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Nietos y abuelas de la Plaza de Mayo

…los “beneficiados” con los pequeños y pequeñas conocían la irregularidad que esto significaba y que estaban cometiendo más de un delito, incluido el de complicidad, por lo que la justicia tiene todas las facultades para seguir con las causas correspondientes.

00:00 / 09 de diciembre de 2014

De entre todas las que sufrió el Cono Sur, la dictadura argentina de 1976 a 1983 fue una de las más sangrientas, pues dejó como resultado, por lo menos, 30 mil personas muertas o desaparecidas. Además de estos crímenes, que en parte fueron sentenciados por la justicia de ese país, se produjo otros que tuvieron que ver con la apropiación y desaparición de bebés nacidos mientras sus madres estaban presas.

Esta situación motivó a que las abuelas de estos neonatos se organicen para recuperar a sus descendientes, porque, en el caso de sus hijas embarazadas, ya la fatalidad había sido convocada, pues era de suponerse que fueron asesinadas; pocas familias recuperaron en ese tiempo los cuerpos de sus herederas, otras lo hicieron en años posteriores cuando fosas comunes y tumbas sin identificación fueron encontradas.

En esta labor de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, creada en octubre de 1977, hasta 2014 se identificó a 116 personas que habían nacido en la aciaga época del régimen militar y que fueron secuestradas a poco de llegar al mundo y entregadas a otras familias. La última de estas víctimas fue identificada la pasada semana, es la tercera en lo que va del año. Pero, de estos tres nietos encontrados, el caso más llamativo para los medios de comunicación y para la población argentina fue la confirmación de que un músico de jazz es nieto de la presidenta de la Asociación, Elena de Carlotto.

Si bien para esta abuela el hecho fue trascendental y el nieto pudo conocer su verdadera identidad, el tema tomó otro cariz en el momento en que la pareja que crió al ahora hombre de 36 años debió ser procesada, pues él confirmó que tuvo una vida feliz junto a ellos, quienes recibieron al párvulo inscrito como su hijo natural. En situaciones de este tipo, los padres que recibieron a los pequeños en carácter de adoptados y se conoció la irregularidad en más de 30 años de búsqueda fueron procesados.

El tema está basado en que se trata de un delito de apropiación en el que incurrió la pareja, por lo cual ambos deberían ser juzgados. Sin embargo, en el caso del nieto de Elena parece que existen atenuantes debido a que los padres irregulares no conocían la procedencia de la criatura que “adoptaron”, mientras que con otros la situación fue diferente, pues los militares que arrebataban a los infantes de los brazos maternos a las pocas horas del parto los entregaban a otros uniformados, familiares suyos o personas involucradas de una u otra forma con la dictadura.

Obviamente que la mayoría de los “beneficiados” con los pequeños y pequeñas conocían la irregularidad que esto significaba y que estaban cometiendo más de un delito, incluido el de complicidad, por lo que la justicia tiene todas las facultades para seguir con las causas correspondientes. Además que, dada la estimación de que en ese periodo de terror nacieron, por lo menos, 500 bebés en centros de detención y tortura y fueron arrebatados a sus madres, está todavía lejos la meta de que estas personas logren ejercer su derecho a la identidad.

No obstante, en rigor de verdad, una buena parte de estas personas podría quedar para siempre ajena a su verdadera procedencia, debido a que no existan sospechas o no se quiera afectar sentimientos con una denuncia. En todo caso, las emociones humanas tendrán su peso en varios casos.

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