La Gaceta Jurídica

Jurisprudencia sociológica

(Parte II)

Foto: calvinistas.blogspot.com

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Germán Cardona Müller

00:00 / 17 de julio de 2015

Algo que no se menciona en las cuestiones metodológicas de la jurisprudencia sociológica es el riesgo que implica usar un método sobre otro. Es cierto que un estudio por lo general determina el tipo de método que se aplicará; sin embargo, y haciendo énfasis de la gnoseología, se puede observar que este riesgo se deriva de los tres tipos de pensamiento humano que a su vez implican metodologías de investigación.

El ser humano puede hacer deducciones, inducciones y abducciones. Puede mezclar los primeros dos para hacer silogismos, y por lo tanto crear nuevos pensamientos, ideas o en su defecto arribar a nuevas leyes, teorías que den explicación del mundo circundante.

El problema consiste en que toda información que se obtiene de este sistema de pensamiento triangular es muy débil. Tan sólo se necesita que uno de los soportes de la inducción, deducción o de la abducción estén mal para que todo el sistema se caiga.

Covarrubias Dueñas señala claramente como la teoría y sistematización precede a la filosofía, y ésta a la ciencia (1). A su vez, por lo tanto, todo saber científico por lo general precede de las observaciones que realiza el individuo, es decir, se sigue, por lo tanto primero empezó el sistema inductivo antes que el deductivo.

Es éste el que trazó las primeras leyes, que a su vez se hicieron parámetros para sacar nuevos efectos, lo cual sería un camino que va de arriba abajo y viceversa. Sin embargo, se puede observar como éste sistema acabó desplomándose con los postulados de la física cuántica, ya que todo el aparato de la física que realizó Sir Isaac Newton no se aplicaba a todo el mecanismo que se encontraba detrás.

Por lo tanto, de las primeras premisas establecidas por Newton, así como las bases del positivismo se desploman cuando la física cuántica demuestra que el universo es 99 por ciento espacio vacío, y que las partículas se comportan como ondas.

Si a esto le agregamos que el ser humano no puede conocer la realidad al cien por ciento debido a que todo lo que ve, oye o siente es resultado de la interpretación de su cerebro, lo único que queda es reformular nuevamente la mayoría de los postulados científicos, utilizando los acervos de información que sirvan para tomar un nuevo campo.

Sin ser demasiado extremistas, y aplicando esta teoría del riesgo a las ciencias sociales, se puede tomar de ejemplo la postura utilitarista de Bentham. Este último postula que la felicidad es la finalidad del ser humano ya que éste busca el placer y se aleja del dolor.

De tal manera que toda su teoría reposa en buscar la máxima felicidad que se obtiene en una combinación de un equilibrio entre la felicidad propia y la del grupo, lo cual implica que el fin siempre justifica los medios. Sin criticar demasiado esta teoría, se puede observar que el error de Bentham constituye el haber utilizado una premisa, la felicidad, para desarrollar toda una tesis sin haber demostrado de manera coherente su primera inferencia.

Lo importante resalta en que el riesgo se encuentra siempre latente en toda metodología, y más importante porque ya se traten de deducciones, inducciones o abducciones, todas son inferencias, es decir, no son verdades absolutas. Esto también lo señala María José Fariñas Dulce en sus comentarios sobre la jurisprudencia sociológica de Weber, ya que es imposible tener la verdad a todos momentos (2). Es decir, el establecimiento de una teoría, puede ocurrir que sea superada, sin embargo, que tanto pueda o no ser superada o que pueda ser fuerte depende en la atención que se den a los primeros postulados de una investigación.

Tomando en cuenta lo anterior, se puede concluir este apartado haciendo énfasis en las bondades que contiene la jurisprudencia sociológica tratándose de la metodología ya que al permitir una gran gama de métodos que van desde el comparativo, el deductivo, inductivo, dialéctico e histórico, se pueden obtener una gran cantidad de resultados.

