La Gaceta Jurídica

Perspectiva filosófica de la concepción del Derecho

(Parte I)

Foto: cuadrivio.net

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La Gaceta Jurídica / Álex R. Zambrano Torres

00:00 / 17 de mayo de 2013

En el ánimo por conocer, el humano ha formulado discursos teóricos para explicarse las cosas. Esta búsqueda de explicaciones constituye un primer esbozo de filosofía, es una manera de saber. La cosmovisión sobre el mundo ha ido desarrollándose con más especificidad e incisión, creando discursos interrogativos que se llaman especulaciones filosóficas.

Así partimos de la idea de que el humano ha buscado explicaciones y las ha hallado, creando discursos teóricos que lo han aprovisionado de certezas; estas ideas de certeza sobre la vida y su movimiento han determinado cierto modo de pensar, cierto tipo de conductas, cierto perímetro de acción, cierto orden, cierto Derecho.

Una vez cargados de certezas creadas mentalmente, los humanos van con cierta directriz y normas. Sólo que la característica del humano es su dinamismo físico mental, esto lo hace volverse a preguntar sobre la validez o no de sus certezas, si son útiles o no, así formulan categorías de contradicción o crítica.

Es esta crítica a los fundamentos y argumentos, dados y propios, lo que Richard Rorty denomina Filosofía. En la investigación seguiremos esta concepción de filosofía, entremezclada con la expresada por William James, que la filosofía es “un intento inusitadamente porfiado de pensar con claridad”.

Las certezas por las que se conducen los humanos son las bases por las que se produce y justifica el Derecho. Esta es la importancia de la conexión entre Filosofía y Derecho. Por eso, esta es una historia de la conexión entre pensamiento y actividad social. Así se intenta conjugar los elementos de la filosofía con el Derecho y del pensamiento con la expresión social. Recorrer los laberintos de lo que podríamos llamar el Derecho pensado.

Por otro lado, el lineamiento crítico de este trabajo se dará bajo tres visiones o ángulos de estudio: premodernidad, modernidad y postmodernidad.

Lo que notaremos, seguramente, es que el Derecho, las argumentaciones filosóficas sobre él, mejor dicho, la variedad de posiciones mentales que se dan sobre él y las relaciones jurídicas presentan un fenómeno importante, que es “la afirmación de la diferencia”, ésta última corrobora la dinámica crítica que supone la filosofía del Derecho.

La multiplicidad de concepciones sobre la Filosofía del Derecho nos mueve a dar un vistazo un poco audaz y atrevido, acaso breve, pero necesario, sobre la visión planteada por ciertos autores, desde ciertas posiciones teóricas. Estas teorías occidentales han influido de cierta manera en la creación del Derecho, que viene a ser –en parte– la conjunción de esos puntos de vista, de esos razonamientos que han marcado, de alguna manera, la dirección y el sentido de la vida y, por ende, del orden jurídico, pensamiento y concepción del Derecho.

Cierta porción del Derecho actual está constituida por la conjunción de ideas y razonamientos que, resistiendo al tiempo, se han impregnado en el subconsciente colectivo con la idea de cómo conducirse social y jurídicamente.

Una aclaración. No es este un trabajo de Filosofía del Derecho, esto escaparía a los recursos y objetivos de la investigación, sino el seguimiento de cierto planteamiento y su desarrollo propuesto en el plan de trabajo, así que “...no pretende ser una justa y cabal filosofía del derecho, ni siquiera un bosquejo; se propone sólo hacer resaltar ciertos problemas que a mi parecer deben estar hoy en el primer término,...” (1)

El Derecho puede estar plasmado en leyes y normas (esto no significa que sea sólo leyes y normas), así que su concepción, en estas visiones tradicionales, se asentaría en las leyes, sólo que incluso la ley tiene dentro suyo determinados juicios normativos, cierta filosofía; así que nosotros pensamos con Friedrich que “el Derecho común, tradicional en gran parte, descansa en una visión general de la ley ...(no obstante)... es dudosa la idea expresada con frecuencia por los abogados de tipo más práctico, de que la ley no involucra una filosofía del derecho, porque la ley consiste en declaraciones o enunciados expresados verbalmente, comúnmente llamados juicios –que en Derecho son, netamente, juicios normativos–, dan lugar a una clase de cuestiones filosóficas generales, de significación para tales juicios” (2).

Pensamiento premoderno

El Derecho como visión mítica

En un principio, suponemos, el humano necesitó explicarse el fenómeno de la vida, los hechos que no entendía los explicaba con mitos; luego estas explicaciones comenzarían a regir sus conductas. Los mitos representaban las explicaciones de los hechos y eran considerados “el fundamento y el comienzo de la historia de una comunidad o del género humano en general” (3).

Los mitos eran la personificación de los acontecimientos. Estos se podían derivar de contenidos naturales o ficticios, y de ambos. Cuando eran fenómenos contenidos en fenómenos naturales se presentaban en forma alegórica, es decir, como una representación gráfica o hablada de una idea sustraída de la naturaleza; pero en esta representación alegórica había siempre un contenido ficticio y otro real.

