La Gaceta Jurídica

Ética para “opinadores”

El Señor Justicia

Carlos Conde Calle

00:00 / 24 de octubre de 2014

Como en anteriores artículos ya escribimos sobre la definición de géneros periodísticos, en esta oportunidad queremos dedicar el espacio a periodistas u otros profesionales que, como contratados o colaboradores, escriben artículos o sostienen columnas de opinión. Los conceptos alcanzan también a las presentadoras y presentadores de televisión (por supuesto locutores de radio).

Si los periodistas se ocupan de informar, en sentido contrario, lo que producen los “opinadores” son criterios y posiciones personales sobre los sucesos periodísticos. Como, por lo general no son periodistas de profesión ni es su oficio, piensan que pueden decir lo que se les venga en gana; en muchos casos abusan de la pluma con meras opiniones y no auténticos análisis, es decir que se mueven en el nivel de la DOXA y no el EPISTEME, como sostenía Platón.

En la totalidad de los medios, es decir prensa plana, televisión y radio, priman las opiniones. Su objeto, al parecer, es generar “corrientes de opinión”. Ya en otro lugar decíamos que para que esto ocurra se requiere tener autoridad (moral e intelectual).

Hoy por hoy los “opinadores” aumentan numéricamente, pero no son analistas. Nosotros queremos que se extirpe el fácil vituperio, sostenemos que el “opinador” no sea un “todólogo”.

Fundamentalmente, el “opinador” carece de rigor científico, en tanto que los analistas cultivan alguna especialidad. “Opinadores” y analistas deben cumplir deberes éticos y uno de los deberes es el de formación.

El “opinador” debe formarse en los claustros universitarios y saber con profundidad lo que escribe y habla. Normalmente los presentadores de televisión se dan a la tarea de opinar sobre “todo”, sin tener una formación académica acerca del tema. Se mueven en el maniqueísmo de “está mal” y/o “está bien”. Parecen más un sacerdote o un maestro de moral.

Advertimos que algunos profesionales “economistas, politólogos, arquitectos, médicos” tienen conocimiento científico, pero deben preocuparse de conocer algunos elementos de las ciencias de la comunicación social. Por ahí se dice que más fácil que un médico se vuelva periodista, que un periodista se vuelva médico.

El otro deber ético es que el “opinador” no debe manipular los hechos. Es cierto que tiene libertad de expresión, pero eso no le da derecho a torcer los hechos ni a actuar maliciosamente, peor aún a manipular tendenciosamente el suceso noticioso. El hecho de que la opinión es libre, quiere decir que también se debe escribir u opinar sin manipular datos.

El otro deber ético es la no militancia política. Desde nuestro punto de vista es el más importante. Los articulistas, columnistas, presentadores de televisión no deben tener militancia política. Este mal ha cundido en todos los medios, pues políticos exitosos (o fracasados) se han convertido en los “opinadores” de moda.

Por supuesto que no son creíbles, pues, en lugar de levantar ratings del medio, perjudican la línea independiente del periódico o del canal de televisión. Por tanto, los medios harían bien en no dar cobertura a los políticos activos y militantes de partidos políticos. Si quieren escribir o hablar, que creen su propio periódico o compren espacios en la televisión.

El articulista o columnista debe saber que sus escritos que traducen opinión deben ser IMPARCIALES. La imparcialidad no tiene que ver nada con la objetividad (aunque así pretenden presentarla algunos); la objetividad tiene que ver con la presentación de los hechos noticiosos, en tanto que la imparcialidad dice la relación con el momento de la opinión.

El columnista o presentador de televisión debe saber que el medio, por definición, debe ser independiente o imparcial. A manera de ejemplo, en la política existen oficialistas y opositores, por eso, en lo posible, no debe tomar partido. Si su posición favorece a alguna de las partes, debe advertirle al lector y televidente. Lo propio pasa en el ámbito judicial.

Otro deber ético es el respeto a las fuentes. En especial, los presentadores de televisión son irrespetuosos con las fuentes que generan información. Más que opinar emiten condenas, descalificaciones y todo se reduce a lo “bueno” o “malo”, cual si fueran pastores de una iglesia o sacerdotes de la iglesia Católica. Pero lo más grave es que amenazan a las fuentes; lanzan vituperios a los que generan la noticia. Se creen con derecho de insultar e injuriar a las fuentes. Po eso, se exige un mínimo de empatía y respeto a las fuentes.

Un imperativo ético es que no debemos escribir sobre la base de prejuicios. A veces, el articulista o el presentador de televisión tienen un esquema mental preconcebido y trabajan sobre la base de preconceptos. Escriben prejuiciosamente.

Es otro de los males de este tiempo. Existen prejuicios raciales, sociales, culturales, políticos y otros. Si partimos de que la raza blanca es superior a otras es pues un prejuicio y si la valoración es inversa también es un prejuicio. La ciencia en ningún momento dijo que una raza sea superior a otra.

Lo que pasa es que en los periódicos y en la televisión se han parapetado muchos fanáticos y el fanatismo es uno de los males que se debe combatir. Hay fanáticos de izquierda y fanáticos de derecha. Los fanáticos, por definición, son prejuiciosos.

Otro valor ético que los “opinadores” deben respetar es la tolerancia. Cuando nuestra columna tiene éxito o cuando como conductores de televisión advertimos que nuestras opiniones influyen, nos sentimos como dioses, es que tenemos un ego demasiado cargado.

Creemos que el mundo gira en torno nuestro y que poseemos la verdad definitiva. No aceptamos otras verdades que la nuestra. Y nos volvemos intolerantes con otras opiniones y pareceres; creemos que “nosotros” nunca nos equivocamos; que “ellos” son lo que cometen errores todos los días. Debemos ser más humildes y tolerantes para aceptar que nuestras opiniones pueden estar equivocadas. Por tanto, sin que nos pidan el derecho de réplica, debemos enmendar el error cometido.

Finalmente, otro deber ético es el respeto al Estado de Derecho. Esto significa que debemos asumir que vivimos en democracia y una de las reglas de convivencia democrática, es el respeto a las leyes. El país cuenta con un ordenamiento jurídico que todos debemos respetar y, por supuesto, también los analistas y columnistas.

Particularmente, estas normas son la Ley de imprenta, el Código Penal y el Código de Procedimiento Penal. Por supuesto, también los códigos de Familia, Civil y otros.

Cuando escribimos un artículo debemos consultar las leyes especiales, no podemos ir contra, por ejemplo, la seguridad del Estado o penetrar en la privacidad de las fuentes.

De todo esto resulta que opinar no había sido tan fácil y que hay un ordenamiento jurídico y dilemas éticos a los que debemos responder.

Es experto en Derecho de la Información.

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