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¿Ley seca en Bolivia?, mucho idealismo

Resorte jurídico

Amelia Peña Aguilar

00:00 / 17 de enero de 2014

La historia del alcohol es inherente a la historia del ser humano, el alcohol lo acompañó en sus ritos más importantes, nacimientos, matrimonios y hasta la muerte es acompañada de cerveza o vino, cuyos orígenes datan de, al menos, cinco mil años atrás.

Con esa referencia histórica, naturalmente, una ley seca ha debido generar controversia en cualquier tiempo y lugar; sobre esto, los primeros antecedentes apenas aparecen a principios del siglo xx, la primera data de 1908 en la Isla del Príncipe Eduardo y otros lugares de Canadá, de 1920 a 1933 en Estados Unidos, de 1950 al 2000 en India, entre otras.

Cada una de estas normas tiene particularidades de acuerdo a la idiosincrasia local, ya sea en horarios o días específicos. Actualmente, en el mundo musulmán se castiga la producción, importación y consumo de alcohol con una prescripción de veto que existe en el Corán.

Muy al contrario, en la Biblia, Noé celebró con vino cuando encontró tierra y, en el Nuevo Testamento, el mismo Jesús convirtió el agua en vino para complacer a su madre en las Bodas de Canaán, éstos hechos, de alguna manera, dan a entender que festejar con vino no es tan malo dentro de la religión cristiano-católica.

Hablando de la creencia local, la “ch’alla” es un elemento imprescindible en los prestes, las entradas folklóricas, las fiestas patrias, etc. En Bolivia, una fiesta no es fiesta si no hay alcohol. Por eso, parece que es mucho idealismo creer que en culturas como la nuestra, donde el ritual y la fiesta está tan arraigado, una ley pueda cambiar la realidad; al menos, desde el punto de vista de la economía política, la estructura determina la superestructura, naturalmente, también de la lucha de fuerzas contradictorias y de otros factores particulares de cada sociedad.

Para nuestros economistas, antropólogos o sociólogos nuestra realidad es muy interesante y hasta divertida, no es mala, no es buena, es como es; pero en otros campos donde es un deber velar por la salud de la colectividad o por la seguridad de la ciudadanía, como es el caso de la medicina y el derecho, se debe tomar una posición moral y ética con respecto a ciertos fenómenos sociales y siempre en procura del bien común.

Es así que los legisladores, nacionales y regionales, tienen conciencia de que en nuestro país la cultura del alcohol es un problema. Un estudio realizado el 2012 por el Sistema Subregional de Información sobre Drogas reveló que el 48,9 por ciento de los bolivianos dio positivo en el test ebba (Escala Breve de Bebedor Anormal de Alcohol) en una muestra de 12.459 personas entre 15 y 64 años de edad.

Por eso, el objetivo del Estado con cualquier ley que prohíba el expendio de bebidas alcohólicas en ciertos horarios o  días no es para ver infelices a sus conciudadanos ni para arrebatarles el ingreso a las caseritas escabecheras; el objetivo es atenuar, de alguna manera, el alcoholismo en nuestro país, cuyos índices vimos que son por demás alarmantes.

El 12 de diciembre, la Universidad Mayor de San Simón (umss) de Cochabamba organizó un debate sobre la Ley Municipal 10/2013, las autoridades municipales y de la gobernación que fueron invitadas no asistieron. Allí, Juan Mejía, abogado constitucionalista, y Arturo Cardona, médico neurólogo, expusieron como antecedente histórico que desde 1952 se impulsó una ley seca para lunes, eso duró hasta 1964.

Como cuarenta años después se promulgó la Ley 2494 del Sistema de Seguridad Ciudadana y el 2012 la Ley 259 de control de expendio y consumo de bebidas alcohólicas; al respecto, la audiencia del evento manifestó una inquietud muy interesante acerca del trabajo del Estado, muchos estudiantes expresaron que éste debería trabajar más en la prevención y la educación que en la represión. La molestia popular es evidente hacia el uso de la fuerza impartida por la Intendencia Municipal de ese municipio, además de que la gente siente desconfianza sobre que los recursos originados por las multas vayan efectivamente a un fondo destinado al control y rehabilitación de los consumidores de bebidas alcohólicas.

Una interrogante que quedó en el aire fue ¿por qué ley seca para “san lunes” y no ley seca para jueves de “lady’s night” o ley seca para “viernes de soltero”?, el público exige explicaciones lógicas y el Estado se las debe dar.

Las leyes secas a lo largo de la historia global han generado, además de molestia colectiva, otras consecuencias como la evasión de impuestos, contrabando, mercado negro de producción, distribución y consumo de bebidas alcohólicas, fenómenos que no sólo generan pérdidas económicas para el Estado, sino que, además, queda latente el uso de la fuerza, la violencia y la inseguridad ciudadana, como sucede con cualquier actividad ilegal.

Tal vez la ley seca no sea una solución viable, pero si es necesario un debate para poner en marcha políticas de educación, concienciación y prevención del alcoholismo en Bolivia.

Es economista, egresada en Derecho y diplomada en Pedagogía para la educación superior y en Diplomacia Cultural de los Pueblos.

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