Lo trascendental en la interpretación mítica de la realidad es que esta sufre una suerte de envoltura de la verdad. En la Antigüedad la narración mitológica era envoltorio de la realidad. Platón la uso para establecer la veracidad de aquello que no se podía probar mediante la razón (4). Asimismo, en la Edad Media el mito sirvió como elemento explicativo.

La trascendencia del conocimiento a través de los mitos resalta en un factor determinante de la realidad, la creencia en los mitos y la sujeción a ellos con nuestras conductas. Los mitos demuestran algo singular, quizá no la verdad, pero sí la verdad de la creencia en ellos (5).

Además, el mito ha demostrado el modo de ser o forma de conciencia. Aun si los mitos hubieran sido fantásticas creaciones, alegorías fabulosas sobre la vida y el humano, no se puede dejar de apreciar que bajo el manto mítico, bajo la sombra de la ficción, existe una conciencia mítica, es decir, una mentalidad a partir del mito como explicación de los hechos. El humano, cuando acepta los mitos, revela su conciencia mítica, es por esto que el mito podría representar la mentalidad directriz de un tipo de sociedad, el orden social y jurídico, la conciencia mítica de estos humanos (6).

El mito cumple una función en la conciencia, en el sentido de ver las cosas, en la concepción de la vida, el mundo y las relaciones sociales, en el conocimiento que tiene el humano de sí mismo, de su existencia, de la existencia de las cosas y de sus actos, aquello con lo cual podrá formular juicios para dirigir su conducta, aquello que le hará diferenciar el bien del mal. El mito cumple algo así como la función de estructurar la conciencia (7).

Esta visión mítica del mundo se puede observar en el Perú prehispánico, cuando el orden nacía de explicaciones y discursos míticos. El mito cumplía función primordial, los humanos se dirigían por narraciones y sus estructuras normativas se construían de acuerdo a estas concepciones (8).

Los mitos surtían efectos normativos, de dirección, explicativos y coactivos; por ejemplo, en los mitos incaicos se habla de cerros o islotes petrificados, que son seres castigados por su soberbia, esto representa una conducta a seguir y evitar igual castigo. Así, el fundamento del accionar jurídico del Inca era la divinidad respaldada en creencias. Entonces, ¿no era el orden social jurídico respaldado por la concepción mítica de la vida? ¿No era el Derecho de orden mítico?

Según esta teoría, el Derecho provenía del Mito, era consecuencia de las premoniciones. No hablamos de un Derecho como lo entendemos hoy, con leyes escritas, teorías argumentadas y revestidas de sutiles construcciones políticas y filosóficas, sino de una formación incipiente. Hablamos de cómo la sociedad estaba estructurada normativamente y a ello denominamos Derecho.

¿Por qué la necesidad de hacer una explicitación mítica del orden jurídico? Porque, según parece, el Derecho parte del razonamiento filosófico, histórico y crítico. Es una creación de los humanos y se justifica en las concepciones míticas que se sobre él se tenga.

En este tipo de ordenamientos sociales, el pensamiento mítico, la conciencia mítica actúan como instrumentos de limitación y coacción, y garantizan cierto ordenamiento, cierta estructura social. El mito es el poder sobre el deseo y el inconsciente, sobre la libertad de hacer o no hacer y juega papel importante en las relaciones político-jurídicas.

El mito formaba la trama de la existencia; es representativo, quiere decir o explicar algo, instaura un determinado tipo de relación de poder y saber, de poder político y de conocimiento; puede cumplir la maniobra de formación y transformación de los individuos en función de ciertas normas. Es directriz, centro y médula de la explicación social de los actos y hechos.

Según esta concepción mítica de la creación del ordenamiento jurídico, la razón aparece como inconveniente, obstáculo para el reinado del mito como objeto de conocimiento y de explicación de la realidad, de la verdad.

Continuará

Notas

1. Friedrich, Carl Joachi. La filosofía del Derecho, México, Fondo de Cultura Económica, 1997. p. 9.

2. Ibíd. p. 13.

3. Ferrater Mora. José. Diccionario de Filosofía Abreviado, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, Decimocuarta edición, 1983. p. 283.

4. “Platón (...) consideró el mito como un modo de expresar ciertas verdades que escapan al razonamiento”, Ferrater Mora.

5. “...los mitos pueden no ser verdaderos en lo que cuentan, pero son verdaderos en otro sentido: en que cuentan algo realmente acontecido en la historia, es decir, la creencia en mitos”, Ferrater Mora.

6. “El mito (...) es modo de ser o forma de una conciencia: la ‘conciencia mítica’”, Ferrater Mora.

7. “...como a la vez la conciencia mítica es una de las formas de la conciencia humana, el examen de los mitos ilumina la estructura de tal conciencia. Lo que se investiga de este modo es la función del mito en la conciencia y en la cultura”, Ferrater Mora.

8. “El testimonio de Garcilaso y las leyendas recogidas por los cronistas posttoledanos y extirpadores de idolatrías, confirman esta vocación narrativa”, Porras Barrenechea, Raúl. Mito, tradición e historia del Perú. Lima, Peisa, 1974. p. 23.

Es abogado titulado en la Universidad Privada de Tacna, Perú.

Tomado de: alexzambrano.webnode.es

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