La Gaceta Jurídica

Jurisprudencia sociológica

(Parte final)

Foto: legalsociology.wordpress.com

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La Razón Digital / Germán Cardona Müller

00:00 / 21 de julio de 2015

Desde la perspectiva weberiana, el Estado implica la institucionalización por la que se adquiere el monopolio de la coacción o de la violencia legítima. Esto implica que existe un grupo de individuos que se encargan de garantizar el buen funcionamiento del Estado. Sin embargo, esta es solo una parte del mismo, ya que no se agota en esta función.

Como se nota de la definición que se da de la misma, al igual que en el Derecho, cabe destacar el concepto de legitimidad. Por lo tanto, es importante tomar en consideración, como se hizo para el derecho, los motivos por los que se sigue un determinado ordenamiento, es decir, aquí también se aplica los parámetros de dominación.

Se puede seguir al estado por tradición, por que se sigue a un líder carismático, por convicción en los valores mismos, por el simple hecho de seguir la legalidad del orden jurídico, o porque se cree que el estado tiene cualidades mágicas o divinas.

Retomando el campo de la dogmática jurídica es fácil apreciar que en la definición de Derecho también implica la definición del Estado. Ya que si el Derecho implica un sistema coactivo, cuando éste es institucionalizado se subsume a la definición en comento. No obstante, se aclara que el Derecho no necesita del Estado para ser coactivo.

Puede esta coacción ser dispersa y no estar institucionalizada, pero, recientemente, se le adjudica al Estado el monopolio de la fuerza legítima y aún así este monopolio no es del todo global, ya que el orden del Derecho al ser tan amplio también implica la coacción por la Iglesia, tratándose del Derecho canónico u otro religioso, o puede establecer otros medios.

Es por esto inclusive que, sociológicamente, el Estado no puede tener el monopolio ya que ésta se encuentra dispersa.

Lo deseable sería que fuera el ente que se impone a los demás, como lo deja asentado Jean Bodin, sin embargo, eso no ha ocurrido aún y en varios países es fácil observar que inclusive ya el Estado deja de ser el ente central del juego de la soberanía, inclusive en un plano internacional.

El Estado, desde la perspectiva de las relaciones internacionales y para finalidades de este análisis, alcanza su apogeo a mediados del siglo xx, pero a partir de la Segunda Guerra Mundial éste deja de ser el actor central de las relaciones internacionales. Toman su lugar los organismos gubernamentales no internacionales, los supranacionales que se pueden observar en los regionalismos.

De esta manera, el monopolio de la violencia institucionalizada y legítima se vuelve a diluir, el Estado la pierde a favor de estos entes supranacionales, de estas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales internacionales y parece ser que en este ejercicio de descentralización se actualiza el postulado de Weber que venimos comentando por el cual es imposible tener el monopolio de la fuerza en un ente, ya que ni es necesario para asegurar la obediencia al Derecho ni al Estado.

De la influencia que ejerce el Derecho en el Estado, y viceversa, se puede observar que aquí aplica exactamente lo que establecía Weber sobre la legitimidad, es decir, sobre el grado de probabilidad con la que las personas siguen el Derecho o al Estado por haber objetivado en sus mentes o pensamientos sus mandatos, así como las ideas que se tiene del mismo o convicciones para seguirlo.

De tal manera que es muy factible que, en un Estado social de derecho, de manera formal complemente una muy buena estructura legal del mismo, no obstante que éste no tenga ninguna efectividad, es decir que el Estado no tenga ninguna manera de hacerse valer en plano empírico.

Puede ocurrir que haya disonancia entre lo que establece el Derecho en cuanto a la organización del Estado y este último. De tal manera que se puede plasmar un Estado democrático pero este último actuar como un estado absolutista.

También puede ocurrir lo contrario, que las leyes que se hacen del Estado puedan crear las condiciones necesarias para su cambio, y, a la vez, éste ejercer los cambios sobre la conducta de una sociedad.

Para entender aún más este dinamismo tenemos que hacer referencia a que Weber denominaba que había tradiciones naturales o artificiales. Las primeras nacían del mismo desenlace del ser humano en su vida cotidiana en grupo.

En cambio, las segundas nacen a través de los cambios que se hacen del Derecho de manera consciente en la sociedad a través de los distintos pactos que se hace entre los miembros de la misma. Es por esta razón que el Estado no puede obviar las tradiciones, convencionalismos sociales, los factores reales de poder que existen en una sociedad, ya que de lo contrario las leyes que intente de imponer serán infructuosas.

