La Gaceta Jurídica

Mirada en retrospectiva al Derecho Ambiental Internacional

Preocuparse no es lo importante, ocuparse es lo que realmente se necesita para llevar a cabo la tarea, pues “no heredamos esta tierra de nuestros antepasados, la tomamos prestado de nuestros hijos”

Mirada en retrospectiva al Derecho Ambiental Internacional

Mirada en retrospectiva al Derecho Ambiental Internacional FOTO: rusknini.blogspot.com

La Gaceta Jurídica / Joao Domingos Víctor*, Yomisel GalIndo Rodríguez, Alcides Antúnez Sánchez*

00:00 / 28 de diciembre de 2012

Resultan evidentes los impactos como consecuencia del progreso científico-técnico actual sobre la naturaleza. El crecimiento demográfico y la explotación indiscriminada de los recursos naturales constituyen una amenaza no sólo para la supervivencia de la especie humana, sino para toda la vida.

Hoy en día todos los países muestran preocupación por los problemas ambientales y que amenazan con ser cada día mayores y más complejos. Sin embargo no existe una colaboración intencionada en pos de resolver un asunto que afecta a todos y cada uno de los habitantes, motivos por los cuales y con independencia de lo que podamos hacer para mantener al menos fuera de peligro medio ambiente, los Estados están en la obligación de establecer normas que regulen determinadas cuestiones en aras de aliviar al menos los males que afrontamos.

Preocuparse no es lo importante, ocuparse es lo que realmente se necesita para llevar a cabo la tarea, pues “no heredamos esta tierra de nuestros antepasados, la tomamos prestado de nuestros hijos” (1). Variados son los problemas que afectan al medio ambiente y variadas las formas en las que el hombre ha incidido y a veces dañado inconscientemente la salud ambiental, cuestión que de una forma u otra está impune y llevando al límite la vida. Una muestra de estos daños se hace visible en la actividad pesquera; tan antigua casi como la existencia misma del hombre.

Desde el surgimiento de la vida terrestre, la naturaleza ha proporcionado todo lo que se necesita para subsistir, sin embargo el hombre ha pagado con actos que van contra el normal desarrollo natural, al punto que atenta contra su propia vida. Un ejemplo de esto es la pesca ilegal, actividad en la que el hombre sin pudor alguno arrasa, indiscriminadamente, no solo con determinadas especies marinas, sino también con los suelos, causando un daño irreversible al medio ambiente.

Este ensayo pretende, a partir de los diferentes elementos teóricos relacionados con la protección al medio ambiente, caracterizar el régimen jurídico de la actividad pesquera en Angola, así como el control a la actividad de pesca ilícita y su influencia en el Derecho Ambiental Internacional (dai), tomando como referente la regulación positiva de esta figura en el ordenamiento jurídico cubano, no obstante este artículo constituye en materia de daños como consecuencia de la actividad pesquera, un primer acercamiento a la realidad angolana. De ahí su novedad.

Bastaría dos preguntas para fundamentar el interés: ¿presenta dificultades el régimen jurídico angolano en la actividad pesquera?, ¿existe un minucioso control en los límites de las aguas jurisdiccionales angolanas por parte del gobierno con el fin de evitar la pesca ilegal? Las respuestas no solo podrían ser útiles a la enseñanza del Derecho Ambiental (da), precisada de concretar y actualizar los aspectos teóricos conforme a la realidad práctica, sino a los operadores del Derecho, atendiendo a las implicaciones que pudiera tener en el perfeccionamiento del derecho angolano.

Por otro lado, se ha demostrado que no bastan los esfuerzos de quienes se interesan en una mejoría en la naturaleza si no cuentan con la ayuda de los Estados, basándose fundamentalmente en la creación y perfeccionamiento de normas jurídicas que regulen la utilización racional de los recursos naturales. Una situación que en estos momentos debe ser atendida con prioridad es la actividad pesquera, sobre todo aquella que se realiza a espaldas de las regulaciones jurídicas según lo establecido en el derecho positivo angolano.

