La Gaceta Jurídica

Políticas y reactivaciones

Mociones inmediatas

Las poblaciones próximas a las actividades mineras son inicialmente vulnerables.

Las poblaciones próximas a las actividades mineras son inicialmente vulnerables. Foto: ipsnoticias-net

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00:00 / 31 de julio de 2012

Si nos atreviésemos a hacer un inventario de la pobreza y el desempleo que han dejado tras de sí las empresas mineras no nos referiríamos únicamente a los efectos del Decreto Supremo (ds) 21060 de agosto de 1985.

La historia de la minería sería otra, son desiertos abandonados el Complejo Sur Minero, con las minas Tatasi, Telamayo, Chorolque, Ánimas y Siete Suyos, en Oruro, y, en La Paz, Morococalla, Pasma, Machacamarca, Catavi, Bolívar, Colquiri.

Es muy alto el precio que pagaron miles de empleados mineros a cambio de nada. ¿Cuál ha sido el destino de los “refugiados” mineros? ¿A qué se dedican hoy? ¿A qué actividades se volcaron cuando toda su vocación productiva y tierras productivas quedaron convertidas en territorios mineros abandonados y formaron para formar mapa de la pobreza en Bolivia?

Nada se espera en tierras bajas como contribución de las empresas mineras. Allí donde el Estado está ausente van a otorgar regalos que nunca exceden la limpieza de un camino o la construcción de una posta sanitaria y de una escuelita de dos o tres aulas, han dicho la totalidad de nuestros entrevistados.

Tampoco se espera que las cooperativas mineras, otro eslabón de la cadena de la poderosa empresa minera, con sus tintes de reivindicación social supere el gran déficit de interés por lo que al país le conviene.

Son cientos los cooperativistas que ahora exigen la subordinación de comunidades y poblaciones rurales, someterse a sus reglas, incluso llegando a plantear a través de la célebre sentencia de su dirigente nacional (zapatero a tus zapatos) que ningún derecho minero debe ser otorgado a las comunidades indígenas y campesinas.

Lo que tendría que ocurrir en el país es una verdadera revolución, un cambio cultural que se atreva a dar la espalda a las amañadas cooperativas mineras y a las empresas tripartitas, situando sus actividades donde corresponden: como actividades de alto riesgo para la seguridad ambiental y humana y de alto riesgo para las inversiones estatales, dada su dependencia de las fluctuaciones de los precios de minerales en el mercado internacional.

Sería deshonesto realizar recomendaciones sobre la base de que la minería en Tierras Bajas de Bolivia y en el precámbrico es inevitable y signada casi divinamente como la verdad en el desarrollo del país cuando todos los datos de los que disponemos dicen lo contrario.

Mis indagaciones me han inducido a recomendar, por el contrario, fuertes inversiones estatales en la industrialización de productos maderables y no maderables, en el sector, turístico-cultural y en la producción de alimentos orgánicos para los bolivianos.

El sector campesino, que es responsable apenas por el 18 por ciento de la seguridad alimentaria del país, debe impulsarse dejando su dependencia de la cadena de la soya y de las exportaciones financiada por la agro industria, con inversiones estatales basadas en un plan estratégico para su reactivación en las Tierras Bajas de Bolivia y en todo el territorio nacional.

Desde las Tierras Bajas y aun desde el precámbrico deberíamos desarrollar las capacidades de un proyecto nacional que nos integre al país con nuevas posibilidades y verdades y no como la repetición de estañados discursos.

Nuestras instituciones sectoriales y sociales deben atreverse a plantear un verdadero desarrollo sustentable que tome dimensiones de políticas públicas con preeminencia sobre cualquier política que no respete las vocaciones naturales de las tierras bajas.

Se debe constituir enclaves multisectoriales con los campesinos, indígenas, poblaciones urbanas y rurales que lideren una revolución cultural en la economía de Bolivia.

Organizar resistencia frente el discurso de la minería sostenible es imperativo, no hay minería sostenible ni nunca la hubo. Es posible desmentir discursos globales financiados por las transnacionales mineras, debe articularse a las redes sociales que cuestionan a las mineras en sus espacios y hay que incidir en foros internacionales y otros eventos sobre la amenaza de la minería en las tierras bajas de Bolivia; una amenaza que va contra la biodiversidad, los suelos, bosques, cuencas hidrográficas y contra poblaciones rurales y urbanas.

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