La Gaceta Jurídica

Periodismo educativo de calidad frente al de mala calidad

…las pantallas de televisión, particularmente los conductores, no deben convertirse en profesores y brindar a los televidentes clases magistrales sobre algunas áreas del conocimiento científico. ¡No!. Definitivamente no. De lo que se trata es que, al margen de manejar con responsabilidad la información, asumamos el DEBER ÉTICO DE FORMACIÓN.

La Gaceta Jurídica / Carlos Conde Calle*

00:00 / 12 de abril de 2013

Si bien insistimos sobre PERIODISMO ESPECIALIZADO, en el fondo, lo que estamos señalando es que, en general, todos los medios de comunicación, y con todos los géneros periodísticos, educan. Dicho de otro modo, todos los periodistas que cubren fuentes, todos los conductores, todos los programas en radio y televisión, sin quererlo, saben que asumen el rol de educadores.

Me inspira este trabajo la notable comunicóloga Margarita Riviere, quien, entre muchas obras, escribió “El malentendido”, cómo nos educan los medios de comunicación social.

El argumento es que, en los tiempos modernos –posmodernos para otros– los ciudadanos padecen una sobredosis de información; Riviera dice: por “la simplificación de los mensajes (...) conllevamos pocas dosis de sobrentendidos con lo cual el riesgo de malentendidos se amplifica sin límites”.

Apelando a la obra de Marshall McLuhan “Aula sin Muros”, los medios de comunicación social se han convertido en grandes aulas, donde, particularmente, el presentador de televisión o el locutor de radio se han convertido en los “maestros”. Margarita afirma: “los medios, en mi opinión, ya no informan o, si lo hacen, ese objetivo resulta secundario. Los medios, aunque no quieran reconocerlo, porque seguramente no tienen tiempo de reflexionar, EDUCAN. Esa es su misión: la educación permanente de las personas mediante la creación de preferencias, DE VALORES, DE HÁBITOS CULTURALES, de mitos y antimitos, de costumbres. El individuo mediático es aquel que se integra perfectamente en la sociedad (...). El individuo no mediático es ya un hombre, completo bicho raro” (sic).

Gran parte de lo que sostiene Riviere lo firmó y rubricó. En una reducción sociológica diría que, a pesar de los errores, sostenía que la prensa plana desaparecería, pero, en estos momentos, los que mejor cumplen el rol educativo son los periódicos. En líneas generales, v. gr, la prensa plana, en sus diferentes géneros, escribe correctamente, sin vicios ni transgresiones gramaticales; sus revistas y separatas son altamente educativas.

¿Quién podría decir lo contrario?, los políticos, sociólogos y, fundamentalmente, los historiadores, para construir sus hipótesis y traducirlos en teorías, visitan las hemerotecas.

Son pocos los periódicos donde se escribe con barbarismos. No podemos decir lo mismo de la televisión y la radio. En los últimos años la radio es cuestionada porque, por su programación inconsistente, donde la superficialidad es su sello, DESEDUCA.

Los locutores son improvisados, no conocen con solvencia ninguna área del conocimiento científico, aunque hay excepciones. Por sus bajos costos, la radio podría erigirse en un excelente medio, que verazmente eduque. Por su mayor llegada a los radioescuchas podría ser un excelente vehículo de socialización de hábitos culturales y pautas del comportamiento social.

Para eso se requiere una programación que aproveche todos los géneros periodísticos; se necesita locutores que, al margen de su profesión de comunicadores sociales, tengan una u otra profesión, como ser abogado, economista, sociólogo o filósofo. Al respecto, la información está buscando una mayor calidad. Esto vale también para los programas de entretenimiento, pues éste también educa. Dejemos de hablar malas palabras al micrófono.

Hoy, que ironía, el mejor locutor es el que prefiere malas palabras; el que “habla como el pueblo”, con transgresiones gramaticales; los locutores en radio, cuando menos, debiera contribuir en el mejoramiento del lenguaje de sus receptores.