Repercusión medioambiental de la pesca en el dai

Durante muchos años el tema del medio ambiente ha sido abordado desde disciplinas como la geografía y la ecología; experimentando los principios ambientales una evolución dialéctica en el tiempo, a pesar de la ignorancia mostrada por otros al respecto. Se pretende ubicar al da como ciencia rectora encargada del análisis y la protección desde una visión jurídica del medio ambiente a partir de una serie de cuestiones que van desde la propia definición hasta las más elementales que importan a esta ciencia que tiene ver con la actividad pesquera en general y la actividad ilícita en particular; teniendo como base una serie de legislaciones foráneas.

El DA como ciencia rectora en la protección al medio ambiente

Las ciencias dedicadas al estudio del medio ambiente han ido superando la visión reduccionista que mucho tiempo tendió a identificar los problemas ambientales. En la actualidad, la cuestión ambiental es otra, se identifica e integra con las más importantes preocupaciones de la humanidad. Tal es el caso, que ocupa no sólo a ciencias que, por su naturaleza, se dedican al tema, sino que incluye a otras que juegan papel importante en la protección de lo que va quedando, lo que con esfuerzo se está logrando recuperar y lo que debe mantenerse en pos del futuro.

Los problemas del medio ambiente y el uso de este término han adquirido connotación mundial en momentos actuales, siendo un concepto ampliamente debatido y definido por diversos autores en las últimas décadas. Se ha convenido en que el concepto de medio ambiente debe de abarcar el medio social y cultural, y no sólo el medio físico, por lo que los análisis que se efectúen deben tomar en consideración las interrelaciones entre el medio natural, sus componentes biológicos y sociales y también los factores culturales (2). El haber desarrollado el concepto de medio ambiente al punto de considerarlo parte de la cultura, la sociedad y de sentirlo parte de la historia incluyendo las creaciones humanas, ha constituido un aporte a la filosofía ambiental.

En el criterio de varios autores, entre ellos Churchaman (3) y Nora Pouey (4), el primero considera que según los especialistas del abordaje sistemático el ambiente se constituye de todo aquello que no hace parte del sistema intencional estudiado, pero que afecta su comportamiento, mientras la segunda es del criterio que el medio ambiente o ambiente abarca el equilibrio de los recursos naturales identificados e identificables, existentes en cantidades finitas en la tierra, así como la calidad del ambiente o del medio, estas cualidades constituyen elementos importantes del nivel de vida y condiciona a la calidad y disponibilidad de los recursos renovables.

El profesor Caraballo Maqueira señala que el medio ambiente es algo más que naturaleza, es un sistema interrelacionado de factores bióticos y abióticos, sociales y económicos que influyen en el proceso vital de los organismos vivos (5). El término medio ambiente es un concepto polisémico, pues con él se hace referencia al medio, al ambiente, la biósfera, el ecosistema, el medio humano, la calidad de vida, etc. Cuando hablamos de medio ambiente, es importante llegar a determinar a qué nos referimos exactamente cuándo empleamos este término, cuál es su contenido real; hasta dónde se extiende su materialidad; cuál es su dimensión geográfica (local, nacional, regional, mundial, universal); cuáles son los ámbitos que lo integran (la biosfera, la tecnosfera, el entorno social, el patrimonio cultural,...). La definición del término medio ambiente no escapa al debate entre la concepción antropológica (considerado el entorno del ser humano, centro de la creación) o una concepción cosmológica, que atribuye al medio ambiente un valor en sí mismo, de las que el hombre es sólo un elemento (6).

El Preámbulo de la Declaración de Estocolmo sobre el Medio Humano, en su párrafo primero, hace referencia a este asunto: “1. El hombre es a la vez obra y artífice del medio que le rodea, el cual le da sustento material y le brinda la oportunidad de desarrollarse intelectual, moral, social y espiritualmente (...los dos aspectos del medio humano, el material y el artificial, son esenciales para el bienestar del hombre y para el goce de los derechos humanos fundamentales, incluso el derecho a la vida misma” (7). El profesor Antúnez Sánchez define al medio ambiente, como el conjunto de elementos sin vida o abióticos (energía solar, atmósfera, agua y suelo) y elementos bióticos (organismos vivos) que integran la delgada capa de la Tierra llamada biosfera, sustento y hogar de los seres vivos (8), algo muy necesario que conservar para las generaciones futuras en el planeta en que convivimos.

