La Gaceta Jurídica

Norma municipal de transporte

Aunque en más de 15 años no se ha avanzado mucho, queda demostrado que existen mecanismos de educación pero no de voluntad (tal vez ni capacidad) para aprender.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 07 de febrero de 2016

Una de las debilidades más palmarias en el entramado social del país es el desarrollo social o, si se quiere, lo que en los centros urbanos se llama “cultura ciudadana”. Por este motivo, no somos capaces de ofrecer el respeto necesario a las demás personas. Al respecto, entre los ejemplos de este problema se encuentra el servicio de transporte y la circulación vehicular en general.

En esta problemática nacional se puede comprobar la inconsciencia de los conductores de vehículos particulares, quienes, a pesar de su dinero o su posición social, ignoran las reglas de tránsito y de urbanidad, por eso es común que no acaten los pasos de cebra ni las luces del semáforo; estacionen en cualquier parte, incluso sobre las aceras, y utilicen con insensatez las calles y avenidas, entre otros abusos. Pero esta ignorancia es repetida con igual desfachatez por los choferes que prestan servicio de transporte en varias modalidades.

Este gremio, plagado de personas de todo tipo de formación, no ha tenido la suerte de contar con dirigentes que busquen la superación de sus afiliados. Por el contrario, los sindicalistas del transporte se han servido de sus bases y han apuntalado sus caprichos sin tener en mente las mejoras personales. En ningún momento han recurrido al razonamiento para darse cuenta de que la animadversión de la población hacia ellos puede cambiar si cambian sus actitudes.

Si bien el trabajo del transporte es sacrificado y, supuestamente, no muy rentable, la inteligencia puede transformar la situación contentando a la ciudadanía y desarrollando la personalidad mediante el comportamiento positivo. Sin embargo, esto está lejos de ser posible por la nula predisposición de los dirigentes, propietarios y conductores del transporte público.

Debido a esta actitud de mucho tiempo, el gobierno municipal de La Paz ha sido pionero en los intentos de formar una cultura ciudadana. Aunque en más de 15 años no se ha avanzado mucho, queda demostrado que existen mecanismos de educación pero no de voluntad (tal vez ni capacidad) para aprender.

Para salir de esto es ponderable que el Concejo Municipal de la sede de gobierno haya aprobado la Ley para el Control de Servicio de Transporte de Pasajeros, una norma complementaria a la ley Municipal de Transporte y Tránsito Urbano.

La medida rescata las preocupaciones de la población usuaria de transporte para que se evite, como mínimo, el abuso en el cobro de pasajes mediante el llamado “trameaje” y para que se cumpla las rutas y horarios especificados, además de otras situaciones que describen la calidad humana de los choferes como la negativa a levantar pasajeros con discapacidad, adultos mayores y niños o niñas.

Asimismo, la norma que debe ser imitada en otras regiones del territorio que no cuenten con una similar, establece otras infracciones perpetradas continuamente por los conductores, como la falta de mantenimiento y aseo en los motorizados, lo cual compromete la seguridad de los usuarios. Además, es triste que la desidia llegue a niveles de infracción por “no participar en los programas de capacitación en temas de movilidad y transporte y de cultura ciudadana” del municipio y por “promover acciones que inciten a los conductores (…) al incumplimiento de la normas municipales aplicables a la materia de transporte”.

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