La Gaceta Jurídica

Evolución profesional

En 1986, mediante la Ley Nº 903, fue creado el Día del Abogado boliviano como una recordación de la fundación de la Facultad de Derecho de la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca en 1681. En esta fecha, 13 de octubre, es pertinente recordar a estos profesionales que desarrollan amplia actividad en nuestro medio, muchas veces en difíciles condiciones.

En 1977 cinco abogados fueron asesinados en Madrid, víctimas del “postfranquismo”.

En 1977 cinco abogados fueron asesinados en Madrid, víctimas del “postfranquismo”. Foto: gloriabendita-mmm.blogspot.com

La Gaceta Jurídica / Bayardo Moreno Piedrahita

00:00 / 16 de octubre de 2012

El abogado y la abogacía, elemento esencial y profesional, se enlazan en la difícil tarea de “dar a cada cual lo que es suyo”. Los dos términos en secuencia se derivan de la voz latina “advocatus”, que significa “llamado”, que debe entenderse un llamado en socorro o auxilio del honor, la vida, la libertad y la fortuna de los ciudadanos, con su presencia y sus consejos, o guiándolos a través del juicio; y, no solo a los débiles y humildes, sino también a los poderosos, que han sido quienes más se han extraviado de la equidad y la justicia desde los albores de la humanidad.

En Roma

Al abogado en Roma se le conoció como el  “vir probus dicendi peritus”, que significa hombre probo, perito para hablar, porque en él debían brillar, sobre todas las cualidades, la probidad y elocuencia; es decir, la honradez en todos su actos y la habilidad para hablar en las defensas y se le reconoció como símbolo de honor e influencia, ya que su remuneración era más bien carga y no codicia de estipendio.

En Grecia

La abogacía fue patrimonio de los ciudadanos libres y selectos. En Roma fue profesión de patricios ricos y poderosos. Es que abogar por los débiles y necesitados era un privilegio de caballeros y de ciudadanos ejemplares. Según José María Martínez Val, “la abogacía, antes de ser una profesión, fue una actividad señera, señoril. Al margen de lo que el humor y la crítica de generaciones de literatos ha podido acuñar en su contra, al margen de lo que el sentimiento popular ha producido en refraneros plurilingües, una realidad histórica y social sobre nada,  emerge la abogacía como defensa de personas, derechos bienes e intereses.

Nació en el tercer milenio aC. en Sumeria. Fue en defensa de una mujer gravemente acusada. Está ya en el antiquísimo Código de Manú. Según él, sabios en las leyes podían ilustrar –sin estipendio alguno– a quién lo hubiere menester para sostener su alegación, por sí o por otro, ante autoridades y tribunales.

El Antiguo Testamento recoge idéntica tradición ante los hebreos. Y la hubo en Egipto, donde era necesario un defensor cuando llevadas las leyes a forma escrita se prohibieron las alegaciones oratoria para que la artes persuasoras del defensor, en usos retóricos y hasta patético y gestuales, no pudieran influir en los jueces”.

Es en Grecia donde empieza a adquirir valor como profesión. La primera está en que los griegos acudían a cualquier tribunal acompañados de sus amigos quienes, por sus dotes de oratoria, ayudaban a la defensa, sin tener ninguna retribución, pero, con el ejemplo de Antisoaes comenzaron a cobrar por sus servicios. Pericles es señalado como el primer abogado profesional.

En Roma, el principio de defensa estaba atribuido en forma obligatoria para defender a su servidor en los juicios.

Servicio a la justicia y a la sociedad

En verdad, la Abogacía como una profesión tuvo origen en el más noble interés de servicio a la justicia y a la sociedad, mas no como la “industria de hacer dinero”, como hoy se la concibe y que, con ese objetivo, se atropella todos los valores éticos con el pretexto de la aplicación fría de la letra de una ley injusta y obsoleta, creada por una clase dominante y absolutista que no ha podido adecuarse a la realidad social, que vive un mundo que agoniza sumergido en las más grandes desigualdades económicas por culpa de la propia ley.

La vida, la justicia y el equilibrio social

Bien nos recuerda el doctor J.M. Martínez Val, que “la abogacía no es problema de conocer Derecho puro y ejercitar o aplicar Derecho práctico. Es, más sencillamente, Derecho vivo.

Entonces, en la vida real de la abogacía, más que el código debe importar, la vida, la justicia y el equilibrio social, como una obligación intransferible; por eso es que en el ejercicio de esta sacrificada profesión no deben existir cortapisas a su libertad moral.

Si esa es la filosofía, todos quienes tenemos el honor de llevar la “toga” en el alma debemos buscar el imperio de la justicia social, uniéndonos para dar solidez a ese objetivo, no sólo a través de la abogacía americana y del mundo, que le hace falta para alcanzar el prestigio necesario para inaugurar una nueva época en la que la abogacía vaya de la mano con el interés público, la cultura jurídica, la vocación de servicio, la dignidad y la libertad, sin engañarse ni abdicar del alto pedestal que le corresponde individual y colectivamente.

Sabio del Derecho

Ya en el siglo xix, al escribir el perfil del abogado, tenía más razón Paillet al decir: “dad a un hombre todas las dotes del espíritu, dadle toda las del carácter, haced que todo lo haya visto, todo lo haya aprendido y retenido todo; que haya trabajado durante 30 años de su vida, que sea un literato, un crítico, un moralista; que tenga la experiencia de un viejo y la infalible memoria de un niño y, tal vez con esto, formaréis un abogado completo”.

Como corolario, bien se puede concluir que la abogacía en cada época de la Historia ha tenido tiempos de esplendor como también de crisis; pero siempre a la vanguardia de la defensa del equilibrio social, porque a su elemento esencial, el abogado, se lo concibe como un sabio del Derecho, dotado de conocimientos interpretativos de las leyes y códigos que rigen en la sociedad.

Así llega a convertirse en el protagonista principal en la lucha por alcanzar el bien común y el respeto a la ley, en forma sabia y heroica, llevando en su vida un solo ideal, como es la solución de los problemas humanos, sean éstos grandes o pequeños. Es decir, el abogado, como hombre de leyes, a través del tiempo ha sido y será considerado como el guardián del derecho y el amante de la justicia.

Es abogado ecuatoriano, miembro del Movimiento Académico de Abogados Progresistas.

Tomado de: derechoecuador.com

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