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo lo aprecia como el hábitat total del hombre. Podemos concluir diciendo que, a pesar de las polémicas existentes en torno al concepto de medio ambiente, éste puede ser entendido como un sistema donde se relaciona un conjunto de factores bióticos, abióticos, sociales y económicos, que influyen en los procesos más trascendentales de los organismos vivos, abarcando una gran diversidad de elementos como la biosfera, el ambiente, el ecosistema, la calidad de vida, entre otros.

Una de las causas de polémica es el ser considerado un “concepto científica y jurídicamente indefinido, de contenido esencialmente difuso e indeterminado” (9). A partir del llamado ciclo de la vida todos los organismos vivos se han ido desarrollando y reproduciendo, manteniendo una estrecha relación con los suelos, el aire y el agua; sin embargo, esta relación se ha visto perturbada por factores naturales y humanos, lo cual ha causado determinados trastornos en los ecosistemas. Son innegables las relaciones del hombre y la naturaleza, como derecho es identificar los fundamentos jurídicos que han regulado esta relación, es deber de protegerla y regularla.

Con el desarrollo de las sociedades, el avance de la industria se encontró a la naturaleza como una fuente inagotable de recursos de los cuales no sólo se podía disponer a caprichos, sino arrojar todo lo desechado o inservible para el hombre o la actividad que este realizaba. Al igual que otros prestigiosos juristas, compartimos el criterio sobre el nacimiento del Derecho Ambiental, siendo su progenitora o inspiración primaria la Conferencia Mundial sobre Medio Humano de Estocolmo (1972), percatándose de la necesidad de afrontar las problemáticas ambientales desde todas las direcciones y sobre todo la necesidad de un conjunto de normas jurídicas que respondan a la solución eficiente de tales males.

Ser eficaz depende “de una adecuada percepción del ambiente, esto es, de que opere sobre la base de que el ambiente constituye un acoplamiento organizado de subsistemas ecológicos funcionalmente interdependientes, constituidos, a su turno, por factores dinámicamente interrelacionados” (10). Veinte años después es llevada a cabo en Río de Janeiro, 4 de junio de 1992, la “Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo”. Esta cumbre tuvo como principales resultados el nacimiento de instrumentos jurídicos con marcado carácter internacional:

-              La Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo.

-              Programa 2: Establecimiento de un marco jurídico y Reglamento Eficaz.

-              Convención sobre la Diversidad Biológica.

-              Convenio Marco de nnuu sobre Cambio Climático.

-              Declaración de Principio sobre los Bosques de todo tipo, entre otros.

Sobre el Derecho Ambiental se ha expuesto diversos conceptos. El profesor Raúl Brañes, quien realiza un análisis a partir de la norma jurídica, lo consideró derecho positivo sobre la base de ser conjunto de normas jurídicas que se encarga de la regulación de la conducta humana que puede provocar alteraciones notables en determinados procesos que tienen lugar entre los organismos en el medio natural de dichos organismos (11).

Se define al da como nueva rama jurídica que, si bien centra su atención en la conducta de los hombres que afecta la conservación de la diversidad biológica, debe “imprimir a la actuación de la sociedad un régimen que garantice su bienestar ecológico estableciendo principios, exigencias, normas y principios jurídicos obligatorias, prescribiendo actuar de una manera concreta o abstenerse de la acción en determinadas condiciones, otorgando a los sujetos los derechos y las atribuciones correspondientes, prohibiendo o autorizando (12).

Otra razón es entender al DA como derecho subjetivo, partiendo de lo que en la doctrina es considerado por el profesor Fernando Cañizares Abeledo (13) como tal, refiriéndose a las facultades que son concedidas a las personas y de las cuales son éstas sus titulares. Un asunto importante es la regulación jurídica, es decir, poder ordenar, orientar o dirigir las conductas humanas a través del derecho positivo en aras de evitar daños al medio ambiente y en caso de producirse bajo cualquier circunstancia lograr exigir responsabilidad a los infractores. No obstante, uno solo no puede; el problema es de todos.

Aspectos en torno al DAI como necesidad en los tiempos actuales

Resultan preocupantes las condiciones medioambientales en las que hoy nos encontramos. Sin embargo, más preocupante es la manera en que se ha dado respuesta a determinados asuntos que en mayor o menor medida necesitan atención especial por lo que representan para las especies y, en especial, para la raza humana.

Al final, no importa si eres pobre o rico, tarde o temprano la naturaleza nos cobrará los daños que hemos causado con nuestra negligencia, prepotencia y creencia de superioridad como especie si no actuamos de inmediato dando protección a lo que nos queda y tratando de recuperar en lo posible lo perdido.

