La Gaceta Jurídica

Hecho revolucionario que marcó a los obreros

El Cordobazo en Argentina:

Este movimiento de protesta tuvo como consecuencia inmediata la caída del régimen de Onganía.

Este movimiento de protesta tuvo como consecuencia inmediata la caída del régimen de Onganía. Foto: pcr.org.ar

Armando Barrios y Sebastián Polischuk/Resumen Latinoamericano

00:00 / 12 de junio de 2015

Nicolás Iñigo Carrera es profesor de Historia de la Universidad de Buenos Aires (uba), investigador de Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas) y director del Programa sobre el Movimiento de la Sobre el Movimiento de la Sociedad Argentina (Pimsa) que realiza estudios sobre las luchas de la clase obrera argentina desde una perspectiva marxista. Es además autor de los libros Agustín Tosco. La clase revo- lucionaria (2006), La estrategia de la clase obrera 1936 (2011) y Génesis, formación y crisis del capitalismo en el Chaco (2011), entre otros.

A raíz de cumplimiento del 46 aniversario del “Cordobazo”, rebelión dirigida por la clase obrera con movi- lizaciones, huelga y la toma de la ciudad de Córdoba, Argentina, el 29 de mayo de 1969, Resumen Latinoamericano conversó con Carrera, quien investigó en profundidad ese suceso.

¿Qué fue el Cordobazo? ¿Cómo se dio? ¿Qué significó para la clase obrera?

En primer lugar, no se puede entender el Cordobazo sin situarlo en el proceso de lo que era la lucha popular y la lucha obrera dentro de la misma. Poniendo como un hito importante 1955, cuando el peronismo es desplazado del gobierno y la clase obrera es proscripta políticamente en su expresión mayoritaria –que era el peronismo– y socialmente. Las políticas que se llevan a cabo a partir de ese momento son anti-obreras. Eso corta todos los gobiernos militares y civiles desde la segunda mitad de 1950. Esta proscripción y situación de la clase obrera fue respondida por los trabajadores a través de múltiples instrumentos de lucha: desde las huelgas, el trabajo a desgano y las tomas de fábricas, hasta acciones guerrilleras.

En el Cordobazo, con el gobierno dictatorial de Juan Carlos Onganía, instaurado en 1966, se habían extendido las políticas anti-populares hacia otra fracción social: la llamada clase media, los estudiantes, el mundo de la universidad y demás. La clase obrera resiste en conjunto con los estudiantes, que venían en una confrontación con el gobierno de Onganía. Pero, en 1969 no transcurrió solo el Cordobazo, sino que existió un hecho previo en el mismo mayo, que se llamó el primer Rosariazo y que tiene un contenido fundamentalmente estudiantil.

El Rosariazo fue precedido por los hechos de las ciudades de Corrientes y Resistencia, con su secuela de estudiantes asesinados, Juan José Cabral y en Rosario Adolfo Bello. Así es como se llega al Cordobazo, que luego fue sucedido por el segundo Rosariazo e involucró ya no solo a los obreros sino a todo el campo popular.

Yendo más específicamente al hecho de Córdoba, los desencadenantes son las protestas contra las quitas zonales (medida de las patronales para reducir los salarios en algunas provincias, aplicando quitas a los convenios colectivos negociados a nivel nacional con los sindicatos) y por una ley que aplique las 48 horas semanales laborales quitando el sábado inglés.

En ese proceso de organización de la resistencia obrera y popular, hay un primer rasgo fundamental: el proletariado pasa a conducir, a dirigir esa fuerza social que se ha ido formando en estos años anteriores y pasa a ser la cabeza en esa resistencia a las políticas antipopulares.

El segundo rasgo importante es que la clase obrera demuestra su disposición a la lucha en la calle y, además, la lucha es una confrontación directa, con las armas de la lucha callejera. Esto es interpretado por organizaciones políticas como el indicador de que hay una disposición a la confrontación directa para permitir em- prender una lucha armada en Argentina y, a partir de allí, comienzan a surgir las organizaciones armadas que van a tener más presencia en los años 70.