Sin embargo, esta información permite que el Estado, una vez tomando en cuenta todas estas consideraciones, y viendo los planos del poder, pueda generar leyes que influyan en la conducta de las personas e inclusive que cambien las tradiciones por otras artificiales.

A su vez, estas últimas pueden dar nacimiento a nuevas tradiciones, costumbres, convenciones sociales, etc. y, asimismo, a nuevas leyes. Por ejemplo, en México, el Estado, durante las olimpiadas de Sidney se instituyó el impuesto sobre la tenencia.

El mexicano no tenía la tradición natural de pagar este impuesto, lo cual se oponía pues a su ideología y fue repudiado. De tal suerte que, una vez que acabaron las olimpiadas, no tenía razón de ser, no obstante, el Estado lo seguía cobrando.

En tanto, se podía alegar de inconstitucional, pero el Estado jamás lo derogó, por lo que se convirtió en la vida cotidiana del mexicano en una tradición artificial, pero la cual no goza de soporte de la población y, por lo tanto, ha causado bastante ineficacia en su aplicación.

Esto se constata en la medida que muchas personas no lo aplican o se amparan en contra de él, además de las manifestaciones públicas que hacen en su contra. Por lo tanto, se puede ver cómo el Estado Mexicano deseó crear una tradición artificial, de la cual, aunque logró imponerla, ha causado gran descontento y, por lo tanto, se observa cómo varios gobernadores estatales e inclusive el entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa se propuso abrogarlo.

Los distintos órdenes sociales, ya sean los convencionalismos, la moral, la religión, la política, la economía, por lo general, pueden contraponerse con el Derecho o influir unos sobre otros de una manera tal que pueden ocasionar caos e incongruencias, afectándose de una manera que a corto, mediano o largo plazo ocasione daños o beneficios.

Tal es el caso que ocurre con el orden internacional, aunque Weber no lo considera que no está garantizado por carecer de la institucionalización de la fuerza pública. Esta cuestión se aplicaba en sus tiempos ya que los organismos gubernamentales actuales, como es el caso de la Corte Interamericana de Derechos Humanos o los distintos Comités de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (onu), los cuales pueden imponer fuertes sanciones a los Estados, evidenciando con esto como la soberanía deja de ser exclusivo territorio de los mismos.

Inclusive se podría hablar ahora de la influencia que ejerce el ámbito internacional en el Derecho, en el Estado e inclusive en la sociedad y en las conductas, tradiciones naturales y artificiales de un Estado. Esto es importante porque ahora en la jurisprudencia sociológica se aporta un nuevo elemento en todo el panorama, el cual no es exactamente un factor social, ni mucho menos encuadra en los demás supuestos.

Pero, por ejemplo, en el orden internacional puede chocar mucho con el orden nacional, en especial en Estados como Irán, los cuales funcionan bajo lineamientos religiosos. Los derechos humanos a nivel internacional chocan con varios de los lineamientos del Islam, sobre todo tratándose del trato que se da a las mujeres.

Por lo tanto, a pesar que el Derecho internacional intente hacer ver su influencia en el derecho de Irak, ya sea a través de instrumentos económicos, de presión social etc., este país estará indispuesto para poder aplicar el Derecho debido a la realidad social que afronta.

Sin embargo, inclusive en el caso que lo afecte, tardará muchísimo tiempo en que se implemente las tradiciones artificiales que el plano internacional trata de producir.

Se puede explicar a la jurisprudencia sociológica como una rama del conocimiento, independiente de la dogmática jurídica y, en todo caso, manteniendo relaciones con la misma para poder complementarse y desarrollarse.

Implica ante todo el poder observar cómo los fenómenos sociales, en especial el hecho social desplegado por el hombre, tienen influencia con el Derecho y, al mismo tiempo, cómo éste tiene influencia con el mismo. Además, implica las relaciones de interrelación, dependencia y condicionantes de los distintos fenómenos sociales sobre el Derecho.

Conclusión

Desde el ámbito weberiano, la jurisprudencia sociológica es aplicada a partir del concepto de motivación, ya que se ve al Derecho desde el ámbito en el cual puede ejercer influencia en el individuo.

