La Gaceta Jurídica

Policía, pueblo y ministerio

…entidad vapuleada e invadida por muchos malos servidores públicos que han hecho de la inmoralidad su forma de vida, garantizando con ello la obtención de recursos y riqueza. Entonces, ¿podrá el nuevo Ministro de Gobierno meter las manos allí?

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 27 de enero de 2015

La seguridad ciudadana, la delincuencia y la lucha contra el narcotráfico parecen ser los ejes permanentes que deben enfrentar los ministros de gobierno, titulares que encabezan los mandos policiales en la estructura del Órgano Ejecutivo. Sin embargo, éstos no son los únicos temas que deben enfrentar, sino que, de por medio, se encuentran otros como la corrupción en la institución del orden, el hacinamiento en las cárceles de todo el país y el tratamiento de un proyecto aún en estudio bajo la denominación de “nuevo código de tránsito”.

En este panorama, el nuevo ministro del área, el comunicador Hugo Moldiz, piensa trabajar de manera que dé continuidad a la gestión de sus antecesores, pero con el aditamento de que en el caso de la seguridad ciudadana se involucre a la población como actora de la lucha contra el delito. En este accionar, en sus primeros anuncios el titular dijo que el ataque a la delincuencia sería desde sus “causas estructurales”, lo cual se puede entender en un plano amplio desde la pobreza, como presunto factor inicial que lleva a la desobediencia de las normas de respeto a la propiedad ajena y la integridad física de las personas.

Otra causa estructural puede ser la falta de educación, que en muchos casos lleva a comportamientos contrarios al respeto a la vida de las personas, además de lindar en hechos de abusos de diverso grado que llegan al infanticidio, feminicidio, homicidios y asesinatos. Otro punto neurálgico o “estructural” que lleva al crimen es la forma en que se plantea el consumismo, lo que deriva en comportamientos de codicia por tener cosas y necesidades superfluas que son satisfechas mediante actos delictivos.

Seguramente las causas estructurales no podrán ser atendidas solamente desde el Ministerio de Gobierno, pues se trata de una lista de cosas que deben ser encaradas con políticas estatales, materia pendiente pese a la vigencia de una Constitución que incluye en su texto más derechos y planteamientos reflexivos a partir de la filosofía ancestral de los pueblos de tierras altas y bajas que conforman el Estado Plurinacional.

Otro punto en el que Moldiz parece querer innovar es el de la batalla contra el tráfico de estupefacientes, del que ha señalado que se trata de un compromiso frontal donde se debe “consolidar la nacionalización de la lucha contra el narcotráfico”, porque “Bolivia está en condiciones de proponer a la región un modelo regional de lucha contra el narcotráfico que parta de la capacidad de la autodeterminación y la soberanía de nuestros gobiernos y estados”.

Este es un plan que podría ser efectivo cuando se logre un equilibrio en el control del tráfico de drogas entre los Estados vecinos, pues se trata de una guerra que no puede ser peleada con diferencias de recursos y operativos aislados que cambien de modalidad cuando los narcotraficantes pasen las fronteras.

Todo lo anterior, de un modo u otro, dependerá también de la reorganización y limpieza en la Policía Nacional, entidad vapuleada e invadida por muchos malos servidores públicos que han hecho de la inmoralidad su forma de vida, garantizando con ello la obtención de recursos y riqueza.

Entonces, ¿podrá el nuevo Ministro de Gobierno meter las manos allí?                        

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