio, es decir, sistema mixto; los esttionari era la denominación de las personas que actualmente llamamos fiscales. En el sistema inquisitivo imperante se dejó la facultad de acusar en manos del magistrado.

Entre algunos principios que aún tienen su espectro en nuestra época están el derecho de defensa, los recursos o apelaciones, el non bis in ídem (no dos veces por lo mismo), cosa juzgada y el in dubio pro reo o principio de favorabilidad para el acusado (1).

La ley civil incidió directamente en el proceso y no fue ajena al progreso del quehacer jurídico; las fases de civil se dividieron en acciones de ley, formulario y extraordinario.

1. Acciones de ley. Se conoce varias acciones que utilizaron los romanos como procesos declarativos, las acctio per sacramentum, acctio per iudicis postulationem, acctio per condicctio. Y ejecutivos la acctio per namutos iniectionem y la acctio la pignoris capionem.

Una vez el abogado romano Gayo (Galius) hizo un comentario en que criticaba lo estricto de las fórmulas jurídicas; por cambiar una sola palabra no le prosperó el proceso, por esto, digamos que los términos eran bastante rigurosos. Al designar las plantaciones de uvas se utilizó la palabra vitivus, pero la correspondiente era arboribus, por esta razón se perdió un juicio.

Un ejemplo de la acción por sacramento lo ofrece Otorlan, las partes van hasta el pretor a exponer sus pretensiones y las fórmulas sacramentales, por medios como la manus consertio y la vindicatio, el primero era teniendo en cuenta el objeto litigioso (fuero real).

Si era fácil de transportar era llevado ante el tribunal y el demandante tomaba el objeto y poniendo una varita llamada vindicta sobre él recitaba la siguiente fórmula: “Ego hominem ex iure quiritum meum ese aio secundum suam causam, sicut dixit”.

El adversario decía lo mismo, los dos disputando el derecho de vindicatio o manus consertio, el juez paraba la lucha y si era un esclavo lo que se disputaba decía “mittie ambo hominem”, que significa dejad ambos a este hombre.

Las partes se interrogaban, “¿te pregunto si no has de decir por qué motivo no has vindicado?” El otro respondía: “la declaración de mi derecho ha concluido de acuerdo con la imposición que he hecho de la vindicta”. Replicaba el primero: “como ha vindicado sin derecho, te provoco por el sacramentum (de quinientos o cincuenta ases, según los casos)”; “y yo, igualmente, te provoco”, repicaba el contrario.

Después de haberse constituido el sacramento, se daba a las partes un juez para que decidiera el juicio, es decir, quien debía perder el sacramento a favor del culto religioso, pero antes de este el magistrado otorgaba la posesión interina de la cosa reivindicada a alguna de las partes.

“Tal era en substancia la acción por sacramento, que mejor que ninguna otra nos da a conocer el carácter formalista y simbólico de las acciones de la ley” (2).

2. Fase formularía. Se caracterizó por la reducción a escrito de la litis contestatio, por esto fue denominado proceso formulario, al igual que todas las razones anteriormente expuestas, esta segunda fase aplicada y producida de conflictos con extranjeros.

3. Fase extraordinaria. En esta se sufrió algunos cambios aunque las facultades de impulsión por el juez continuaron; las etapas in jure e in iudicio desaparecieron por una sola, el formulismo, escritura predominantemente inclusiva hasta nuestra época con la libre apreciación de la prueba.

En Roma entró la onerosidad en los procesos, en la sentencia se condenaban las costas y, para finalizar, el concepto de proceso en etapas se debe a las instituciones de caducidad y perención oriundas de esta gran civilización.

El proceso germano

Tras la caída del Imperio Romano por la invasión bárbara, entre el siglo III y VIII se desarrolló la fase del proceso franco, que explicaremos posteriormente.

Los sistemas de procedimiento germanos caracterizados por su oralidad, tribunales colegiados y costumbristas se mezclaron con el proceso romano; la estructura de administración de justicia para la población mixta trajo progresos para la evolución del proceso, aunque, en un comienzo, se trataba a los ciudadanos por distinción con el proceso correspondiente según si fuese romano o germano.

Al final, se fusionaron con predominio en el civil romano, así el proceso germano ayudó a que las decisiones de los jueces tuvieran carácter de erga omnes (respecto de todos o frente a todos) por sus arraigos con el sistema de asamblea para administrar justicia; en otras palabras, tribunales colegiados, una de las diferencias esenciales con el sistema romano por no tener asignada una persona para cumplir esta función.

Otro de los elementos del Derecho germano era su influencia por una divinidad que consideraban la que tomaba las decisiones de justicia, esto originó el sistema de las ordalías y juicios de dios para penal y civil, esta distinción de materias tampoco era conocida por los germanos.

El sistema probatorio es el que resulta más curioso porque se dejaba el estado a arbitrio de pruebas irracionales; en penal, por ejemplo, la prueba del agua caliente que consistía en sumergir el brazo en agua en su punto de ebullición o la del agua fría en la que sumergía el cuerpo en un lago y se esperaba si flotaba o no; la de fuego consistía en pasar descalzo sobre carbón caliente (3).

