La Gaceta Jurídica

El Índice de Desarrollo Democrático

Rayos X

La Gaceta Jurídica / Henry A. Pinto Dávalos

00:00 / 02 de octubre de 2012

Resulta llamativo que muchos académicos y analistas de opinión no se hayan pronunciado sobre el estudio “Índice del Desarrollo Democrático en América Latina”, elaborado por la Fundación Konrad Adenauer, trabajo producido recogiendo una serie de fuentes como la información enviada desde los mismos países, así como informes evacuados por Organismos Internacionales de Desarrollo.

El documento, en grandes términos, señala que en el caso de América Latina el desarrollo de los valores democráticos ha bajado de modo importante en el 5,7 por ciento, no siendo la excepción Bolivia, que se ubica entre los países más atrasados con 3.079 puntos.

Fue sólo el Premio Nacional de La Paz, padre Gregorio Iriarte o.m.i, quien, en su columna habitual del matutino Opinión, comenta dicho informe, resaltando algunos detalles del mismo que señalan que sólo un pequeño grupo de países de América Latina ha mostrado avances reales en su desarrollo democrático, ellos son Chile, Costa Rica y Uruguay, los cuales han obtenido calificaciones altas.

Esta situación, a criterio de Iriarte, se debe a que si bien “El Estado Plurinacional ha ampliado las posibilidades de participación ciudadana y el ejercicio de la democracia en sectores indígenas y campesinos, sin embargo, existen señales de desgaste de los verdaderos valores de la democracia”.

Es más, Iriarte afirma que “nuestros pueblos no se sienten plenamente satisfechos con el sistema democrático, pues perciben que no ha habido suficientes avances en la lucha contra la pobreza y que en nuestra sociedad se mantiene la falta de equidad en la redistribución de ingresos, acompañado de una creciente violencia y de mayor corrupción”.

La Asociación Boliviana de Ciencia Política (abcp), a lo largo de estos años, ha venido desarrollando una serie de iniciativas destinadas justamente a evaluar la calidad de la democracia en Bolivia, obteniendo en la gestión 2010 y 2011 un resultado de 4,8/10 y 4,76/10 respectivamente, lo cual coincide con las reflexiones de Iriarte y el estudio de la Konrad Adenauer en América Latina.

El respecto, si bien han existido avances notables en lo que significa la inclusión social y la consolidación de mayores cauces de representación y participación democrática, así como el reconocimiento de derechos indígenas, empero, ello no significa que hayamos desarrollado en igual proporción nuestro valores democráticos, como la equidad, la transparencia, la participación ciudadana, la responsabilidad pública, la tolerancia, el diálogo y la solidaridad.

En efecto, la construcción de una cultura democrática no se agota sólo con la implementación de reformas institucionales destinadas a canalizar la presencia y participación de grupos vulnerables como son los indígenas, campesinos o mujeres, sino principalmente al desarrollo de lo que en  la teoría y la ciencia política se denominan principios (igualdad, libertad, pluralismo) y valores democráticos (equidad, transparencia, participación ciudadana, responsabilidad pública, tolerancia, diálogo, solidaridad).

Éstos tienen otras connotaciones y requieren consiguientemente otro tipo de iniciativas destinadas a construir y consolidar una cultura democrática, situación que, en el caso de Bolivia, presenta aún muchos retos, por ser justamente un país poco tolerante al disenso y a la crítica, más aún si ésta viene de los sectores de oposición, sumado a ello, el inexistente control al interior de los órganos de poder.

La abcp, en su estudio “La Calidad de la Democracia en Bolivia” (2011), justamente se propuso abordar estas dimensiones, preguntando a los entrevistados “¿cuál es el tipo de discriminación más visible e intensa en el Estado Plurinacional de Bolivia?”, recibiendo como respuesta el referido a la “preferencia política” con el 39,3 por ciento y el “origen étnico” con el 25,9 por ciento.

Esto significa que hoy en Bolivia el tipo de discriminación más llamativa está referida a la adscripción política que uno profesa, lo cual dice muy poco en términos de pluralismo político (principio) y tolerancia democrática (valor), por cuanto un sistema político auténticamente plural debía alentar la diversidad de pensamientos y de tendencias ideológicas, sin satanizar, menoscabar ni criminalizar a los disidentes, dentro un marco de tolerancia y promoción de la paz, como profesa líricamente nuestra Constitución.

Espere…

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