La Gaceta Jurídica

Norma municipal de transporte

La falta de habilidad para repensar actitudes es una forma de entorpecer el desarrollo humano que necesitamos para vivir en sociedad, además, se ignora reglas mínimas de convivencia como son, en este caso, el respeto de las reglas de tránsito y el buen trato para alcanzar calidad en el servicio.

Editorial

00:00 / 25 de octubre de 2015

El jueves, la sede de gobierno fue sitiada nuevamente por una fracción sindical del transporte público en demanda del alza del precio de pasajes. Pese a que no todos los agremiados acataron el paro de 24 horas, éste fue perjudicial debido a que se actuó con pinchadas de llantas, apedreamientos en algunos lugares y bloqueo de puntos estratégicos para la circulación vehicular.

Si bien el Ejecutivo Municipal paceño inició un estudio de costos del transporte que será terminado en diciembre y sobre el cual se discutirá con los dirigentes un posible aumento en las tarifas, con la medida se conoció de mejor modo la posición de la población, que (más que el costo de los pasajes) tiene reparos en la forma en que se presta el servicio, pues éste se encuentra plagado de abusos de diversa índole, como el cambio de rutas y números, falta de respeto a las señales de tránsito, el uso de bocina, falta de mantenimiento de los vehículos, descuido de la limpieza, cobros indebidos, horarios no cumplidos y días no trabajados dejando sin servicio a los barrios, entre otros.

Esta situación pone en reprobación a los conductores del servicio privado de transporte, que hasta ahora no han demostrado la capacidad de reflexionar en que el cambio de actitud, la predisposición a respetar a la ciudadanía y el trabajo de manera adecuada los podría llevar a una mejor posición en el aprecio que los vecinos y vecinas tienen en todas partes hacia las personas que prestan servicios, por ejemplo, en el recojo de basura o el suministro de productos en los mercados, almacenes y tiendas.

La falta de habilidad para repensar actitudes es una forma de entorpecer el desarrollo humano que necesitamos para vivir en sociedad, además, se ignora reglas mínimas de convivencia como son, en este caso, el respeto de las reglas de tránsito y el buen trato para alcanzar calidad en el servicio. Pero esta descripción de los encargados del transporte terrestre no solo es notoria en La Paz, sino que se reproduce en todo el país, en mayor o menor medida en cada lugar, en las variadas modalidades de motorizados y su alcance municipal, interprovincial o interdepartamental.

La negligencia para mantener en buen estado los vehículos y la ineptitud en la conducción son todavía factores de accidentes y perjuicios para los usuarios, por lo que se hace necesario mayores controles y sanciones para los conductores en todo nivel, pese a que su posición en el entramado social sea visto con “cautela” por los actores políticos y las autoridades. En este sentido, es saludable que el Concejo Municipal de La Paz haya anunciado una ley local para sancionar el “trameaje”, es decir, el cobro de pasajes por trechos y incumpliendo rutas.

Es de esperar que esto también sea apoyado por el Ejecutivo central para que los gobiernos departamentales y municipales tengan éxito en su empeño de mejorar el transporte, pues no debe olvidarse que la Constitución Política del Estado establece en su artículo 76. I. que “…. la ley determinará que el sistema de transporte sea eficiente y eficaz, y que genere beneficios a los usuarios y a los proveedores”. Esto se refuerza con los artículos 298, 300 y 302 donde se afirma que el transporte es competencia exclusiva del nivel central del Estado, de los gobiernos departamentales autónomos y de los gobiernos municipales autónomos, cada uno en su jurisdicción.

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