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Importancia del Derecho Romano

Cada familia estaba bajo la autoridad de un jefe, paterfamilis. Estos paters y sus descendientes, que componían las gentes de las curias primitivas, formaban la clase de los patricios, patricii, que constituían una nobleza de raza y participaban del gobierno del Estado con todos los privilegios del ciudadano romano.

Importancia del Derecho Romano

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La Razón (Edición Impresa) / Karol Ribeiro Mendoza*

00:00 / 16 de agosto de 2015

De la fundación de Roma a la Ley de las XII tablas. Una oscuridad reina acerca de los orígenes de roma. Según las conjeturas que sustituyen los relatos de los historiadores y poetas latinos, tres poblaciones concurrieron a su formación: una latina, los ramnenses, con Rómulo como jefe; otra sabina, los titienses, bajo el gobierno de Tatio, y la etrusca, los luceres, cuyo jefe era Lucuwio. Estos pueblos, agrupados en tres tribus distintas y establecidas en las colinas que bordean la ribera izquierda del Tíber, constituían la ciudad romana bajo la autoridad de un rey. Veamos su organización social y política.

Los patricios, los clientes y la plebe

Cada una de las tres tribus estaba dividida en tres curias con cierto número de gente. Mientras que la curia es una división artificial, la gens parece haber sido una agregación natural con el parentesco como base. Cada gens comprendía personas descendientes por el lado de los varones de un autor común.

A la muerte del fundador de la gens, sus hijos se hacían jefes de familia; estas familias eran ramas diversas de un mismo tronco y conservaban el nombre, nomen gentilitium, como señal de su origen, llevado por los miembros que aún eran parte de la gens.

Cada familia estaba bajo la autoridad de un jefe, paterfamilis. Estos paters y sus descendientes, que componían las gentes de las curias primitivas, formaban la clase de los patricios, patricii, que constituían una nobleza de raza y participaban del gobierno del Estado con todos los privilegios del ciudadano romano.

Al lado de cada familia patricia había personas agrupadas a título de clientes bajo la protección del jefe, que es su patrón. Es probable que los clientes formasen parte de la gens del patrón y que tomaran el nome gentilitium. La clientela creó entre ellos derechos y deberes. El patrón debía a sus clientes socorro y asistencia; tomaba su defensa en justicia y les concedía gratuitamente tierras para cultivar y vivir de sus productos.

El cliente debía al patrono respeto y abnegación, le asistía en la guerra y en su fortuna para pagar su rescate en caso de cautiverio, para dotar a su hija o para pagar las multas a que el patrón había sido condenado. Estas obligaciones estaban enérgicamente sancionadas, el patrón o el cliente que las violaban eran declarados sacer y podían ser muertos impunemente.

En cuanto al origen de la clientela y a la manera en que se desarrolló, solo hay conjeturas. Si se tiene en cuenta el número considerable de clientes agregados a ciertas gentes, se debe admitir que muchas causas han contribuido a formar esta parte de la población romana. Desde luego, los fundadores de Roma tenían clientes, pues en esta época había la misma institución en la mayor parte de las ciudades de la hoy Italia.

A este núcleo primitivo deben añadirse los libertos y sus descendientes, después los extranjeros llegados a Roma por derecho de “asilio” y que se colocaron voluntariamente bajo la protección de un patricio. Como consecuencia de las primeras conquistas, las poblaciones de las ciudades vecinas, trasladadas a Roma en totalidad o en parte, contribuyeron al acrecentamiento de la clientela entre los vencidos pobres y de baja extracción que buscaban una vida menos libre pero mejor protegida cerca de un patrón. La cualidad de cliente se transmitía hereditariamente.

Los antiguos autores convienen comprobar que, durante los primeros tiempos que siguieron a la fundación de Roma, la población no comprendía más que los patricios y clientes. Luego apareció otra clase, los plebeyos o plebe, plebs. Libres de toda unión con los patricios, ocupaban un rango inferior, no tenían participación en el gobierno, su acceso en las funciones públicas estaba prohibida y no podían contraer matrimonio legítimo con los patricios.

