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El Señor Justicia

La Gaceta Jurídica / Carlos Conde Calle

00:00 / 05 de julio de 2013

En nuestro primer artículo sosteníamos que el derecho –aunque fuera heterónomo (externo)– tiene como presupuesto a la ética; pero la ética no puede presuponer derecho. De ser así dejaría de ser ética para convertirse en derecho, y eso no es posible porque, sencillamente, la ética es autónoma, es personal; no hay coerción (normativa) externa. Muchos colegas, como Lupe Cajías, Carlos Guardia, Carlos Camacho, Juan Cristóbal Soruco, Eric Torrico, Andrés Gómez Vela y otros, cuando escriben sobre derecho, mezclan con la ética; lo que es peor, cuando escriben sobre ética apoyan sus aserciones en la norma positiva.

La mayoría de ellos no son profesionales en el campo del Derecho; y tampoco se han formado en una Ciencia fundamental como es la Filosofía (la Ética es parte de la Filosofía). Pero no podemos desconocer su calidad de buenos comunicólogos, porque tienen una brillante formación en comunicación social.

La ciencia ética estudia la moral, con más precisión, estudia las conductas buenas o malas; más o menos morales. Es una ciencia práctica en la medida en que enjuicia actitudes y sobre la base de esas acciones se prescribe, es decir, se proponen determinadas conductas por el logro de la felicidad. Este valor, filosóficamente, ha producido una enorme cantidad de proposiciones teóricas, como las de Platón, Sócrates, Aristóteles, Santo Tomás, Kant, Maquiavelo, Hobbes, Scheller, Nietzsche, Marx, Habermas, Niklas Lhuman y otros.

El lector y, fundamentalmente, el periodista observarán que sobre una misma conducta existe infinidad de reflexiones morales relacionadas en la ciencia ética. Desde el plano lingüístico, por su uso, terminó por imponerse el vocablo ética; v. gr, no se dice que una conducta es moral o inmoral; se dice que es o no ética. En este escrito y los sucesivos, procuraremos no apartamos del uso común, aun cuando los filósofos nos cuestionen.

Partamos de la afirmación de que la ética es racional y no puede (ni debe) partir de las emociones; ni es mucho menos instintiva. La ética tiene que ver con la libertad, por lo menos con la libertad de elegir, esto significa que periodista (o cualquier ciudadano) tiene la facultad de elegir una conducta: el bien o el mal.

Aunque otros nos dicen que ninguna acción es absolutamente buena; como no hay, en términos de conducta, mala absoluta. La ética, el ser una ciencia práctica, debe reconocer que las conductas no son blanco o negro y que se debe admitir los grises. Es práctica, porque la ética se ocupa de estudiar posibles actitudes frente a determinados hechos. La ética nos dice cómo actuar y lo hace normativamente.

Pero no son normas jurídicas, son normas que el ser humano construye, individualmente –aunque se validen socialmente– y lo hace a partir de un mundo de valores de donde recoge los que a su juicio deben constituir su código que regle su vida. La ética no es coercitiva, esto es que, si una persona falta a una norma ética, no hay poder externo que pueda sancionarlo, particularmente los órganos del Estado. Cuando se produce una falta ética la mayor sanción es el remordimiento. Es la conciencia del ciudadano (periodista), que no le deja dormir. Será por eso que muchos periodistas no cumplen las normas éticas porque saben que no hay poder externo que pueda sancionarlo.

De acuerdo al filósofo Raúl Gutiérrez, en su Introducción a la ética, las conductas morales tienen que ver con la libertad de elegir. Esa elección es un mecanismo interno, que no es fácil porque desde el plano teórico existen muchas concepciones éticas y desde el práctico existen muchas posibilidades de acciones concretas, tienen que ver con el entorno social, cultural, económico, político y hasta psicológico.