Qué duda cabe, el medio más cuestionado es la televisión. Riviere, entre otros, indica “¿por qué triunfan programas basura o REALITY SHOWS, en los que la gente hace el ridículo o explica intimidades inimaginables. Es posible que se busque que el espectador se quede atónito entre tanta injusticia o espere ver hasta que límites se puede hacer el ridículo (...), la unidireccionalidad del sistema televisivo encierra también las posibilidades el pluralismo real (...) (citando a Popper), la televisión es el instrumento más eficaz para vaciar de contenido a la democracia” (sic).

Un diagnóstico que compartimos plenamente. La televisión  espectaculariza la información y, lo fundamental, manipula, no sabemos con qué intereses. En su generalidad, los informativos están plagados de improvisación; el periodista no brinda una noticia, ofrece espectáculo. Se desaprovecha el uso de los géneros periodísticos. Es normal que los conductores de diferentes programas pisotean el buen decir.

Los programas de entretenimiento se constituyen en escape a los problemas cotidianos, son una especie de somnífero, adormecen nuestras conciencias. Las REVISTAS INFORMATIVAS son especialistas en “todo”; se constituyen en espacios donde los conductores saben de todo. En realidad, estas revistas, ofrecen espectáculo y no educan.

Ante esta situación, Margarita Riviere reacciona y afirma: “a los periodistas, es lógico, les gusta seguir pensando que son periodistas, NO EDUCADORES” (sic) y, de acuerdo a la misma autora, “uno de los malentendidos de nuestra época está en pensar que sólo educan los profesores o los expresamente autorizados para ello”. No es cierto: el mundo de la educación se ha escapado de las manos de los antiguos educadores profesionales, estos han sido substituidos por los medios de comunicación.

Es hora que los que trabajamos en medios de comunicación asimilemos nuestra tarea: sin quererlo somos educadores. De aquí en más, las pantallas de televisión, particularmente los conductores, no deben convertirse en profesores y brindar a los televidentes clases magistrales sobre algunas áreas del conocimiento científico. ¡No!. Definitivamente no. De lo que se trata es que, al margen de manejar con responsabilidad la información, asumamos el DEBER ÉTICO DE FORMACIÓN.

Formarnos significa que, al margen de nuestra profesión de periodistas, le añadamos un conocimiento mucho más específico –especializado diríamos–. Como conductores de programas, tengamos la valentía de no hablar sobre lo que no conocemos. ¿Será malo mostrar públicamente que no conocemos un tema? No lo es. El televidente, el radioescucha, le agradecerá porque no tendrá que escuchar la improvisación del conductor o presentador.

Advierta lo que dice Riviere sobre los supuestos hechos de corrupción: “resulta también paradójico que mucha corrupción económica o política se haya desvelado por el sistema del dosierismo”, una pura venganza, más que por la labor de los periodistas. Resulta que es más fácil que un economista, médico o politólogo se vuelva periodista; que un periodista se vuelva médico.

Para estas profesiones se requiere estudiar en el sistema universitario. El momento en que el periodista, el conductor o presentador de televisión acepten que son educadores, se verán compelidos de optar por una especialidad. Si optará por trabajar en la fuente política, seguramente, estudiará Ciencia Política. Si, como ocurre en la actualidad, trabaja en las fuentes judiciales, procurará estudiar Derecho.

En ambos casos, por supuesto que la calidad del manejo de la noticia mejorará. No está demás, que todo periodista estudie Ciencias de la Educación. Este trabajo parece una mirada “platoniana” de la comunicación, ¡imposible realizar! Apostamos porque, de una buena vez, empecemos por aceptar que, como periodistas, somos educadores. Que requerimos mejorar y elevar la calidad de las noticias. Aceptemos que, absolutamente, en todos los programas, sin quererlo, educamos. Al menos esto es lo que dice Margarita Riviera.

*    Es especialista en Derecho de la Información.

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