El Derecho como génesis de la jurisprudencia sociológica

La jurisprudencia sociológica postula que para entender las relaciones que existen entre derecho, política, economía y religión, así como sus interdependencias condicionantes, se tiene que abarcar un poco en el génesis del derecho, así como de tener una definición propia de la misma. Tratándose de la definición del derecho, Webber lo define como el comportamiento humano que se orienta hacia un ordenamiento que se considera como válido (3).

Esta definición implica que lo importante ante todo es la probabilidad de que los individuos puedan obedecer el ordenamiento jurídico. Esto se debe a que éstos, a través de la objetivación, lo tengan plasmado en su mente y apliquen su conducta al mismo. Es por esta razón, como ya se ha comentado, que lo importante es que el orden jurídico sea legítimo.

Para entender la legitimidad del orden jurídico según lo plantea Webber se necesita hacer referencia a los motivos del porqué un ser humano seguirá un orden normativo determinado. Al igual que en sus explicaciones que hace en la obra de El político y el científico (4) sobre la dominación, existen diversas razones por las que una persona puede seguir un determinado ordenamiento.

Se puede basar en mera costumbre, en cuestiones de intereses, porque siente que el seguir un cierto ordenamiento o parámetro implica el subyugarse a poderes mágicos o simplemente porque respeta y venera la persona que detenta tal poder u ordenamiento, es decir la figura del líder carismático. Pero es en la medida en que las personas tengan en su mente la convicción de seguir un cierto ordenamiento jurídico, que el mismo será legitimo, ya que sin este elemento pierde su eficacia.

Por lo tanto, en las obras de Weber es el concepto de legitimidad algo esencial en el derecho, que lo garantiza en mayor o menor medida y que se traduce en su efectividad. A comparación de la dogmática jurídica que se basta a sí misma en ser válido por emanar de una autoridad que la produjo conforme a derecho, tal como lo plantea Kelsen, en este sistema conceptos como eficacia o inclusive legitimidad varían según grados y nunca se ven en términos absolutos.

Un sistema jurídico puede ser  más o menos seguido sin afectar su validez, o inclusive llegar al grado en el cual ya no es eficaz porque nadie lo sigue. Aquí existe pues una gran diferencia entre lo que la dogmática jurídica considera como derecho válido y lo que la sociología jurídica considera con el mismo término.

Sin embargo, también el sistema del derecho en la dogmática jurídica pretende que un elemento importante del derecho o de la definición del mismo es la coacción, sin embargo esto no ocurre con la sociología jurídica. Tratándose de este tema la coacción tan sólo sirve como garantía del sistema jurídico. Pero existen distintos tipos de coacción, ya sea física o psicológica.

Debido a este factor, como bien lo señala Weber, las personas tienden a seguir un sistema jurídico no tanto por la coacción física, sino por otra gran cantidad de sentidos que como son la coacción psicológica, logran cumplir con el mismo.

En todo caso, la coacción física que por lo general se asocia en la dogmática como un elemento esencial de la definición del derecho, pasa a un plano instrumental que garantiza los intereses que protege.

La transición de comunidad a sociedad para originar el Derecho

Retomando el hilo del análisis a la génesis del Derecho, de acuerdo a Weber este se origina a través de la costumbre. Entendida esta como una sucesión de hechos uniformes, que realmente no tienen que tener contenido obligatorio. De aquí se desprenden dos conceptos importantes: comunidad y sociedad.

El primero atañe a una unión de personas que tienen vínculos afectivos y sentimentales por el cual sienten la pertenencia a un grupo, en tanto que el segundo se basa en un pacto que tiende de fondo intereses.

Mientras que en el primer concepto implica el lazo sentimental, el segundo aunque lo puede tener, implica ante tanto un pacto de intereses, ya sean orientados a un final, en el sentido teleológico, o en su defecto por los beneficios recíprocos que se obtienen.

Es, por lo tanto, que de la comunidad sale la sociedad y es la base también de la costumbre, como, luego, por esos mismos intereses que tiene el ser humano, pasan a ser convencionalismos sociales para después transformarse en Derecho.