¿Cómo se formó la plebe? Estaba compuesta por clientes que se hicieron independientes, por ejemplo, cuando la gens de su patrono se extinguió o a medida que Roma extendía sus conquistas. Alguna vez los vencidos de noble origen fueron incorporados al patriciado, mas los de condición inferior aumentaron la muchedumbre de plebeyos. Las reclamaciones de esta multitud creciente no tardaron en crear peligro para el Estado y, durante siglos, la historia de la ciudad se resumió en la lucha de patricios y plebeyos, quienes se esforzaban en conseguir igualdad en el orden público y privado.

El rey, el senado y los comicios por curias

La forma de gobierno era la monarquía, pero no absoluta. El rey no era más que el jefe de una especie de república aristocrática donde la soberanía pertenecía a los patricios de las curias. Ellos ejercían su poder en las asambleas o comicios, los cometia curita. El rey era elegido vitalicio y con autoridad suprema por los comicios, era, a la vez, jefe del ejército en tiempo de guerra, magistrado judicial en civil y criminal y alto sacerdote encargado de velar por cumplimiento de las ceremonias públicas. A su muerte, y mientras se elegía a un nuevo rey, el poder era ejercido por un inter rex tomado del Senado.

El rey era asistido por el Senado compuesto por los paters o seniores, es decir, de los más viejos entre los jefes de las familias patricias. Es probable que en su origen hubiese cien senados. Bajo tarquino alcanzaron a trescientos.

El Senado formaba un consejo que el rey debía consultar para lo que interesaba al Estado.

Los cometian curiata comprendían los miembros de las treinta curias, patricios y clientes. Esta asamblea constituía entre los romanos la forma más antigua del poder legislativo. Sus decisiones se convertían en leyes, leges curiata, elegía e investía al rey, estatuía la paz y la guerra, así como los actos que interesaban a la composición de las familias y la transmisión de los bienes, es decir, la adrogación y el testamento.

Estos comicios se reunían en Roma en el comitium. El rey solo tenía el derecho de convocarlos y someter los proyectos sobre los cuales estaban llamados a votar. Era menester que los auspicios fuesen favorables para que la asamblea delibere válidamente.

La decisión de los comicios no era obtenida por el sufragio directo de los individuos. La unidad de los votos es la curia. Dentro de cada curia se votaba por cabeza para tener la opinión de la misma. Dieciséis curias pronunciándose en el mismo sentido formaban la mayoría. Pero la ley no era perfecta hasta cuando recibía la sanción del Senado, la auctoritas patrum.

Esta organización no tardo en presentar graves inconvenientes cuando el número de plebeyos no clientes fue considerable por las conquistas de Roma. Solo los patricios tenían la carga del impuesto y del servio militar; también participaban solos de la vida política y social. La plebe permanecía extraña a las cargas públicas así como a la administración de la ciudad.

Tarquino intentó remediar esta desigualdad y quiso establecer tribus de plebeyos. Pero la oposición del augur navius le impidió el proyecto. Se contentó conservando los antiguos marcos de las tres tribus y de las treinta curias, aumentar el número de miembros haciendo entrar en ellas familias plebeyas, las que, incorporadas a los patricios, fueron llamadas minores gentes o, según la tribu de que formaron parte, luceres secundi. Esta medida era insuficiente y tenía efecto temporal, era menester una reforma completa, ésta fue obra de su sucesor.

Reformas de Servio Tulio, los comicios por centurias

Servio Tulio, llegado a rey en el año 166 de Roma, evitó tropezarse con la resistencia que paralizó las intenciones de Tarquino. Anuló la antigua organización patricia resultante de la distinción de las tres tribus primitivas y de los comicios por curias. Pero estableció una nueva división del pueblo fundada no ya sobre el origen de los ciudadanos, sino sobre la fortuna de ellos, comprendiendo el conjunto de la población.

Los plebeyos fueron llamados a concurrir con los patricios al servicio militar, pago del impuesto y a la confección de la ley dentro de las nuevas asambleas.

Con la reforma dividió el territorio de Roma en cuatro regiones o tribus urbanas y el campo romano en cierto número de tribus rústicas. Esta división no estuvo fundada, como la antigua, sobre la distinción de razas y era geográfica y administrativa. Cada tribu comprendía a todos los ciudadanos domiciliados, patricios o plebeyos.