No son pocos los esfuerzos que se realizan en el ámbito internacional para remediar o aliviar la situación del medio ambiente, sin embargo, no son suficientes. Esto se aprecia en las relaciones entre los Estados, basadas en principios y normas jurídicas. Por tal razón, cuando se habla de dai es necesario aludir a un sistema de principios y normas encargadas de la regulación de las relaciones de coexistencia y cooperación, frecuentemente institucionalizada, además de las relaciones comunitarias, entre Estados de diferentes grados de desarrollo socioeconómico y de poder a lo que se le denominó Derecho Internacional Público (dip).

Uno de los primeros acuerdos relacionados al dai tuvo lugar como consecuencia de la demanda formulada por un grupo de agricultores en 1868 contra el Ministerio de Relaciones Exteriores del Imperio Austro-Húngaro a raíz del auge de la industria del plumaje por el uso indiscriminado de plumas en los sombreros; el cual traía consigo la desaparición de las aves sin distinción. Se solicitó al emperador Francisco José la suscripción de un tratado internacional para proteger a las aves beneficiosas de la agricultura.

Años más tarde, en 1902 se firma en París uno de los instrumentos internacionales referido a la conservación: el Acuerdo Internacional para la Protección de las Aves útiles para la Agricultura. El convenio fue impulsado aún por un sentimiento económico y sus fines estaban encaminados a la protección de recursos naturales que corrían peligro de desaparecer. Luego, a comienzos del siglo xxi se firman los primeros instrumentos bilaterales y regionales. Se considera que existen antecedentes en normas y jurisprudencia internacionales sobre conceptos tales como contaminación, protección ambiental, uso racional de recursos naturales, entre otros, para regular las actividades en el océano, en ríos y lagos, suelos, aire y atmósfera. No obstante, de lo dicho es importante señalar que la conciencia ambiental y la relación entre los Estados comenzaron a gestarse a fines de 1800 (14).

A partir de la firma de estos primeros instrumentos internacionales los Estados se ven en la obligación de respetar los derechos ostentados por otros Estados, por lo tanto, queda prohibido ocasionar daños a personas naturales, jurídicas o a especies animales, protegiendo en principio el medio ambiente. La gravedad de los problemas ambientales globales y regionales conlleva a la celebración de tratados de protección ambiental que surgen de una demanda mundial que exige el respeto y la conservación de un entorno sano y equilibrado y la preocupación de la comunidad internacional.

Respecto a la aparición u origen del dai existen criterios divididos, primeramente los que consideran que esta modalidad de derecho se remonta a la segunda mitad los años 60 con la elaboración de las Reglas de Helsinki sobre el uso de las aguas de los ríos internacionales en 1966 y las primeras declaraciones de principios relativos a la conservación del agua y prevención de la contaminación del aire establecida en el Consejo de Europa en 1968.

La otra parte de la doctrina considera que el dai aparece en 1972 con la Declaración de Estocolmo sobre el Entorno Humano, siendo éste el momento en que cobran verdadera fuerza jurídica las relaciones entre los Estados respecto a las problemáticas del medio ambiente.

Una visión semejante tiene la profesora Viamontes Guilbeaux, quien, al referirse a la evolución histórica del DAI, afirma que para la gran mayoría de los autores el surgimiento del dai se produce a finales de la década de los 60, sin dejar de reconocer la existencia en periodos anteriores de precedentes aislados de instrumentos internacionales con un objetivo o dimensión ambiental. Otros son más precisos y reconocen como fecha de aparición del dai la Declaración de Estocolmo sobre el Medio Humano, en 1972 (15).

Luego se firmaron tratados en América del Norte y luego en Europa para regular la problemática relativa a la conservación de la calidad de las aguas de los ríos internacionales y aguas fronterizas, así como del acceso equitativo a los recursos naturales que se encuentran a disposición en esas aguas.

Otra muestra es el Tratado sobre la Prevención de la Contaminación de los Mares por el Petróleo de 12 de mayo de 1954. Hasta principios de los 60 sólo se protegía determinados elementos como las aguas y especies de la naturaleza con mira a satisfacer las necesidades de explotación de los recursos naturales. Estos tratados tenían un carácter más represivo que preventivos.

