La Gaceta Jurídica

Objetivos, métodos e instrumentos

Economía política y política económica

La economía proporciona objetivos y los métodos para alcanzar dichos objetivos eficientemente.

La economía proporciona objetivos y los métodos para alcanzar dichos objetivos eficientemente. Foto: javierginerf.blogspot.com

Amelia Peña Aguilar

00:00 / 08 de noviembre de 2015

El economista Valeriano García cuenta que el nombre original de la economía como ciencia era economía política, ya que es una ciencia social que trata sobre las interrelaciones entre los miembros de una sociedad.

Por lo tanto, la economía no es una ciencia exacta, sino una ciencia social, por eso resulta redundante y hasta demagógico hablar de “economía social de mercado”.

El término “política” hace explícito el propósito de la economía, porque ésta se aplica sobre problemas económicos prácticos en los conglomerados humanos de las ciudades, las polis.

La economía teórica y la economía aplicada van juntas, de hecho, la segunda se impone a la primera y esta primera trata de solucionar los problemas que presenta la vida real con desarrollos teóricos.

A medida que pasó el tiempo, los desarrollos teóricos se fueron profundizando, ya que no tenían aplicación práctica inmediata.

La política económica

Ésta utiliza instrumentos políticos para alcanzar objetivos económicos.

Los objetivos o preocupaciones más comunes para los teóricos de los países son temas como la inflación, distribución equitativa del ingreso, recaudación impositiva,

reducción del gasto público, tasas de interés, incremento del crecimiento económico, eficiencia del mercado de capitales, mejoramiento del sistema bancario, etc.La economía proporciona objetivos y los métodos para alcanzar dichos objetivos eficientemente, es decir, mayores beneficios con menores costos, éstos no siempre son conseguidos, ya que la economía, como ciencia social, tiene mucha relación con la ética y la ideología.

La ética

Si la búsqueda de la economía es la eficiencia, en el momento en que se relaciona con la ética las medidas económicas se convierten en anti- económicas, ya que éstas medidas suben costos y, en consecuencia, reducen la eficiencia.

Existen medidas éticas como “el pago a trabajadores pasivos (jubilados) con dinero de los activos”, “personas sanas que pagan el tratamiento de las enfermas en los seguros”, “pagos obligatorios no voluntarios”, etc.

Los pagos obligatorios van en contra de la libertad de decisión dentro de un sistema de libre mercado y, aunque son correctamente éticas y equitativas, entran en contradicción con lo económicamente eficiente para las personas individuales y las personas jurídicas.

Economía positiva

Se llama economía positiva cuando la economía actúa como ciencia exacta, es decir, cuando se libera de esa carga ética y solo busca la eficiencia.

La economía como ciencia social justifica que, por ética o humanidad, las personas no pueden ganar un salario menor al salario mínimo vital establecido por un acuerdo entre el sindicato de trabajadores y el gobierno.

Contrariamente a esto, la economía positiva puede justificar que el “salario mínimo” es un pésimo instrumento en busca de eficiencia económica; de hecho, demuestra que los resultados son contrarios a los buscados, las personas que ganan lo mínimo también rinden lo mínimo por el factor motivación, hagan bien o hagan mal las cosas ganarán el mismo salario, por lo tanto, no se esfuerzan para lograr buenos resultados y las empresas terminan perdiendo dinero por doble partida.

Las leyes

Las leyes contienen un incuestionable contenido ético y, como ya lo explicamos, causan que los resultados sean contrarios a los esperados desde el punto de vista de la economía.

Valeriano F. García pone el ejemplo de las leyes laborales que favorecen a las mujeres, “igual trabajo, igual salario”, pero los legisladores no toman en cuenta que las mujeres reciben otros beneficios como los de maternidad y que se les paga por días no trabajados, en algunos casos hasta los seis meses.

Esto es éticamente correcto, no obstante, a largo plazo se termina perjudicando a quien se quería ayudar, ya que el mercado laboral no contrata mujeres porque no quiere arriesgarse a contratar a una potencial madre y que, probablemente, se le tenga que pagar por días no trabajados y que, además, en caso de ser ineficiente no se la pueda despedir. Como resultado de esto las mujeres no consiguen trabajo.

Pero, como las mujeres necesitan trabajar y no pueden conseguir trabajo en el mercado laboral legal, entonces lo hacen al margen de las regulaciones, con un salario menor al mínimo, sin beneficios sociales, etc. Entonces, las normas que buscan cuidar a las mujeres lo que hacen es mantenerlas en una situación de injusta discriminación.

Algo similar ocurre con los jóvenes, los discapacitados, los afrodescendientes, los homosexuales y los originarios campesinos (aunque todos sabemos que todos somos mestizos, los empleadores tienen cuidado de evitar procesos por discriminación a futuro, ya que si un originario campesino, un joven, un afrodescendiente o un homosexual es “ineficiente” no podrá despedirlo porque éstos le abrirán un proceso por “discriminación”. Entonces, estas personas no pueden conseguir trabajo fácilmente por los temores a la norma.

La libertad

Uno de los problemas ideológicos constantes en las discusiones económicas es el tema de “la libertad”. Todos tenemos derecho a decidir “quién quiero ser y cómo quiero ser”. Adempero, existen normas que obligan a las personas a ser algo que no quieren ser, como la que obliga a los jóvenes a prestar el Servicio Militar, esto atenta contra la decisión de un joven de “ser pacífico” y –retomando el tema laboral– muchos empleos tienen como requisito de contrato la Libreta Militar que certifica que ha cumplido esta exigencia. Este pedido obliga a muchas personas a incurrir en la ilegalidad, falsificando o comprándola.

En economía, la “pérdida de libertad” es un COSTO NO ECONÓMICO y los costos siempre significan pérdida de eficiencia. Por eso es que la política y la economía a veces andan juntas y otras veces peleadas, pero sin duda alguna,  tomando las palabras de Valeriano García, “un buen antídoto para el autoritarismo político es la libertad económica”.

Fuente

García, Valeriano F. “Para entender la Economía Política (y la Política Económica). Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos. Cemla, México DF, 2000.

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