Después del censo, Servio Tulio estableció que todo jefe de familia debía ser inscrito en la tribu de su domicilio y era obligado a declarar bajo juramento el nombre y la edad de su mujer y de sus hijos, así como su fortuna, incluyendo sus esclavos. Quien no se sometía a esta obligación (incensus) era castigado con la esclavitud y sus bienes confiscados. Las declaraciones estaban escritas en registros, donde cada jefe de familia tenía un capítulo, caput, renovado cada cinco años.

Haciendo el censo conocer la fortuna de cada ciudadano, Servio Tulio estableció una nueva repartición de la población desde el punto de vista del servicio militar y del pago del impuesto. Los ciudadanos fueron divididos en cinco clases, según su patrimonio, 100 mil ases para la primera, 75 mil para la segunda, 50 mil para la tercera, 25 mil para la cuarta y 11 mil ases para la quinta. Estas clases estaban divididas en centurias, niores (de 17 a 46 años cumplidos) y seniores (de 46 a 70 años).

Había 80 centurias en la primera clase, la más importante; 20 en la segunda, tercera y cuarta y 30 en la quinta; en total, 170 centurias de infantes componían el ejército regular de las cinco clases. Además, había 18 centurias de jinetes, seis eran reclutadas entre los patricios y 12 entre las familias más ricas.

Los ciudadanos que tenían menos de 11 mil ases formaban cinco centurias como séquito del ejército a modo de obreros o para llenar los vacíos de las tropas (accenci o velati). El conjunto de ciudadanos estaba distribuido en 193 centurias. El impuesto era pagado por los ciudadanos de las cinco clases y por aquellos que tenían por lo menos 150 ases, los assidui (de assendare).

Los ciudadanos que tenían menos de 150 ases estaban exentos de impuestos. Eran los capite censi o proletarii (de prolem dare), contados solo por su cabeza y por los hijos que daban al estado. De esta organización nació una nueva especie de asamblea del pueblo.

Convocadas por el rey, las centurias se reunían en armas fuera de la ciudad sobre el campo de Marte para estatuir sobre los negocios. Son los cometía centuriata que comprenden el pueblo entero, patricios y plebeyos. La unidad del voto era centuria. Los seniores, menos numerosos que los júniores, contaban un número igual de centurias para tener el mismo número de votos.

Se consultaba a las 18 centurias de caballeros y se pasaba a las 80 centurias de la primera clase, las cuales eran consultadas por orden de la suerte. Cuando estas 98 centurias votaban en el mismo sentido, se formaba la mayoría y era inútil consultar a las otras. De hecho, el poder pertenecía a la parte más rica de la población.

La decisión votada en los comicios por las lex centuriata no era obligatoria hasta después de haber recibido la sanción del Senado. Así la influencia de los patricios estaba protegida. Es difícil precisar el papel de estas nuevas asambleas, pero no hicieron desaparecer los comicios por curias, quienes conservaban bajo la monarquía sus antiguas atribuciones.

Por estas reformas Servio Tulio logró tres cosas, aseguró el reclutamiento del ejército, abriendo sus filas a patricios y plebeyos, fijando los cuadros de antemano de una manera permanente; distribuyó la carga del impuesto sobre todos los ciudadanos proporcionalmente a su fortuna y sustituyó la preponderancia en el Estado.

Hasta allí pertenecía a la nobleza de razas, a los patricios y pasó a la aristocracia de fortuna a los ciudadanos más ricos, cualquiera que sea su origen. En lo sucesivo, los plebeyos tuvieron su puesto en las asambleas; participaban de las cargas del servicio militar y del impuesto; pero necesitaron más de dos siglos para conquistar la igualdad.

La república, los tribunos y los concilia plebis

La monarquía fue derribada en el año 245 de Roma y el rey sustituido por dos magistrados patricios, los cónsules, elegidos por un año y con iguales poderes. Al mismo tiempo, la autoridad religiosa fue separada de los poderes civiles y confiada al gran pontífice. Este cambio no aprovechó a los plebeyos quienes permanecieron excluidos de todas las magistraturas.

