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Policías “pela papas”

Reflejos

La Gaceta Jurídica / Ximena Guzmán Pinilla

00:00 / 03 de febrero de 2012

Veintiséis personas heridas fue el saldo que dejó el ingreso de un furibundo grupo de marchistas del Consejo Nacional del Sur (Conisur) a la plaza Murillo de La Paz el pasado lunes 30 de enero.

Veinte de estas víctimas fueron policías, quienes, de acuerdo al informe del comandante departamental de La Paz, coronel Alberto Aracena Martínez, recibieron atención médica de emergencia en el Hospital Virgen de Copacabana.

Con este antecedente, ¿cómo puede justificarse que, al día siguiente, policías uniformados hayan estado “cocinando” para sus agresores? Un canal de televisión, evidenció con imágenes a dos miembros de la institución del orden, luciendo el uniforme verde olivo, pelando papas junto a un grupo de marchistas calificados  por analistas políticos como oficialistas.

Si bien la profesión de policía no le quita a una persona sus derechos ciudadanos, el uso del uniforme durante acciones a favor o en contra de un movimiento político compromete a toda una institución. ¿Quién ordenó a esos policías a ocupar su tiempo, cocinando para los marchistas?

El artículo 3 de la Ley Orgánica de la Policía Boliviana dice que  esta entidad “no delibera, ni realiza acción política partidista”. De estas dos normas se puede deducir que los policías “pela papas” recibieron la instrucción superior de cocinar para los marchistas y segundo, la policía está participando  indirectamente de un tema político partidario ya que estos marchistas se pronuncian a favor de un movimiento político.

Tratándose de una institución de camaradas, y antes de preocuparse por la olla “humanitaria” como le llamó el Comandante Aracena, los altos mandos policiales deberían practicar el principio de Lealtad, contemplado en el artículo 3 de la Ley 101 de Régimen Disciplinario de la Policía, que sin distinción de grados de manera textual dice: “Orientación de la conducta del policía, que refleja la fidelidad y la nobleza que se debe a la Patria, a la Institución y los camaradas”.

En ese marco debería hacerse espíritu de cuerpo y solicitar,  desde el Comando General, por conductos regulares,  garantías para el desempeño de las funciones de los efectivos.  ¿Cómo el jefe de un policía herido puede ordenar a otro cocinar para sus agresores? Se sabe que los policías acuden o dejan de asistir a determinados actos en cumplimiento del deber y en obediencia a una cadena de mando.

Si en ese afán resultaren heridos o vejados, como ocurrió con los palazos y pedradas recibidos al ingreso de la marcha, su institución les debería dar el respaldo oportuno, ya que, se supone, la instrucción fue emanada para “conservar el orden público, la defensa de la sociedad y el cumplimiento de las leyes” (artículo 6 Ley 734).

En estas circunstancias, cocinar para sus golpeadores puede entenderse como un acto de humillación y deslealtad hacia los propios camaradas. Se trata de algo mucho más serio que la trivial explicación del coronel Aracena Martínez para quién “alguna zanahoria debió caerse que los policías ayudaron a levantar”.

Si los policías sorprendidos en la cocina de los marchistas estuvieron allí a título personal, habrá que procesarlos por utilizar el uniforme y horas de trabajo en actividades ajenas a sus funciones (Ley 101, artículo 9.8).

Al contrario, si estuvieron en el lugar por órdenes superiores será porque los altos mandos están confundiendo la esencia de esta institución, sometiéndola a intereses políticos partidarios como claramente lo prohíbe la Ley 734 de la Policía Nacional y por cuyo incumplimiento también deberían ser encausados.

Muchas funciones se han quitado a la Policía so pretexto de utilizar su fuerza humana en las calles. Con mayor razón, estos dos sujetos uniformados captados por las cámaras de televisión, deberían pasar de la cocina  al plan de seguridad ciudadana.

Es comunicadora, máster en RRII.

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