La segunda etapa, entre las conferencias de Estocolmo y de Río de Janeiro, siendo el momento donde se alcanzaba jurídicamente una serie de acuerdos e instrumentos en aras de incrementar los mecanismos jurídicos internacionales para proteger, preservar y restaurar el medio ambiente. Tal parece que es en la conferencia de Estocolmo que se toma en serio los problemas medioambientales, siendo el momento exacto en que importan las cuestiones relativas a la humanidad. Sin embargo, debió lamentarse la ausencia del bloque de países comunistas en ese momento histórico (16).

Como puede apreciarse, la doctrina considera además un antes y después sobre el surgimiento del dai, el cual merece atención, ya que resulta la aparición de los primeros instrumentos internacionales hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, siendo la idea base de los primeros acuerdos la conservación, a partir de las preocupaciones primeramente económicas. Aquí se suscriben acuerdos y tratados regionales referidos a problemas concretos, acuerdos que crean sistemas regionales para preservar fauna y flora en su estado natural y que promueven la creación de áreas naturales (17).

Por esas razones y sobre la base de la existencia de categorías que de cierta manera pueden mostrar lo que resulta indispensable o no, puede afirmarse que esta nueva ciencia jurídica no surge como resultado de lo accidental o de lo imprevisto, sino que es derivación de situaciones objetivas y reales que hicieron necesaria la aparición de la misma como medio indispensable del estudio del medio ambiente y más que eso a su protección; encargándose de regular las conductas humanas que pueden intervenir de manera relevante y cambiante en el medio ambiente.

Continuará

Notas

1. Proverbio Sioux, anónimo. Estados Unidos.

2. UNESCO-PNUMA: Conferencia Intergubernamental sobre educación Ambiental Tibilisi, Georgia, 1977. Informe final, ed/md/49, París 1978.

3. CHURCHAMAN, citado por Socarrás Stable Johanna y del Castillo Pomares Tamara, “Medio Ambiente”, en Aspectos Generales del medio ambiente y de la Gestión Ambiental Empresarial, Grupo de Trabajo Estatal, Bahía Habana, p.10. Cuba.

4. POUEY, Nora: Ibídem, p.10.

5. CARABALLO MAQUEIRA, Dr. C. Leonel, Derecho Ambiental cubano. La Habana. 2005. Editorial Felix Varela. Cuba.

6. JUSTE RUIZ, J., La protección del medio ambiente en su dimensión internacional, La Habana, 1998, pp. 3-4. Cuba.

7. FERNÁNDEZ-RUBIO LEGRÁ, Dr. C. Ángel. Derecho Ambiental Internacional, 1996 Volumen 1. Editora Ciencias Sociales. La Habana, Cuba.

8. ANTÚNEZ SÁNCHEZ, MSc. Alcides, Dimensión social-jurídica del medio ambiente. Una apreciación de la problemática ambiental, 2011. Profesor derecho ambiental. Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas. Universidad de Granma, Cuba.

9. JUSTE RUIZ, J., ob., cit. p. 4.

10. Documentos Legislativos sobre Derecho Ambiental, PNUMA, 1995, p. 11.

11. BRAÑES, Dr. Raúl, “Manual de Derecho Ambiental”, Fundación Mexicana para la Educación Ambiental, fondo de Cultura Económica, 1ra. Edición, México, 1994.

12. VIAMONTES GUILBEAUX, Dra. C. Eulalia. Derecho Ambiental Cubano, La Habana, Editorial Félix Varela, 2007, pp. 53.

13. CAÑIZARES ABELEDO, Dr. Fernando Diego, “Teoría del Derecho”, 1979, p. 25.

14. Ingunza Millitza, F., Perspectiva del Derecho Ambiental Internacional. Aspectos críticos. Consultado en (http://www.org/dewalac/esp/)10/11/11.

15. VIAMONTES GUILBEAUX, Eulalia, ob. cit., pp. 92-101.

16. ROJAS AMANDI, Víctor Manuel. ob.cit., pp. 123.

17. Disposiciones jurídicas relacionadas con el Derecho de Tratados en materia de medio ambiente. Libro electrónico Ciencias de la tierra y del medio ambiente. En http://www.ceit.es/Asignaturas/ecologia/ y UNESCO. Manual de Educación Ambiental. http://www.unescoeh.org/manual/html.

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