Es éste, al tomar conciencia de este fenómeno, que decide seguirlo y de ahí se deriva la probabilidad de que éste lo ponga en práctica.

Es en esta medida que, en el plano empírico, se verifica si una ley es o no efectiva, si tiene o no ciertos grados de validez y también de legitimidad. En la medida que existan más razones para poder seguir el derecho, su legitimidad incrementará.

A comparación del Derecho se vio que el concepto de coacción solo sirve para garantizar en el ámbito de la jurisprudencia sociológica, a comparación de la dogmática jurídica, que lo utiliza como elemento esencial para poder definir al Derecho.

Se vio cómo la génesis del Derecho surge de la costumbre, que de la costumbre nacen los convencionalismos sociales, y éstos, a su vez empiezan a desarrollarse hasta formular leyes. También se vio como la moral, el Derecho y los convencionalismos no se existe la diferencia que trata de interpretar la dogmática jurídica, ya que no hay una diferencia tajante, sino en la manera en la que se aplica la coacción.

Finalmente, se pudo ver la interrelación entre los distintos órdenes, desde la religión, la economía, la política, y se agregó como novedad el ámbito internacional para poder demostrar que no existe tanto una armonía entre los tres, sino un sistema de presiones mutuas, en donde uno intenta influenciar a los otros hasta que uno cede o en donde chocan y uno o varios se imponen, a veces contradiciéndose creando cambios y confusión, así como destrucción o, inclusive, llegando con el tiempo a negociaciones para el desarrollo conjunto de la sociedad.

Opinión personal del autor

Desde mi punto de vista, la sociología jurídica sigue siendo una rama del conocimiento humano independiente de la dogmática jurídica, sin negar el campo de validez de la misma, de donde se puede hacer buen uso de las dos para poder llegar a un mejor conocimiento del Derecho.

Es, por lo tanto, una rama que crece de manera paralela al Derecho, si bien con sus ciclos de involución y desarrollo. Sin embargo, no creo que sea una rama del conocimiento humano que vaya a desaparecer como otras, ya que, siguiendo el principio que estipula que “en donde hay sociedad hay Derecho”, siempre el hombre buscará la forma de buscar en el conocimiento que le da la experiencia, las maneras para mejorar sus situación actual.

Es por esto que la sociología es tan importante, da el conocimiento de una realidad actual, la cual se puede utilizar para gestionar los cambios que legalmente se necesitan, ya sea para introducir nuevas tradiciones artificiales que ayuden a crear nuevos cambios que sean productivos para el ser humano.

La jurisprudencia sociológica será una rama muy importante en este siglo a medida que cobran más fuerza los supranacionalismos y, sobre todo, el ámbito de acción de las organizaciones gubernamentales internacionales.

El hombre ha entrado a una época en la cual los cambios son tan rápidos que necesita de las habilidades necesarias para adaptarse a los mismos de una manera rápida y, por esto, el Derecho también debe de transformarse en algo que sea más flexible y adecuado para las necesidades del siglo XXI.

Es por eso que el Derecho estará cada día más conectado a los cambios sociales a medida que la sociedad continúe su crecimiento exponencial tecnológico y científico que ha estado siguiendo.

Es por eso que los estudios que se hagan por distintas organizaciones o agrupaciones sobre las necesidades sociales y sobre los fenómenos se volverán cada día más relevantes por los derechos y serán éstos, y no la dogmática jurídica, los que tendrán mayor validez.

Bibliografía

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Dulce M. (1989), La Sociología del Derecho de Max Weber (1ª edición), México, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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Universidad de Buenos Aires (UBA), República de Argentina. Cátedra Rabinich, Emile Durkheim (Vi Mayo 2010). Disponible en: http://www.catedras.fsoc.uba.ar/rubinich/biblioteca/biografias/bio_durk.htm

Vanderbilt University. Latin American Public Opinion Proyect. Cultura Política de la Democracia en México, 2008, El Impacto de la Gobernabilidad (Vi Mayo 2010). Disponible en: http://sitemason.vanderbilt.edu/lapop/MEXICOBACK

Weber M. (2007), El político y el Científico (8ª reimpresión), traductor Francisco Rubio Llorente, España, Alianza Editorial.donapartidayasociados.files.wordpress.com

Es licenciado de Iteso, Universidad Jesuita de Guadalajara, México.

Tomado de: cardonapartidayasociados.files.wordpress.com

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