La Gaceta Jurídica

Independencia (política) del periodista desde la ética

El Señor Justicia

La Gaceta Jurídica / Carlos Conde Calle

00:00 / 30 de agosto de 2013

Es uno de los temas que a unos causa risa y a otros profunda vocación ética. Al respecto, María Teresa Herran y Javier Dario Restrepo, en su Ética para periodistas, consideran medular la INDEPENDENCIA del informador.

¿Independencia de qué? Los autores subrayan que debe haber independencia de las fuentes financieras, de la subjetividad y, por supuesto, de la política. En otros términos, el periodista, desde el campo financiero, en lo posible, no debe depender de la publicidad, fundamentalmente gubernamental; el poder político no debe condicionar la tarea profesional a la mayor o menor publicidad estatal.

De hecho, para que el periodista sea independiente debe recibir buen salario y no ser tentado por las fuentes. No es ético, dicen los autores, que reciba dinero de éstas o que el mismo periodista sea relacionista público de la fuente. Respecto a la independencia de su subjetividad, siguiendo a estos autores, podemos afirmar que el periodista debe ser objetivo.

Evidentemente, la objetividad absoluta es difícil de lograr, pero la objetividad existe y es un deber ético que el periodista luche por alcanzar esta meta, que, por lo demás, es la línea ética universal sustentada por José Luis Martínez Albertos. En definitiva, el periodista debe ser independiente de sus fuentes (así de categórico).

Sin embargo, el punto más difícil es lograr la INDEPENDENCIA POLÍTICA. Herran y Restrepo enseñan que no debemos militar en partido alguno, que no debemos ser funcionarios públicos y realizar tareas periodísticas al mismo tiempo. Que, en lo posible, en el tratamiento de la noticia el periodista sea imparcial. El autor de esta columna está de acuerdo con este pensamiento, no obstante, es bueno que mostremos las dos formas de leer este concepto.

Por definición, las corrientes de izquierda (socialismos y nacionalismos) no creen en la imparcialidad. La base teórica está, por ejemplo, en Lenin, Marx, Camilo Taufic en su Periodismo y lucha de clases y en Armando Mattelart, que los medios son una expresión de la lucha de clases; que obedecen siempre a los intereses de una clase social. En el capitalismo, la burguesía es el detentador del poder político y económico y, por tanto, los periodistas expresan esa ideología (de la clase dominante). Que los medios son sólo caja de difusión ideológica de las clases dominantes. En ese marco, las clases subalternas o dominadas deben construir su propia ideología.

La otra concepción es la TEORÍA DEMOCRÁTICA, donde, también por definición –al margen de otros atributos–, se requiere pluralismo de ideas, libertad de expresión y, por tanto, imparcialidad de sus periodistas. La democracia ve a los medios auténticamente como medios. Así la ética de Herran y otros encaja en esa segunda corriente.

Para los primeros, el razonamiento es este: “no hay periodistas imparciales; estás con la revolución o contra ella; no hay periodistas neutros”. Nosotros nos inscribimos en la corriente democrática.

En consecuencia, partiremos de un hecho real acaecido la pasada semana, cuando un matutino se equivocó en un titular y, por tanto, su director tuvo que renunciar. El 23 de agosto de 2013 el medio publicó una nota que dice: “El ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana”, pidió al diario Página Siete que esclarezca su rol y se defina como “periodismo honesto” o “partido político”.

Con seriedad y responsabilidad debo sostener que el ministro Quintana tiene razón, aunque habría que pedirle la misma explicación a los medios estatales, particularmente a sus periodistas. Con seguridad que éstos colegas dirán que se inscriben a la línea teórica de izquierda (Marx, Lenin o Taufic).

Desde la teoría democrática el periodista debe ser IMPARCIAL, (Herran dirá “independiente”). Esta independencia debe traducirse de diferentes maneras. Inicialmente, se debe informar sobre los hechos políticos tal cual ocurrieron y no incorporar los deseos, posiciones ideológicas o sentimientos adversos que subyacen en su subjetividad. Riviere dirá “los hechos se respetan”, la opinión es libre”.

Con satisfacción, debemos decir que todos los medios escritos cumplen con esa exigencia y, últimamente, los medios televisivos también ingresan en esta onda en el ejercicio de un periodismo de mayor calidad. Eviden- temente, se observa errores que son pocos y, como corresponde, se RECTIFICAN. El medio aludido esta semana rectificó la noticia.

Por supuesto que el periodista no debe militar en ningún partido político ni demostrar abiertamente sus simpatías con los oficialistas u opositores. Cuando el periodista milita le hace daño al periodismo. Si gusta de la política y opta por una alternativa, mejor que deje los medios y se dedique a la acción política y luche con otros actores en igualdad de condiciones.

Al ser un deber ético, muchos no cumplen la norma deontológica (que no es jurídica, no está positivada). Por otro lado, una vez que el periodista ingresa a la política es una ida sin retorno. En la práctica, probablemente, es error mayúsculo que los mismos medios inviten para sostener columnas a políticos o periodistas que han dejado la política.

Los funcionarios estatales, con excepción de la cátedra universitaria, no pueden simultáneamente ejercer el periodismo. ¿Es periodista o funcionario público? En todo caso, es menester subrayar que en los géneros de opinión el informador puede expresar sus ideas libremente y no constituye contradicción al momento de informar.

Vuelvo a Margarita Riviere: “los hechos se respetan, la opinión es libre”, de manera que el periodista, cuando informa hechos, debe hacerlo tal cual. No obstante, se produce errores en el titular, en el cuerpo de la noticia (donde se incorporan los deseos personales) o en el lead.

En los géneros de opinión, particularmente los periódicos podrían contratar a columnistas y articulistas que no sean militantes de partidos políticos. Existen sociólogos, politólogos, abogados o economistas que cumplen el requisito de la independencia (pero, al parecer, puede más el Rating).

Se vislumbra ausencia de columnistas con el título de periodistas porque necesitan estudiar otra área del conocimiento científico: economía, derecho, ciencia política, sociología, etc. Cuanto me agradaría que el 100% de columnistas sea periodista de profesión. Los periodistas se han preparado en la “ciencia de la todología”.

Finalmente, un caso real ayuda a explicar: en el suplemento Animal Político del 11 de agosto, en las páginas 4 y 5, en una entrevista realizada por el periodista Luis Mealla al experiodista Edwin Herrera, se pregunta: “Dejar el periodismo y hacer política es un camino sin retorno, ¿Está consciente de ello?”, el entrevistado responde: “estoy consciente de que esto es así. Cumplí un ciclo de la manera más exitosa. EN MI VIDA PERIÓDISTICA he transcurrido todos los escalones que se debe subir, cerré mi actividad siendo director de medios. ME HAN INVITADO PARA SER COLUMNISTA DE UN PERIÓDICO, pero hice una pausa mientras estoy en la política, NO ME PARECE ÉTICO USAR LOS MEDIOS PARA DIFUNDIR IDEAS POLÍTICAS” (sic).

El señor Herrera es un alto dirigente del MSM y, como parece entender, al entrar a la política se pierde algo central en el periodismo: la credibilidad. Pero esto es puramente ético, no jurídico. Los otros periodistas que son militantes políticos no tendrían que asustarse, es pura ética; ¡no hay norma jurídica que obligue a dejar un medio...! ¡aunque sea militante de un partido! Pero el lector, televidente y radioescucha no es tonto.

Es experto en Derecho de la Información.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia