La Gaceta Jurídica

Evaluación sobre el derecho a la información dentro del Derecho de la Información

El Señor Justicia

La Gaceta Jurídica / Carlos Conde Calle

00:00 / 24 de mayo de 2013

El 10 de mayo, día del periodista, La Razón publicó que entre los medios preferidos para informarse está la televisión, pero, curiosamente, éste es el medio menos creíble. La información corresponde a la Fundación Unir y Onadem (Observatorio Nacional de Medios). Estoy de acuerdo, inclusive, con la posición que ocupan estos medios. Respecto a la radio, que es otro medio de información ciudadana, también comparto los grados de preferencia.

En esta misma columna sostuve que las tres radios que se mencionan y, en ese orden, gozan de la preferencia de los radioescuchas. Donde me sorprendo es la posición que ocupa la prensa plana, esto me dejó ligeramente confundido. Pero, convengamos en que los periódicos son los que manejan, salvo algunas excepciones, correctamente la información; v gr, citan fuentes, su estilo no va contra las reglas gramaticales y, en fin, son bastante educativos.

Aquí quiero destacar el editorial del mismo día en La Razón. En él se lee: “se hace fácil comprender por qué es tan delicada la labor periodística, Y POR QUÉ NO DEBE SER DEJADA EN MANOS INEXPERTAS, O PEOR, A MERCED DE INTERESES PARTICULARES O SECTARIOS” (sic). Congratulo a La Razón y a sus periodistas, porque, casi siempre citan la fuente e, inclusive, ahora, figura nombre y apellidos del periodista que logró la nota.

La Razón afirma que “...este día del periodista, así como cualquier otro, éste diario renueva su compromiso de buscar siempre a las y los mejores para su equipo, pero sobre todo de conservar su independencia de toda clase de intereses particulares, pues sabemos que de no hacerlo así estaríamos escatimando a las y los lectores”. Una virtud que no me canso de resaltar es que, en la prensa plana se aplica el DERECHO DE LA RÉPLICA.

Cuando el medio reconoce que se equivocó gana más credibilidad. No es un contra sentido, es una realidad. Como sostiene el periodista Pablo Cuiza, en la Columna Sindical del 12 de mayo y nosotros apoyados por el notable Semiólogo, Umberto Eco, los medios digitales no reemplazaran a la prensa plana.

Por supuesto que hay errores; pero no son de mala fe. Puedo sostener que el mejor medio para informarse es la prensa plana.

Así, el informe presentado por Unir y Onadem señala que “la mayoría coincidió en que los medios de comunicación deben ampliar la cobertura noticiosa (con diversificación de temas), respetar la IMPARCIALIDAD, veracidad y ética al momento de informar; y tener mayor CAPACITACIÓN Y PROFESIONALISMO” (sic). Recomen- daciones que comparto y sería bueno que cada empresa periodística deba someter a un debate interno el informe de Unir y Onadem.

Antes de pasar a un análisis sobre la televisión, permítaseme referirme al sistema radiofónico, donde trabajé 13 años. De acuerdo al informe, el segundo medio donde nos informamos es la radio. Salvando a las tres emisoras que fueron citadas en mis columnas, en este siglo xxi, no sé a qué causas atribuir, ha bajado la calidad de programación: no hay locutores con formación profesional, en su generalidad son improvisados; en lo fundamental, atropellan y dañan el buen español.

La radio, peligrosamente, ha entrado en la trivialización; lo banal es la constante. Ahora escuchamos actores y actrices de teatro, humoristas y vocalistas de grupos tropicales, trabajando en medios importantes. Parecen tragados por la cultura de la postmodernidad. La radio podría desplazar a la televisión, pero requiere de programación seria y responsable. Contraten a locutores profesionales.

El informe es categórico cuando sostiene que la TELEVISIÓN es la más vista; pero es el medio menos creíble. Claro, es la que deliberadamente y de mala fe invade nuestra intimidad, como una cualidad de la privacidad; es el medio que más se equivoca. Hace unas semanas, el Ministerio de Gobierno presentó como autor del asesinato de Onorio, ocurrido en la ciudad de Santa Cruz, a un súbdito brasileño; un presentador de televisión le leyó su condena. Tres días después, el mismo Ministerio presenta a otro, como sujeto de ese delito. El Ministerio se disculpa; pero el presentador de televisión hasta ahora no dice nada. La televisión, y fundamentalmente sus periodistas y presentadores, no dan lugar al derecho de réplica y rectificación. Los periodistas de televisión apoyan su nota en una sola fuente y, a veces, no es siquiera fidedigna. La nota informativa debiera estar apoyada en dos fuentes, cuando menos.

La Constitución, en los artículos 106 y 107, dice que el periodista debe trabajar con veracidad. Esto quiere decir que la primera exigencia ética es que el periodista sea honrado; que no manipule la información. Que realice todo los esfuerzos por presentar la nota completa (aunque sabemos que la objetividad en términos absolutos no existe).

El informe citado también alude a la posibilidad de que un medio practique LA IMPARCIALIDAD. Para algunos esto no es posible; en sentido contrario, creemos que el periodista puede y debe ser IMPARCIAL. La objetividad, la veracidad se aplica y debe ser rigurosa en el momento de la información, esto es que se debe narrar el hecho tal cual ocurrió y no incorporar nuestros deseos.

En cambio, la imparcialidad tiene que ver con los géneros opinativos. Partamos de un hecho. Recientemente, en un canal de televisión dos periodistas y amigos discutieron frente a la teleaudiencia, el motivo era que, supuestamente, uno de ellos se puso la camiseta de un partido (no importa si de oficialismo u oposición). Para mí está claro que el presentador de televisión no puede militar en un partido político; si quiere hacerlo es su derecho, pero, por favor, deje el medio y entre la acción política. El periodista no es un actor político, es apenas un medio. No puede pretender reemplazar a los políticos profesionales.

No hay leyes, pero normas éticas sí, que dicen que un periodista que entre a la acción política no debe volver a los medios. ¿Quién cumple? Nadie. Sin ningún rubor vuelven a los medios, cuando su credibilidad fue enajenada o, cuando menos, hipotecada. El periodista también debe ser imparcial en el manejo de todas las fuentes, particularmente en la información judicial. Aquí vemos cómo algunos periodistas, hace tiempo, cumplen rol de jueces. Cada noche, en tiempo record, emiten sentencias condenatorias o absolutorias. No, el periodista no debe jugar al juez. El estado tiene jueces pagados; son ellos lo que condenan y absuelven.

Finalmente, el informe extraña que los periodistas no se capaciten. Desde mi perspectiva, creo que éste es el punto más trascendental. En los medios, fundamentalmente el televisivo, se ha parapetado gente improvisada; personas sin solvencia para tratar los temas del día. Es curioso y lamentable que existen programas nocturnos que tratan frecuentemente temas políticos, pero que en ninguno de ellos hay licenciaturas en ciencia política, ni siquiera son alumnos de esta Carrera.

Inclusive, cuando la Fundación Para Periodismo patrocinó un curso sobre periodismo político no estuvieron presentes. Uno de ellos no quiso ir porque, más bien, “podría dar clases”, pero éste señor no es licenciado en ciencia política.

Lo mismo pasa con la información judicial. La terminología y el léxico jurídico tienen su propia lógica y su propio significado, pero el tratamiento periodístico es banal y demasiado superficial. Ni qué decir de los temas económicos, deportivos, culturales, ecológicos, etc. Los periodistas que trabajan en esas fuentes deben estudiar complementariamente estas áreas del conocimiento científico.

Es experto en Derecho de la Información.

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