¿Cuál es la diferencia entre los distintos órdenes? El autor en cuestión explica que lo distintivo de los mismos consiste en que en los convencionalismos sociales, así como en la moral los medios de coacción, ya sean físicos o psíquicos, no cuentan con un aparato coactivo que esté institucionalizado, no obstante, la coacción sirve solo como garantía y es cuando esta garantía una vez institucionalizada origina el derecho como lo conocemos actualmente, fijado y respaldado por aquella institución que se llama Estado.

Aclarado esto, Weber prueba que la diferencia entre derecho, que usualmente pretende la dogmática jurídica, y moral realmente no se basa en que uno sea interno o externo. Lo que ocurre es la organización de la fuerza física o psíquica.

En muchos casos es la coacción psicológica la que garantiza un orden normativo. Ya que es imposible que un sistema moral o un convencionalismo sea descuidado sin que no haya represalias. Por lo tanto, desde el ámbito de la sociología jurídica, el derecho puede convivir con distintos sistemas normativos y, para no confundirse, solo necesita de este último elemento.

En todo caso, Weber afirma que entre moral y derecho solamente hay diferencia de gradación, ya que en ningún caso se escapa de la coacción, sino hasta que ésta es institucionalizada.

La transferencia de divinidad de la propiedad a favor de los sujetos

Tomando en cuenta lo expuesto, ahora se puede aclarar la relación que existe entre el Derecho y los demás sistemas sociales. Empezando por la religión, podemos auxiliarnos también de algunos de los argumentos de Durkheim.

Es decir, si vemos el progreso del ser humano, como bien lo sustenta este último autor, podemos claramente ver que en el principio, el ser humano ve la divinidad en todo lo que lo rodea (5). Por lo tanto, los primeros sistemas normativos, trátese de convencionalismos o morales, tienen la cualidad de afectar en un principio toda actividad humana.

Por ejemplo, tratándose de la propiedad, Durkheim hace de manifiesto cómo es que los linderos en Roma eran considerados sagrados, ya que la tierra corresponde a los dioses, y es por esto que nadie los puede pasar, ya que implicaría un sacrilegio.

Pero tan pronto en la sociedad empieza a darle más prestigio al individuo este elemento empieza a desaparecer, sin embargo no del todo, y es como empiezan a surgir los límites de la propiedad, es decir, a emerger el derecho de la propiedad.

Vemos en la antigüedad romana como el concepto de propiedad evoluciona ya que al principio ésta existe solo para los dioses y, es por eso, que realmente nadie es poseedor o propietario de nada.

Es hasta que los individuos resaltan porque se trasladan los poderes mágicos hacia ellos, que todo lo que ellos tocan también se vuelve mágico o divino, y es tabú que los demás lo toquen. Esta transferencia de divinidad es lo que después hace que la propiedad tenga este carácter exclusivo que le tenemos.

En este plano vemos luego como en la medida que resalta más el individuo se olvida este plano, pero la costumbre ya está tan fuerte en el individuo que por pacto social pasa a ser tutelada como interés quizá de las élites para proteger sus privilegios y, eventualmente, forma parte del marco jurídico vigente.

Marx y Weber, visiones sobre el origen del Derecho

Otro ejemplo de esto es el proporcionado por Marx y lo observamos en la religión protestante. Debido a que el calvinismo implicaba para los europeos una creencia en que todo está predestinado, y un énfasis en la importancia del trabajo, toda señal de propiedad, de riqueza, implicaban señales manifiestas de Dios que uno ya estaba salvado.

En cambio la pereza y la pobreza están asociadas por el pecado. A su vez, debido a estas características de la religión, y siendo el trabajo, el ahorro y la prosperidad factores importantes para el protestante, tuvo que surgir un derecho que diera pauta para respaldar este sistema. Es así como se le da respeto a la propiedad privada de manera más importante que nunca antes en las leyes, y también al libre mercado.

Tratándose de la economía, al contrario de la visión del materialismo histórico de Marx, en donde todo está condicionado por la misma, Weber afirma que tan sólo se trata de un factor, aunque muy importante, mismo que influye en el derecho.