En el orden privado, la situación de los plebeyos pobres, es decir, de la mayoría, era de las más desdichadas. Sin el cultivo de la tierra por las guerras, fueron obligados a pedir prestado dinero a los patricios y a los plebeyos ricos, quienes hicieron causa común con el patriciado. Los exagerados intereses aumentaron las deudas y los deudores, en la imposibilidad de pagar, eran expuestos a los rigores que el derecho primitivo autorizaba contra ellos, la prisión en casa del acreedor para ser tratados como esclavos.

En 260 los plebeyos tomaron una resolución enérgica, salieron de Roma y se retiraron al Monte Aventino. Estado de derecho antes de la Ley de las XII Tablas.

En los tres primeros siglos de Roma, el derecho privado tuvo fuente única en los usos en vigor entre los fundadores de la ciudad y que han pasado, por tradición, de las poblaciones primitivas a la nación nueva. Estas son las costumbres de los antepasados. Sobre derecho privado no se puede citar ninguna ley centuriada o, por lo menos, no se posee ningún documento que tenga suficiente carácter de autenticidad. Sin embargo, el jurisconsulto Pomponio refirió que Rómulo y los sucesores hicieron votar leyes por las curias; que bajo Tarquino el Soberbio, un tal Papirio las publicó en la colección Jus civile papirianum.

Esta colección no ha llegado al presente.

La Ley de las XII Tablas

Para ciertos historiadores, los romanos quisieron ilustrarse por el estudio de legislación de Grecia. Hacia el año 301, tres patricios fueron enviados a ciudades griegas donde las leyes de Solón y Licurgo estaban en vigor. Al cabo de un año volvieron con las leyes griegas. Hermodoro, desterrado de efeso, los auxilió en su misión y tomó una parte importante con la confección de la Ley de las XII Tablas, tanto que los romanos elevaron una estatua que Plinio dijo que existía todavía en su tiempo.

La veracidad de esta tradición fue debatida por la crítica moderna; por otra parte, muchas disposiciones de la Ley de las XII Tablas estaban inspiradas por leyes griegas. En 303, año que siguió al regreso de la legación, las magistraturas ordinarias fueron suspendidas de común acuerdo y todos los poderes fueron confiados a diez magistrados patricios elegidos en los comicios por centurias, quienes fueron encargados de hacer la ley.

Al año publicaron sus trabajos sobre 10 tablas que recibieron la consagración de un voto de los comicios por centurias. Pero esta legislación pareció insuficiente y, en 304, se eligió a otros desemviros, quienes redactaron dos nuevas tablas, complemento de las primeras. Por querer mantenerse ilegalmente en el poder, fueron derribados y se restableció a los cónsules, los tribunos y a las antiguas magistraturas.

La ley decemviral, grabada sobre tablas de bronce o de roble, fue expuesta en el foro. Cualquiera que haya sido la suerte de estas tablas, el texto fue familiar a los jurisconsultos del fin de la república y de los primeros siglos del imperio; varios hicieron comentarios de ellas. El contenido auténtico de las XII tablas no ha llegado hasta hoy y solo hay fragmentos en los tratados de los jurisconsultos que han comentado la ley de las XII tablas, sobre todo por el de Gayo, del cual han sido insertados 18 extractos en el digesto de Justiniano y también por las obras de los antiguos autores que se han ocupado de explicar ciertas expresiones de la vieja lengua latina empleada por los desemviros.

Tomando lo necesario de estas fuentes, desde el siglo XVII se ha intentado reconstituir la Ley de las XII Tablas y se ha restablecido gran parte en su significación general. También se ha probado a colocar estos fragmentos por orden y hallar el objeto de cada tabla. Excepto raras indicaciones de algunos autores, este trabajo no descansa sobre ninguna base seria, pues no está probado que cada tabla haya formado un todo y que el contenido haya sido determinado de otro modo que por el azar de la escritura.

