La Gaceta Jurídica

Lucha de sargentos y suboficiales

Condiciones y oportunidades

Los militares de baja graduación durante una de las marchas en la sede Gobierno.

Los militares de baja graduación durante una de las marchas en la sede Gobierno. Foto: mindef.gob.bo

Amelia Peña Aguilar

00:00 / 02 de mayo de 2014

El Ministerio de Comunicación difundió una cuña de propaganda que habla de la historia de las Fuerzas Armadas (ffaa), afirmando que éstas nacieron para libertar a nuestro pueblo de los españoles, pero recordemos que las ffaa reclamaban por el poder de los criollos (hijos de españoles nacidos en América), a los que la Corona menospreciaba, pero de ninguna manera luchaban por la libertad de los “originarios”.

Nuestro gobierno, que se reclama revolucionario, al ver en las ffaa un espíritu descolonizador no debería sentir sino orgullo de sus bases, sin embargo, la persecución y la crueldad ha sido la respuesta a sus demandas.

Es verdad que la “subordinación y constancia” son elementos de vital importancia en una “estructura militar clásica”, pero, ¿acaso estamos en un país o en un “estado clásico”? Es un “estado plurinacional” donde se supone que en nada somos igual al resto, mas bien, al contrario, se supone que, en lugar de cuartar nuestras libertades, éstas se han ido incrementando.

Por otra parte, la desigualdad en la estructura militar es el mero reflejo de la desigualdad social que subsiste y persiste en el actual régimen, los pobres son soldados, los de clase media son sargentos y suboficiales y los que van en ascenso económico social tienen también un mayor grado militar.

Como es costumbre, los medios de comunicación alarman y los políticos sólo tocan elementos de forma en el debate, pero no dicen las cosas como son.

Si uno le pregunta a un suboficial si optó por dar el examen para hacer carrera militar y ser oficial, la respuesta es “sí”, que primero optó por entrar a la Escuela Militar, pero no lo logró; la segunda pregunta es ¿por qué no logró entrar? Y la respuesta no es “por falta de capacidad”, sino por falta de “estatura”, ¿acaso la estatura no es una diferencia claramente racial y la discriminación racial no es “colonial”?

Otros se aplazaron porque dieron mal el examen de lenguaje porque tienen confusiones lingüísticas por su idioma natal aymara o porque en su colegio rural no existe el mismo nivel educativo que en el colegio urbano. ¿Acaso el culpable de estas diferencias de aprendizaje no es el estado, que hasta ahora no ha uniformizado el nivel de los centros educativos estatales?

Los suboficiales no están pidiendo un quintal de harina más al año o un incremento de sueldo de la nada, la demanda de los sargentos y suboficiales es de fondo, es la posibilidad de  “ascender de grado”. Pueden estudiar más y ganar un plus de sueldo, pero nunca dejarán de ser suboficiales, la frustración que los acongoja es que, por mucho que se esfuercen, nunca podrán ser “más”.

Entrevistando, incluso, a oficiales se denota que entre ellos hay discriminación, por ejemplo, en una promoción de 30 pilotos, 15 logran volar; de éstos, 14 son de Santa Cruz y uno de Cochabamba, el resto se queda como instructor, que, para variar, es de La Paz. Según los mismos oficiales, éste fenómeno sucede desde siempre.

¿Acaso los pilotos de Santa Cruz tienen más capacidad genética para el arte del pilotaje? ¿Qué otra razón, si no es la discriminación racial, es la que impide que los paceños vuelen?, pero este tema no se puede tocar, porque tocarlo va en contra de la rigurosidad de la jerarquía militar, va en contra de la subordinación y la constancia.

El hecho de que uno de cada tres oficiales sea hijo de suboficial no es un fenómeno fruto de una campaña descolonizadora del Estado Plurinacional, ése es un fenómeno social que ocurre en cualquier profesión y en cualquier país, es como decir que uno de cada tres médicos es hijo de una enfermera o uno de cada tres auditores es hijo de un contador.

Todos los padres se esfuerzan para que sus hijos logren ser mejores que ellos mismos y los inducen desde temprana edad a que logren los sueños que ellos no pudieron, ese fenómeno es normal en cualquier lugar del mundo, de ninguna manera es resultado del “proceso de cambio”.

La lucha de los suboficiales y sargentos por “descolonizar” las ffaa es una lucha tan legítima como cualquier otra lucha social, el desprecio de las cúpulas militares hacia el “grado” de estas personas, hacia su “osadía”, hacia su “atrevimiento” se ha castigado despojándoles del sustento que llevan a su hogar, del seguro médico con el que contaban para su esposa y sus hijos, pero su castigo no es sólo material, sino, sobre todo, moral, porque les han quitado el “título” que los identificaba en su círculo social, un título que les daba identidad y prestigio social que se esforzaron en conseguir.

Con esta medida los han humillado, los han quebrado y este maltrato pasa por su dignidad, que es un derecho humano fundamental. Por eso, la baja de estas personas es un acto de crueldad sin justificación válida.

Muchos militares hablan de sus experiencias cercanas a los dirigentes cocaleros y recuerdan con aprecio a uno en particular, quien les decía con respeto: “jefe, déjame pasar, pues, yo no estoy haciendo nada malo, sólo hago uso de mi libertad como persona” y ellos lo dejaban pasar porque se identificaban con él, porque a pesar de que las órdenes de Sánchez de Lozada eran prohibirle el paso, ellos sabían que el cocalero tenía razón, que él sólo hacía uso de su libertad como persona de transitar libremente por su país, no era un delincuente, era sólo una persona. ¿Acaso en ese tiempo las ffaa obedecieron con subordinación y constancia?

En “octubre negro”, cuando los soldados fueron fusilados por negarse a disparar contra su pueblo, ¿actuaron con subordinación y constancia? Por supuesto que no, actuaron como les mandaba su mente y su corazón, respetaron la vida de inocentes, murieron con el fusil en la mano pero con la nobleza y la conciencia de que no dispararían contra su pueblo; así, este gobierno debería sentirse orgulloso de que incluso sus militares han incorporado la lucha por la descolonización que él mismo ha impulsado.

Sabemos que, en un año electoral, los grupos políticos como rapiñas se acercan a cualquier movimiento o grupo social inconforme, pero no por eso se puede acusar a los suboficiales y sargentos de ser opositores o desestabilizadores, la oposición hará todo lo posible por incorporar a sus filas a cualquier persona que esté en desacuerdo con alguna medida gubernamental, que pueda estar en desacuerdo con un elemento, pero eso no significa que esté en desacuerdo con lo global.

La simpatía que sienten los militares movilizados hacia el gobierno es evidente y se refleja en sus pancartas, donde se ve claramente frases como “Evo, hermano, soldado, atiende nuestro reclamo”.

La propaganda del Ministerio de Comunicación quiere justificar lo injustificable con una falta de talento impresionante y subestimando el criterio y la memoria de nuestra gente.

Las ffaa nos descolonizaron de los españoles, pero no de las taras sociales de las que hasta hoy somos víctimas. Lo que se busca es la igualdad de condiciones, la igualdad de oportunidades; cualquier persona tiene derecho a progresar y tiene derecho a luchar por ascender en su carrera, ¿por qué se les niega ese derecho a los sargentos y oficiales militares?

Es economista, egresada en Derecho y diplomada en Pedagogía para la educación superior y en Diplomacia Cultural de los Pueblos.

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