La Gaceta Jurídica

Peligroso golpe a los procesos antiimperialistas en América Latina

Esto no es nuevo porque los procesos de independencia y unidad latinoamericana, las luchas de liberación nacional, los procesos revolucionarios y la lucha de clases desde el periodo colonial han estado marcados por estos signos.

“El ALBA, Unasur y Celac son un legado histórico que debe ser defendido por la Patria Grande”.

“El ALBA, Unasur y Celac son un legado histórico que debe ser defendido por la Patria Grande”. FOTO: cubadebate.cu

La Razón (Edición Impresa) / Eduardo Paz Rada*

00:00 / 13 de enero de 2016

Los procesos nacionalistas revolucionarios y antiimperialistas, en varios países de América Latina y el Caribe desde principios del siglo XXI abrieron un horizonte de posibilidades de unidad e integración emancipadoras nunca antes experimentadas en el continente desde la Guerra de la Independencia.

Esto es mirando el futuro con optimismo por la recuperación de la iniciativa democrática por los movimientos populares, el reposicionamiento del rol del Estado contra las recetas neoliberales, el impulso de procesos de liberación, la crisis y contradicciones del capitalismo monopólico en las metrópolis, la formación de nuevos bloques de influencia estratégica mundial y, en especial, la coordinación de acciones a través de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

En los últimos dos años, sin embargo, se ha presentado a nivel interno una ofensiva organizada y bien planificada de los sectores conservadores y neoliberales, coordinados y dirigidos a nivel externo con tácticas y herramientas que utiliza el imperialismo estadounidense hace dos siglos: dividir para oprimir fácilmente y conseguir el control de las fuentes de materias primas y recursos imprescindibles para la reproducción del capital, utilizando mecanismos políticos de diplomacia, presión económica, comercial y financiera e, inclusive, amenaza militar.

Esto no es nuevo porque los procesos de independencia y unidad latinoamericana, las luchas de liberación nacional, los procesos revolucionarios y la lucha de clases desde el periodo colonial han estado marcados por estos signos.

La estrategia de los enfrentamientos está concentrada en los ámbitos de la política y la ideología, con las consecuencias estructurales que esto implica en la lucha por tener influencia en el sentido común, en la cultura y la vida cotidiana, en tanto campos en los cuales se define la hegemonía.

Los medios de comunicación tienen, en este sentido, una importancia vital por la influencia que desencadenan en los procesos políticos de la democracia liberal, en especial en la votación ciudadana.

La avanzada neoliberal conservadora

La experiencia brasileña fue un test de alta importancia tomando en cuenta la monta económica y política de este país en la escena regional y mundial y su papel en los procesos de acercamiento de los países de América Latina y el Caribe en los últimos 15 años y con el antecedente de la elección continua de los candidatos del Partido de los Trabajadores (pt), primero del dirigente obrero Lula Da Silva y después de la experimentada izquierdista Dilma Rousseff.

En las elecciones de octubre de 2014, en las cuales Rousseff consiguió su segundo mandato, hubo un enfrentamiento con los grandes aparatos mediáticos que influyeron en la decisión de los votantes y crearon un clima de inestabilidad bajo el argumento de la falta de legitimidad y condicionaron al gobierno del pt imponiendo un ministro neoliberal, Joaquim Levy, hombre de Bradesco, el mayor banco brasileño.

De inmediato comenzaron las movilizaciones sociales apadrinadas por los medios de comunicación más poderosos encabezados por la red O Globo y la revista Veja, con los argumentos de corrupción en Petrobras y la falta de atención a las demandas sociales, culminando con la campaña para que se revoque el mandato o renuncie la presidencia.

Rousseff derrotó por más del 3% (51,6 frente a 48,3) al candidato neoliberal Aecio Neves y el Congreso en Brasilia se convirtió en la caja de resonancia de la conspiración encabezada por el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, y orientada por el expresidente Fernando Henrique Cardoso. La crítica situación política y económica de Brasil ha impedido que mantenga su fuerte influencia en los organismos regionales como Unasur, Celac y Mercosur.

En este contexto se produjeron las elecciones en Argentina, país de alta importancia regional y que, durante los años de gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, mantuvo un fuerte discurso latinoamericanista y aportó de manera valiosa al proceso de rechazo a las políticas estadounidenses en la región. Los resultados de la segunda vuelta dieron el triunfo al neoliberal y conservador Mauricio Macri con el 51,42% sobre el 48,59 de Daniel Scioli (menos del 3% de diferencia), generando interpretaciones en torno a su influencia y alcance.

Macri, quien utilizó en su campaña los argumentos de la corrupción del gobierno, manifestó su proyecto proimperialista con la decisión de desarrollar un acercamiento a Estados Unidos, vetar a Venezuela en el Mercosur, manifestar su intención de ser parte de la Alianza del Pacífico (versión renovada del alca), suspender las políticas sociales de sus antecesores y nombrar en el estratégico Ministerio de Hacienda a Alfonso Prat Gay de la banca privada y exfuncionario del imperio financiero JP Morgan, en tanto que el grupo mediático Clarín, que se enfrentó al gobierno de Kirchner, definió el fin de las campañas de Derechos Humanos y de las Madres de la Plaza de Mayo.

Esto se convirtió en una derrota para el campo popular, tomando en cuenta que el pueblo argentino tiene tradición peronista con importantes hitos para América Latina.

La dinámica de la correlación de fuerzas

Desde la perspectiva conservadora se considera que la experiencia brasileña y los resultados electorales argentinos, así como el rol de los poderosos medios de comunicación locales y transnacionales, van a significar un vuelco en las iniciativas y coordinación antiimperialista en la región y que continuará una cadena de retrocesos electorales, políticos y económicos, abriendo el camino a los proyectos que priorizan el libre mercado, la prescindencia del Estado en las políticas sociales y la apertura comercial a las potencias capitalistas.

La sistemática asistencia de las fundaciones y las ong norteamericanas y europeas, la política de Washington y sus partidos y la unificación de posiciones de los partidos neoliberales han dado frutos en los casos señalados y deberán servir de referencia para contrarrestar esta estrategia.

Lo mismo ha sucedido en las elecciones parlamentarias en Venezuela, que reprodujeron la experiencia electoral argentina. En este caso las campañas contra el gobierno de Caracas se han realizado hace mucho tiempo; Hugo Chávez recibió fuertes embestidas, las que ahora se multiplican contra el gobierno de Nicolás Maduro.

La campaña interna e internacional al respecto responde claramente a la estrategia de avanzar paulatinamente, utilizando en este caso los sistemas electorales representativos liberales e ir reduciendo los ejes de resistencia y a los gobiernos más comprometidos con las posiciones re- volucionarias.

Desde el campo nacional-popular y sobre la base de la experiencia de los últimos quince años, corresponde retomar los aspectos centrales de la lucha antiimperialista fortaleciendo y profundizando los procesos de transformación en los países que mantienen gobiernos de avanzada y la organización y reorganización de los movimientos y las fuerzas populares en los países en los que han avanzado los gobiernos conservadores y neoliberales, manteniendo los postulados de la construcción de la Patria Grande a través del alba, Unasur y Celac, que son un legado histórico que debe ser defendido.

La organización y politización de los  sectores  populares  junto a su movilización y empoderamiento real, profundizando las reformas, son imprescindibles puesto que no son suficientes los triunfos electorales, la redistribución de los excedentes y las políticas sociales, la administración eficaz y el fortalecimiento de los roles del Estado para enfrentar a las fuerzas y armas que utiliza el imperialismo.

*    Es sociólogo y docente de la UMSA.

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