Un tercer rasgo importante es que este hecho es realizado por los obreros mejor pagados del país, o sea que no era el resultado de la situación de empobrecimiento de los protagonistas. Al contrario, era la expresión de la fuerza y de la capacidad que tenían de golpear. Allí hubo dos figuras sobresalientes –aunque no las únicas–, Agustín Tosco, un dirigente del sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba.

El propio Tosco se define en algún momento como socialista al margen de la militancia partidaria, pero que llevaba una militancia sindical, política e ideológica. Tosco fue la principal cabeza del sindicalismo antiburocrático y del sindicalismo de liberación.

La otra figura fue Elpidio Torres, un dirigente del Smata (sindicato automotriz) cordobés, y era vandorista.

A pesar de las enormes diferencias que tenían ambos, ante esa huelga y movilización convocada para el 29 (que desencadenó en el Cordobazo), coinciden en llevar adelante la lucha.

La jornada del 29 tenía un carácter de huelga con manifestación, de protesta con fuerte intervención policial, hasta que matan a un obrero llamado Máximo Mena, y eso produce una reacción muy fuerte en la gente que está en la calle, que obliga a retroceder a la policía y que toma después la ciudad.

El barrio Clínicas (lugar donde vivían los estudiantes) también es tomado por los manifestantes en lucha, que quedan como dueños de Córdoba hasta que el gobierno militar mande al Ejército a ocuparla. Este hecho queda como un hito, un símbolo de todas las luchas que ocurrieron después.

¿Qué significado tiene el Cordobazo para el movimiento obrero en la actualidad? ¿Por qué es importante al día de hoy? ¿Por qué hoy no vivimos otro Cordobazo?

Lo primero que hay que tener presente es que el Cordobazo y todos los hechos de 1969 se dan en un momento de ascenso de lucha obrera, de lucha popular y en un momento revolucionario, en un periodo revolucionario a nivel mundial. Hoy estamos en un periodo contrarrevolucionario, o en todo caso si es que no estamos en un periodo contrarrevolucionario, ese periodo contrarrevolucionario ha terminado hace muy poquito a nivel mundial y fundamentalmente en Argentina.

¿En qué sentido?

Revolucionario y contrarrevolucionario nosotros lo definimos en función de quién tiene la iniciativa. La iniciativa, no solo en Argentina, sino a nivel mundial, la tiene la oligarquía financiera. La tuvo claramente desde 1975 hasta 1990 incluido y el 2001 significó un freno, pero esa fracción no ha perdido la iniciativa. Entonces, si estamos en un periodo contrarrevolucionario es evidente que los hechos que se puedan producir –algunos de una envergadura que parecería incluso superior a la del Cordobazo– con hechos como los del 2001, eso que nosotros conceptualizamos como “insurrección espontánea”, sin embargo, no tienen la continuidad o la proyección que tuvo aquel hecho porque el periodo es distinto.

Pero ningún periodo (revolucionario o contrarrevolucionario) es eterno. Cuando se desarrolle un momento o un periodo revolucionario, ese hito de 1969 estará presente en la memoria histórica de la clase obrera y es, por lo menos, un piso, si es que el piso no ha sido colocado más arriba con la insurrección espontánea de 2001.

Los hechos de 2001 tuvieron no solo una repercusión, sino una existencia nacional en un rechazo, ya no a una dictadura militar, a lo que se ensambla el rechazo a un régimen de dominación –como en el Cordobazo–, en 2001 fue el rechazo a todas las personificaciones del régimen político y del capital más concentrado. Sin embargo, esto no tuvo continuidad con la iniciativa posterior, probablemente por- que en su realización no estaba presente el rechazo de fondo al régimen mismo, sino hacia las personificaciones, entonces se pudo recomponer todo el sistema institucional-electoral muy rápidamente.

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