Está comprobado que la ley desemviral tiene carácter esencialmente romano y que ella no es una simple copia de las leyes griegas. Si las prestaciones de esta legislación son indiscutibles, la mayor parte de la Ley de las XII Tablas parece ser la obra personal de los desemviros o, más bien, la consagración de antiguas costumbres a las que se concedió nueva fuerza. La Ley de las XII Tablas reglamentó el derecho público y el privado. Los romanos la consideraron fuente de su derecho. Es la ley, por excelencia, y todo lo que de ella deriva es calificado de legitimun. Además, las leyes posteriores no han hecho más que desenvolver el derecho de las XII tablas y jamás, hasta Justiniano, ninguna de sus disposiciones fue objeto de revocación expresa.

Los antiguos autores alabaron con admiración exagerada su concisión y sencillez. Mas, es necesario reconocer que ciertas reglas tienen huellas de un rigor excesivo, el mismo Cicerón se consideró obligado a moderar el elogio, reconociendo que las dos últimas tablas contenían leyes inicuas. Tal legislación estaba lejos, en efecto, de dar entera satisfacción a la legítima ambición de los plebeyos y de otorgarles la igualdad que reclamaban. Ellos quedaban excluidos de todas las magistraturas y les estaba prohibido contraer matrimonio legítimo con los patricios.

Pero, por grande que fuese la imperfección, la Ley de las XII Tablas hizo un verdadero progreso. En lo sucesivo había una ley pública aplicable a todos y, si es cierto que una nación está constituida cuando tiene una legislación que rige a todo los ciudadanos, puede decirse que la Ley de las XII Tablas mostró la función de la ciudad romana.

De la Ley de las XII Tablas al fin de la República

En este periodo, los plebeyos, por un progreso lento pero continuado, obtuvieron lo que habían esperado inútilmente de la ley de los desenviros: la igualdad con los patricios en el derecho público y en el privado. Al fin del siglo V era una conquista acabada.

Después del año 309, el tribuno Canuleyo obtuvo, tras largos debates, el voto de la ley Canuleya, que permitía el legítimo matrimonio entre patricios y plebeyos. Esta fue una de las victorias más importantes; ella sola debía traer al cabo de cierto tiempo la mezcla de razas y la fusión de los dos órdenes.

De otra parte, en 468, la ley Hortensia había dado fuerza legal a los plebiscitos votados por los plebeyos con los concila plebis.

El fin del Derecho Romano

Ante la crisis, muchos propietarios rurales liberaron a sus esclavos a quienes se los llamó colonos y fueron la base del sistema que consistía en la entrega de una porción de tierra, elementos de labranza y una parte de la cosecha para el mantenimiento del trabajador y su familia. A cambio, el colono debía pagar fuertes tributos al dueño de la tierra.

Dentro de la propiedad había también artesanos que producían para la comunidad. Esto llevó a que las grandes propiedades se autoabastecieran y se apartaran de los circuitos comerciales. Allí el propietario se fue convirtiendo en un soberano que gobernaba su región y a sus colonos. Este sistema perjudico al imperio.

Cuando a fines del siglo III Diocleciano se puso a reorganizar el Imperio, se le ocurrió una nueva forma de gobierno: lo dividió en dos regiones, oriental y occidental. Cada una sería gobernada por dos Césares con poder militar y dos Augustus, con poder político. A este sistema se lo llamó “tetrarquía”, gobierno de cuatro.

No solucionó los problemas y siguieron las luchas internas hasta que en el 324 Constantino se proclamó emperador único. El nuevo gobernante fundó en Bizancio (actual Turquía) la nueva capital del Imperio Romano. Inauguró una política de tolerancia con el cristianismo adoptándolo como religión.

Al morir, el emperador Teodosio dejó como herencia el imperio a sus dos hijos, a Honorio le cedió occidente y a Arcadio oriente. Esta división terminó de debilitar al imperio. Nuevas invasiones de los godos, vándalos y burgundios dieron el golpe de gracia.

En el año 410 el rey visigodo Alarico ocupó y saqueó Roma. Luego se sucedieron las invasiones hasta que en el 476 el último emperador de occidente, Rómulo Augusto, fue depuesto por el germano Odoacro.

El Imperio de Oriente sobrevivió en Bizancio hasta la invasión turca de 1453. Así, el fin del imperio se debió a que era muy grande y difícil de controlar a partir del siglo III y de conquistador pasó a conquistado y destruido.

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