Si bien no desarrolla la manera en la que ésta está condicionada por aquella o el grado de interdependencia, queda claro que el derecho, el cual se realiza a través de pactos sociales, es decir que por lo general se realiza de manera consciente por el hombre. Siempre tutela intereses.

Como por lo general el Derecho necesita de la maquinaria coactiva, la cual está formada por las personas o grupos de personas con mayor poder, y son éstos los que desean salvaguardar sus intereses al crear el derecho, los motivos materiales siempre ejercen una influencia poderosa.

Un ejemplo de lo que establecido sería la manera en la que el libre mercado ha causado que se pueda crear un derecho altamente técnico que dé cabida a solución de conflictos, y que exista coacción física para garantizar los intereses económicos.

Sin un Derecho flexible que tenga la garantía de la coacción física para poderlo garantizar, o sin un derecho que sea técnico y claro, no puede existir libre mercado como lo conocemos.

Empero, Weber muestra de forma clara que la economía puede existir sin un derecho idéntico en cada lugar del mundo. Es decir, no se necesita solo un sistema de Derecho, ya que si se analiza cómo se ha desarrollado el Derecho anglosajón y el Derecho continental europeo, se puede ver que ninguno ha sido impedimento para el desarrollo de la economía. 

Aunque aparentemente los propósitos del sistema liberal implican menos involucramiento del Estado a través del sistema económico del mercado, es usualmente el rico quien se impone, en la misma supuesta igualdad jurídica que tiene junto al pobre, a este, orillándolo a contratos laborales que son totalmente injustos.

Vemos como la economía en los tiempos de Max Weber fue algo importante para que se diera a cabo el marco legal que amparara y protegiera las condiciones injustas del sistema económico. Adempero, fueron estas injusticias que después de la primera guerra mundial, e inclusive hasta nuestros días dieran origen al Estado Social de Derecho, dando con esto comienzo a los lineamientos para la creación del Estado de Bienestar, y los derechos sociales, culturales y económicos.

Se reconoce en estos nuevos ordenamientos el derecho a huelga, el derecho de la seguridad social, derecho a la educación, a la salud, se da seguridad jurídica y económica al trabajador, etc. Sin embargo, aunque la economía sigua imponiéndose y en muchos casos haciendo ineficaces a los ordenamientos, usualmente el descontento de una gran mayoría de las personas aumenta a tal grado que destrona a la clase alta.

El poder de la economía se enfrenta a diario con los intereses que protege el derecho, es decir su dimensión valorativa, axiológica, misma que implica los valores que la sociedad desea resguardar por ser un medio ideal de pasar estos de generación a generación.

Es aquí en donde se puede observar lo incorrecto de la tesis que postula el materialismo histórico. A pesar que la economía tenga un gran poder sobre el marco normativo, este último también integra los convencionalismos sociales, las tradiciones, valores, y puntos de vista que en varias sociedades son sagrados, de ahí que inclusive pueda haber dos sistemas de Derecho a la vez, como es el caso de la vigencia en varios países de un Derecho eclesiástico y un Derecho público.

Tratándose del Estado, se ve que entre el Derecho y éste existe un gran paralelismo para Weber, de tal manera que, inclusive, se ve al Estado como una parte importante del orden normativo, claro está, desde el punto de vista de la jurisprudencia sociológica.

Continuará

Notas

1. Dueñas J. (2008), La Sociología Jurídica en México (1ª edición), México, Porrúa, 13-16 pp.

2. Dulce M. (1989), La Sociología del Derecho de Max Weber (1ª edición), México, Universidad Nacional Autónoma de México, 124-137 pp.

3. Ídem.

4. Weber M. (2007), El político y el Científico (8ª reimpresión). Traductor Francisco Rubio Llorente, España, Alianza Editorial, 1-77 pp.

5. Durkheim E. (1966), Lecciones de Sociología. Física de las Costumbres y el Derecho (1ª edición), Argentina, Schapire, 127-137 pp.

Es licenciado de Iteso, Universidad Jesuita de Guadalajara, México.

Tomado de: cardonapartidayasociados.files.wordpress.com

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