Aparentemente, lo que para unos es bueno puede no serlo para otros; por ejemplo, la penicilina puede curar a uno, pero la misma medicina puede ocasionar la muerte en otros. En todo caso, el sujeto, considerado individualmente, realiza un proceso de deliberación para decidir. En algunos la decisión es casi automática, otros deben pensar. Otros apelan a los libros o a terceros para asumir una determinación.

Esta libertad de elegir, de acuerdo a Raúl Gutiérrez, al no ser fácil se presentan obstáculos o impedimentos como ignorancia, el miedo, violencia y pasiones. Puedo haber tomado una decisión, pero ignoraba los hechos. O la decisión estuvo mediada por la violencia externa. El miedo también contribuye a tomar una decisión equivocada.

El periodista enfrenta numerosos hechos. Tiene una gama enorme de fuentes que son seres humanos, como es el periodista o la periodista. No obstante, el periodista construye su tabla de valores. Debe tomar decisiones –lo que se llama dilemas éticos– que afectan su desempeño profesional.

Es importante subrayar que, como dice Kant, todos tenemos el “minimun ético”. Es decir, hasta los delincuentes tienen una tabla de valores; por ejemplo, cuatro ladrones roban un domicilio y uno de ellos pretende quedarse con el 50% del producto, como es obvio, los otros le reclaman que no es justo, que deberían repartirlo por igual. Una buena película para entender este fenómeno es El Padrino.

Las personas forman sus propios códigos, no son escritos que subyacen su interior. Elegir esos valores es personal. Hay valores estéticos, sociales y hasta culturales. Héctor Zaga, en su Ética para adolescentes postmodernos, cita a Max Scheller, y dice que existen valores agradables y desagradables, nobles y vulgares, materiales y espirituales. En todo caso, la acción es personal.

Raúl Gutiérrez dice que “el valor moral es la adecuación entre el acto y las exigencias de la naturaleza racional y libre del que los ejecute”. En ese contexto, cuando asumo una decisión moral no puedo enjuiciar la actitud de otros sobre la base de mis valores. En sentido contrario, estaríamos en presencia de normas jurídicas y de cumplimiento obligatorio.

La ética nace, crece y muere en uno mismo. Aunque también es cierto que el ordenamiento jurídico puede influir en que el sujeto actúa en una dirección porque hay normas positivas que sancionan una acción que hayamos elegido. Eso no es todo, así como el ordenamiento jurídico positivo se toxonomiza, se ordena, lo propio pasa con la ética, cada persona ordena sus valores y, por supuesto, no todos ordenan igual que el otro, porque la asunción de esos valores es individual.

Por todo esto es que se habla de deberes éticos y no obligación. ¿Porque? Esto último está en el campo del Derecho. Desde el Derecho Civil, especialmente derecho de obligaciones, una relación jurídica casi siempre comporta la existencia de dos personas, deudor y acreedor. Este último tiene la facultad de exigir al primero, el cumplimiento de una determinada prestación (dar, hacer o no hacer).

En cambio, en la ética se alude al deber, pueden concurrir dos partes, pero, casi siempre, es unilateral. La ética está en el campo de los deberes y no de las obligaciones. Como escribimos sobre la tarea del periodista, omitiremos el estudio prolijo de las diferentes teorías de la Ética. Reduciremos nuestra columna a lo que Peter Singer escribe: Ética práctica. Esto quiere decir que debemos reflexionar lo que debería “acotarse” en situaciones concretas.

Para desarrollar su trabajo el periodista se mueve en terreno fértil. Muchos autores definen estas acciones como dilemas éticos. Otros, por el contrario, fundamentalmente los deontólogos, tratan de llevar las normas no al parlamento, sino a los gremios que asocian a los periodistas. En ese sentido, esas organizaciones se dotan de códigos de Ética Profesional. Sin embargo, estos códigos de ética carecen de eficacia jurídica, por ejemplo en los tribunales administrados por el Estado. Dicho de otro modo, esto se llama autorregulación.

Es experto en Derecho de la Información.

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