La Gaceta Jurídica

Medidas cautelares vs caducidad

La Teoría Cautelar obedece a una sencilla y trascendente cuestión, adquiriendo suma importancia en cuanto sería ideal que los conflictos de intereses obtengan una solución inmediata; sin embargo, como ello no resulta humanamente posible por la cantidad y complejidad de dichos conflictos y como, por otro lado, se encuentra vedada la posibilidad de autotutela, que conllevaría a nuestra destrucción como especie, se ha creado un cauce de soluciones denominado proceso judicial.

Lo cautelar tiene imprecisiones y conceptos ambiguos que los juristas no han aclarado.

Lo cautelar tiene imprecisiones y conceptos ambiguos que los juristas no han aclarado. Foto: elsegurodeproteccionjuridica.es

La Gaceta Jurídica / Fernando Barrientos Sotomayor

00:00 / 09 de noviembre de 2012

En él, las partes en conflicto realizan una serie de actos bajo la dirección de un tercero –un juez investido de facultades por el Estado–, que tiene como objetivo la obtención de una decisión definitiva (hetero composición).

Sin embargo, en el transcurso de esa discusión (litis) la relación material que motivó el proceso puede modificarse, a tal punto que la decisión final corra el riesgo de tonarse inocua. Es decir, aquella persona que recurrió al proceso, si bien obtiene una sentencia que en justicia declara el derecho a su favor, corre el peligro de no poder concretar su pretensión debido a que la alteración de la relación material ha tornado irrealizable lo ordenado por el juez.

Por más que una sentencia judicial le dé la razón a una parte, tal obtención habría sido inútil si, en el transcurso del proceso, se ha producido un daño irreparable; justamente, para evitar casos como éste, el ordenamiento jurídico otorga al demandante la posibilidad de solicitar y obtener mecanismos que garanticen que lo que se ordene al final del proceso –en la eventualidad de que la sentencia resulte a su favor– sea perfectamente realizable.

En otras palabras, dicho ordenamiento prevé medios que aseguran la eficacia de la sentencia final y con ella la del proceso, ello se da a través de la medida cautelar, la cual, para cumplir su finalidad, deberá estar vigente hasta la culminación del proceso. Con ello el juez habrá contribuido en relación a la expedición de la sentencia final a garantizar la eficacia de la prestación judicial.

Queda definido, por tanto, que nuestro objeto de estudio va a incidir en el análisis de la existencia de mecanismos que neutralizan la efectividad de la misma, como es el caso de la caducidad de la medida cautelar que más adelante desarrollamos.

Y es que, verificada la expedición de la decisión de mérito que pone fin al proceso, de nada serviría una sentencia formalmente justa, es decir, realizada en base a un razonamiento jurídico impecable y sustentada en medios probatorios determinantes, si su contenido no es pasible DE SER CONCRETADO EN LA REALIDAD, es decir, no sea realizable por causas y previsiones legales que entorpecen y atentan contra la justicia.

Pues, resulta injustificado que, al cabo de un periodo considerable de tiempo y luego de un desgaste económico, psíquico o de otra índole, propio del indeseable drama que significa ser parte de un proceso judicial, el sujeto favorecido con la sentencia se ve afectado por factores externos que provocan la infructuosidad del proceso o la ejecución del mismo.

Proceso, cautela y eficacia

Resulta que el proceso es básicamente un instrumento al servicio del ser humano, el mismo que consta de un conjunto de actos preordenados lógicamente desde la interposición de actos de la demanda hasta la consecución de una solución justa, efectiva y rápida del conflicto.

En esta línea, la Teoría Cautelar cumple un rol importante, cual es garantizar la realización material de la solución que pone fin al proceso. Sin embargo, mantiene en su estructura algunas taras que hacen que su estudio constituya un reto difícil de superar a la fecha.

Al hablar de proceso cautelar se suele hacer mención, en la mayoría de casos, al mero procedimiento sobre el que se concreta aquella tutela. Cabe advertir, que el tema cautelar está colmado de imprecisiones y conceptos ambiguos que los juristas no se han preocupado de aclarar, ya sea porque los encontraban sobre entendidos o porque no le dieron la debida importancia.

Lo cierto es que sus estudios adquieren una importancia que trasciende lo estrictamente jurídico al proteger la idoneidad de la prestación jurisdiccional y, con ello, la promoción de una sociedad justa y pacífica.

A diferencia de otros conceptos jurídicos, lo cautelar se encuentra en un primer orden para lograr tal finalidad, es por esta razón que consideramos que cualquier intento de investigación acerca de la efectividad del proceso deberá pasar, necesariamente, por sistematizar –hasta donde sea posible– la información jurídica que se obtenga de tal institución; también por estudiar sus alcances y limitaciones, su estructura y función, en fin, por desarrollar una teoría cautelar.

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