El proceso germano fue dividido en dos fases el proceso germano estricto y el franco.

El proceso germano estricto se caracterizó por su naturaleza pública al ser una asamblea la encargada de decidir su oralidad, sus medios probatorios, su sistema acusatorio y que el juez es el presidente de la asamblea.

En el litigio se exponía las pretensiones al demandado en la suma que debía pagarse a la familia del demandante; el demandado tenía dos posibilidades: allanarse, y se impulsaba una sentencia condenatoria, u oponerse, y se declaraba sentencia probatoria.

En la fase del proceso franco hubo un fenómeno de derogación de jurisdicción por parte de la asamblea a unos órganos llamados dings, divididos en perfectos y mixtos. Los primeros eran presididos por un duque y los segundos por unos representantes del duque para asuntos de mínima importancia; todo esto terminó conformando unos órganos permanentes denominados scabit.

El progreso en esta fase fue en cuanto a los medios probatorios, las reglas de la escritura para algunos casos flexibilizó el proceso y en materia probatoria fue dividido en dos tipos: la prueba documental, las reales y las privadas y la declaración testimonial (los conflictos entre testigos eran solucionados con duelos) (4).

El procedimiento de la Inquisición

También conocido como proceso canónico o romano germánico. En el Derecho penal con su sistema inquisitivo (el juez impulsaba el proceso) y el Derecho civil con el sistema dispositivo (las partes impulsan el proceso) se separaron por completo y obtuvieron el progreso en las pruebas, se acogía la tarifa legal.

Todo contribuyó a que el Derecho Canónico, en un principio, solo le concernía asuntos de matrimonios y clericales y de filiación, pero luego se extendió a lo penal con su sistema inquisitivo; importante tema de estudio en nuestros tiempos por la desnaturalización que se hace al proceso. El proceso inquisitivo es el mejor ejemplo para demostrar algo en nuestra época cuando se vulnera la dogmática procesal y, por esto, es objeto de profundo estudio.

El proceso inquisitivo tuvo origen legal en el decreto de Alejandro II en el año 1197, durante el Concilio de Letrán. En estas épocas, la institución eclesiástica católica con sus ansias de dominación propendió a la persecución de herejes para sus doctrinas; en toda Europa, territorio de trascendentales culturas como los judíos los moros y otras religiones es obvio que este fue un recurso político para apoderarse de los bienes y hasta de las almas de los procesados en este sistema.

Luego se desarrolló con el tratado de París de 1229, suscrito entre el conde de Toulouse y el cardenal de Romain de Saint Ange (5).

Inconmensurable es la cantidad de investigadores que explican este tema, como que en su rama penal es un procedimiento secreto, al acudir el sindicado parece como si se desapareciera del mundo, porque hasta las penas más simples fueron denominadas penitencias secretas.

Es un procedimiento inquisitivo propiamente dicho, los cuatro monjes denominados “inquisidores” llegaban a las diferentes poblaciones y emitían un sermón para que los herejes confesaran para imponérseles estas penas simples; luego de transcurrido un plazo, se procedía a notificar a los sospechosos por medio de escritos o de forma verbal.

Es un procedimiento prolongado, característica se daba por la forma en que se interrogaba al acusado, después de oponerse se abría la fase de interrogatorio que se hace exhaustiva en el sentido completo de la palabra; se les declaraba “contumantes”, se les imponía la excomunión provisional y luego la definitiva.

Llevados los procesados al encarcelamiento, se les privaba de todo el mundo por varias semanas en condiciones antihigiénicas; escritos de la época describen estas cárceles como nidos de ratas donde el carcelero trataba como animales a los reos.

Estos desdichados encerrados en sitios oscuros estaban obligados solo a la relación con quien les llevaba la comida. El monje inquisidor les hacia la visita en un lapso determinado por él y les preguntaba: “¿sabes por qué estás aquí? Al recibir una confesión negativa como “no sé, no recuerdo haber hecho nada”, el monje repicaba, “entonces tendrás otras semanas para recordarlo”.

Los procesos podían durar años, terminar en confiscación de bienes en lo civil y muerte en lo penal. Era un procedimiento de pruebas inhumanas, dos testigos que coincidieran en su argumento era considerado válido, pero lo más importante era la confesión y para obtenerla se valían de métodos crueles y dolorosos, por ejemplo la tortura de la toja o del agua.

En este caso se introducía una tela en la boca que luego era mojada y el reo la tragaba por inercia, luego se le extraía produciéndole un dolor inimaginable. A las mujeres detenidas se les desnudaba y si no era suficiente se les amarraba con cuerdas en las partes más sensibles, el torturador apretaba más estas cuerdas infringiendo dolor.

Hago hincapié en que las reglas de la tortura impedían llegar a matar con ella. Con estos métodos, ¿quién se podría abstener de mentir? Lo confesaban todo para detener semejante tortura. De todas maneras, si confesaba ya no acababa en la hoguera, sino que era descuartizado como un medio atenuante de la pena.

