La Gaceta Jurídica

Inspección en Tránsito

El operativo es un paso que podría iniciar una lucha frontal contra ese estado de cosas, más si ocurre en coordinación con el comandante de la unidad, quien podría convertirse en una especie de héroe si lo logra, en un encubridor si pasa por alto lo que sucede o en un destituido…

La Gaceta Jurídica / Editorial

00:00 / 10 de mayo de 2013

Habida cuenta de que la corrupción –prácticamente endémica en varias instituciones del país– no ha disminuido, según apreciaciones a grosso modo de personas y usuarios necesitados de estos servicios, es pertinente referirse a las unidades operativas de Tránsito que existen en el país, las cuales son, desde que se tenga memoria, en gran parte centros de irregularidades en sus oficinas y en sus operaciones callejeras.

Si de algo es testigo todo transeúnte de nuestras ciudades, es de la “charladita” o “coima” a los agentes de parada para que dejen pasar vulneraciones al Código de Tránsito o para que éstas no se deriven a las oficinas o no signifiquen la extensión de una boleta. Estos casos, que son recurrentes y casi “públicos”, están directamente relacionados con la cultura del cohecho, que es común a conductores de vehículos privados y de servicio público, quienes proceden de modo similar con sus carros al circular o estacionar en las vías urbanas y rurales.

En este sentido, debemos entender que si existieran valores morales para conducir de manera adecuada y si los conductores fueran bastante inteligentes para hacerlo, las sanciones no serían necesarias, tal como pretenden hacer entender los municipios de La Paz y El Alto con sus guardias viales, que han debido sustituir a los agentes de Tránsito por su negligencia e inoperancia y castigar a los choferes por su terquedad hacia las mejoras de urbanidad.

Pero el tema aquí planteado se refiere a la relación entre faltas y gestión de multas y deberes que deben cumplir los funcionarios policiales de Tránsito, que, más allá del control, vigilancia y aplicación de la norma, en muchos casos han convertido la repartición en posibilidad de ingresos irregulares, por lo que no es gratuito que se tenga denuncias y que el Viceministerio de Lucha Contra la Corrupción haya realizado un operativo en Tránsito de La Paz, verificando anomalías “que podrían derivar en hechos de corrupción”, según señala un reporte periodístico.

Si bien el dato no es claro y no ofrece mayores evidencias sobre el tema de sobornos y cobros indebidos, el informe que presentará a raíz de esta acción la viceministra Jéssica Saravia, con “recomendaciones y observaciones destinadas a fortalecer el control interno y transparentar la gestión de esa unidad”, es un paso que podría iniciar una lucha frontal contra ese estado de cosas, más si ocurre en coordinación con el comandante de la unidad, quien podría convertirse en una especie de héroe si lo logra, en un encubridor si pasa por alto lo que sucede o en un destituido si se hacen evidentes otros intereses en torno a ese organismo.

Al respecto, entre las puntualizaciones conclusivas debemos hacer notar que el operativo de control de este viceministerio debe replicarse en el resto del país y repetirse en La Paz, con la finalidad de evaluar los avances y las acciones internas para transparentar estas oficinas. Por otra parte, las mejoras morales en el organismo policial podrían llevar a una coordinación con los municipios para realizar un trabajo conjunto y decoroso, pues, cada oficina de Tránsito opera con una dirección local que sabe actuar en consecuencia, sin que se haga óbice de ello la ausencia de un nuevo Código de Tránsito y vialidad, cuyo anteproyecto, hasta donde se sabe, permanece en “estudio” en el Comando General.

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