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Mar y escenarios

Es evidente la necesidad de una política de Estado; constatación que parece que podrá tomar forma con la participación de expresidentes y el gobierno actual, de quienes se espera pasos efectivos en el tema marítimo.

La Gaceta Jurídica / Editorial

00:00 / 22 de marzo de 2013

Durante el siglo xx varias fueron las gestiones en las que el país hizo conocer sus aspiraciones de una salida al Pacífico, debido a que ésta fue bloqueada con el secuestro territorial y la imposición de acuerdos mediante una especie de chantaje mediante la demostración de fuerza.

Entre los principales escenarios que se tuvo para esta aspiración, se puede incluir la Liga de las Naciones, antecesora de la Organización de las Naciones Unidas (onu), donde en los años 20 de esa centuria la delegación boliviana planteó la revisión del Tratado de 1904, junto al Perú, que pidió la revisión del Tratado de Ancón de 1883, según recordó el expresidente Carlos Mesa en el Libro azul del problema marítimo, presentado en varios eventos cuando ocupaba la primera magistratura en 2004.

Ante la Liga de las Naciones, el Gobierno de Chile afirmó que esta instancia no tenía competencia ni atribuciones para pronunciarse acerca de la modificación de instrumentos jurídicos internacionales, sin embargo, “el delegado chileno Agustín Edwards ofreció, en forma solemne, ante la comunidad internacional, resolver el problema marítimo boliviano”.

Más adelante, se produjo un evento que pudo haber solucionado el entuerto entre las dos naciones, pues, el 30 de noviembre de 1927 el Secretario de Estado de Estados Unidos, Frank Kellogg, que mediaba en el diferendo peruano-chileno, a nombre de su gobierno consideró “la injusta situación en que Bolivia había quedado al perder su soberanía marítima, envió un memorándum a los Gobiernos de Chile y Perú proponiendo ‘ceder a la República de Bolivia a perpetuidad, todo derecho, título e intereses que ellas tengan en las provincias de Tacna y Arica’. Primero el Gobierno de Chile accedió a considerar la propuesta de Kellogg, pero Perú rechazó la cesión de los territorios”.

Además de los escenarios de reclamo, existieron otros que agudizaron el conflicto, como el desvío del río Lauca en 1962, acometida chilena que la Organización de Estados Americanos (oea) fue incapaz de revertir y condenar, pese a que Bolivia acudió a sus oficios. En 1975, en recordación del sesquicentenario de la República, la oea hizo la primera referencia directa al tema, cuando emitió la declaración donde afirma que “la situación de mediterraneidad que afecta a Bolivia es motivo de preocupación continental por lo cual todos los estados americanos ofrecen cooperar en la búsqueda de soluciones”.

Pero la acción de este organismo no quedaría ahí, pues hubo otras declaraciones, entre ellas la más importante, la 426, emitida en la asamblea reunida en La Paz a fines de octubre de 1979, que afirma que “la cuestión marítima es un asunto de interés hemisférico permanente y que es necesario encontrar una solución justa y equitativa que proporcione a Bolivia un acceso soberano y útil al Océano Pacífico”, esto interrumpido por el golpe de Alberto Natusch, obligando a que los delegados sean evacuados de emergencia del país, lo que llevó a Chile a decir que Bolivia no es un interlocutor válido. 

Luego hubieron otras resoluciones y continuos apoyos de gobiernos amigos, sin embargo, el tema no pasó de diálogos constantes y agendas entre los gobierno de ambos países, pero siempre con términos diferentes y personales, por lo que es evidente la necesidad de una política de Estado; constatación que parece que podrá tomar forma con la participación de expresidentes y el gobierno actual, de quienes se espera pasos efectivos en el tema marítimo.

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