Esta forma de tormento se legitimó con la bula ad extirpanda el 15 de mayo de 1252 proferida por el papa Inocencio IV y ratificada por Alejandro IV el 3 de noviembre de 1259. A las mujeres se culpó por costumbres como no comer cerdo y por bañarse en una habitación encerrada a ciertos metros donde nadie la viera o de ponerse ropa blanca un sábado, todo esto generaba presunción de culpa.

Era un procedimiento ambicioso porque se conoció de casos de procesos a muertos solo para confiscar los bienes. Era un procedimiento legítimo por estar decretado por el detentador del poder en su manifestación individualizada (monarca) (6).

El órgano encargado de este procedimiento trabajaba en conjunto con el órgano jurisdiccional, la jurisdicción la otorgó el emperador Federico II a los tribunales civiles y su competencia eran las denominadas causas espirituales que podían ser en civil o en penal, pero estos tribunales eclesiásticos comenzaron a tomar materias civiles.

En esta materia se determinó lo que se volvería en el procedimiento común, que comprende varios periodos y es esencialmente escrito: 1. El periodo introductorio, 2. el probatorio, 3. el discursorío y 4. el decisorio.

Posteriormente se pasaba a la fase ejecutorial en que se cumplía la sentencia. En la materia penal de carácter oral se conocieron los periodos de 1. Inquisición general, 2. inquisición especial y 3. el llamamiento.

Al extenderse a España en 1498, en épocas en que don Cristóbal Colón emprendió el viaje en el que llegó a América, hasta 1833, este mal también se extendió a nuestro continente.

Los colonos europeos realizaron acciones como la destrucción de documentos aztecas, el sometimiento y conversión de los incas, además de que, al afectar a las diferentes culturas precolombinas, se encargaron de privarnos de conocimientos milenarios importantes.

Esto merece solo repudio y un llamando a tomar conciencia en la propensión de la pluralidad cultural, error en que seguimos cayendo en nuestro tiempo.

El proceso español

Los primeros códigos por mencionarse corresponden a dos tiempos, los años 466 y 483; en el reinado de Eurico cuando regía a los visigodos el Código de Tolosa, que posteriormente el sucesor de este, Alarico, recogió en las leyes civiles por la población ibérica o iberos, que fue denominado “código brevario”.

La mezcla de estas dos culturas produjo lo que se llamó el fuero juzgo o libro de los jueces en el año 654. Este código es admirado por sus sabias y humanas reglas de procedimiento en la época feudal; los detentadores del poder escribieron sus propios códigos como eran el fuero de león y el de castilla.

Alfonso X hizo una compilación de todas las legislaciones que fue llamada las siete partidas, la tercera incluía reglas de procedimiento; esta tiene incidencia directa con las que rigieron en la época de la colonización.

Aún en nuestro código de procedimiento civil hay normas de estas como la que contiene la relación jurídica procesal, demanda, notificación y contestación de la apelación.

Los países de Iberoamérica, en su comienzo, fueron regidos por una variedad de cédulas reales que hacían difícil su interpretación al hallar normas contradictorias, pero el problema fue resuelto con la llamada Recopilación de las Indias, ordenada por Felipe II en 1680.

Por último, debemos mencionar la novísima recopilación ordenada por Carlos IV que, aunque no tocó de manera completa a América por los problemas políticos de la Independencia, llegó a tocar la Constitución de 1821 en la que se incluía algunas normas procesales españolas para regir el nuevo régimen.

En el libro XI tocaba los juicios civiles ordinarios y ejecutivos, algo que todavía se conserva en la legislación contemporánea, es el plazo de diez días para que el demandado en proceso de ejecución ponga excepciones (por ejemplo, es el artículo 509 del Código Procesal Civil de Colombia).

Algunas terminologías utilizadas frecuentemente que surgieron de este lapso de evolución son las excepciones, reconvenciones, sentencias definitivas, interlocutorias y el concepto de título ejecutivo, pero, por ejemplo, en la evolución del ordenamiento colombiano posteriormente se incluyeron conceptos italianos y alemanes que redujeron en forma considerable las tipificaciones españolas (7).

Continuará

Notas

1. Jaime Azula Camacho, Historia del proceso, proceso Romano, manual de derecho procesal, tomo I, décima edición, pág. 91.

2. Hernán Fabio López Blanco cita a Otorlan, en Evolución histórica del derecho procesal civil, proceso Romano, instituciones de derecho procesal civil colombiano, tomo I, sexta edición, pág. 2.

3. Hernán Fabio López Blanco, evolución histórica del Derecho Procesal Civil, proceso germano, instituciones de Derecho Procesal Civil colombiano, tomo I, sexta edición, pág. 6.

4. Jaime Azula Camacho, op. cit., pág. 94.

5. Jaime Azula Camacho, op. cit., pág. 95.

6. La inquisición española, documental, History Channel.

7. Hernán Fabio López Blanco, op. cit., pág. 8.

*    Es abogado y politólogo de la Universidad Libre de Colombia.

Tomado de: taringa.net

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia